Opinión

Las familias miserabilizadoras y la separación de Chocó

Los hechos de hace unos días en Buenaventura, me han hecho recordar aquella pieza de ficción periodística del tal Gabito. Esa vez no hubo manifestaciones , ahora han sido contundentes

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mayo 31, 2017
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Las familias miserabilizadoras y la separación de  Chocó
Con su crónica" El Chocó que Colombia desconoce" Gabito evitó, de cierta manera, la fragmentación de aquella porción del territorio nacional.

“Nadie quiere ser miserable”, me dijo un joven de Buenaventura, que estudia (becado) primer semestre de Derecho en la Universidad ICESI de Cali.

Aclara entonces, que en el puerto de Buenaventura no hay pobres sino empobrecidos; no hay miserables sino miserabilizados y que si existen, no es porque quieran, sino porque hay sujetos empobrecedores y sujetos miserabilizadores.

Parece complicado, similar a un bien pensado galimatías. Luego de unos segundos, advierto una reflexión tan inteligente como precisa. “¿Cree usted que alguien decide ser miserable?” “¿Cree usted que alguien anhela ser pobre?”

Sin insinuar o anunciar respuesta, establece que esas ideas de lucha de la gente del Pacífico, vienen desde que el Chocó se quiso separar de Colombia por allá en los años 50. Habla también de la separación de Panamá, del Estado abandonador, y por supuesto, de un pueblo abandonado.

Aquel intento de separación del Chocó, de la que habla el estudiantes del bello puerto del mar mi Buenaventura, tiene una creación estupenda, en la pluma de un joven periodista que en 1954 trabajaba en el diario El Espectador, y quien escribió la crónica El Chocó que Colombia desconoce, escrita por un desconocido periodista de entonces de apellido García y de nombre Gabriel, que algunos de sus colegas, sobre todo los del Caribe, llamaban Gabito.

Un Gabito que no solo era capaz de imaginar verdades sino también, de ser necesario, crearlas. Gabito cuenta la manera en que escribió aquella crónica:

“Una vez recibimos un cable del corresponsal en Quibdó, Primo Guerrero se llamaba, por la época en que se había pensado repartir al Chocó entre los departamentos vecinos, en el que se hablaba de una manifestación sin precedentes. Al otro día, y al siguiente, volvimos a recibir mensajes similares, y entonces decidí irme a Quibdó para ver cómo era una ciudad en pie. Hacía un sol de los infiernos cuando, tras miles de peripecias para viajar a un sitio a donde nadie viajaba, llegué a un pueblo desierto y amodorrado en cuyas calles polvorientas el calor retorcía las imágenes. Logré determinar el paradero de Primo Guerrero y, al llegar, lo encontré echado en la hamaca en plena siesta bajo el bochorno de las tres de la tarde.

“Era un negro grandísimo. Me explicó que no, que en Quibdó nada estaba pasando, pero que él había creído justo enviar los cables de protesta”.

 

"Como yo me había gastado dos días en llegar hasta allí,
y el fotógrafo no estaba decidido a regresar con el rollo virgen,resolvimos organizar,
de mutuo acuerdo con Primo Guerrero,
una manifestación portátil que se convocó con tambores y sirenas"

 

El joven periodista cuenta entonces qué hizo: “Pero como yo me había gastado dos días en llegar hasta allí, y el fotógrafo no estaba decidido a regresar con el rollo virgen, resolvimos organizar, de mutuo acuerdo con Primo Guerrero, una manifestación portátil que se convocó con tambores y sirenas. A los dos días salió la información, y a los cuatro llegó un ejército de reporteros y fotógrafos de la capital en busca de los ríos de gente. Yo tuve que explicarles que en este mísero pueblo todos estaban durmiendo, pero les organizamos una nueva manifestación, y así fue como se salvó el Chocó”.

En conclusión, Gabito creó aquello que no existía, pero logró con su creación que el Estado prestara atención a la gente del Chocó y evitó, de cierta manera, la fragmentación de aquella porción del territorio nacional.

Aquella vez en el Chocó, no hubo ni manifestaciones ni protestas. Esta vez en Buenaventura, las manifestaciones han sido reales y contundentes, pero el efecto sobre las acciones del Estado ha sido el mismo.

Un Estado que debe hacer pactos y compromisos para hacer lo que debe hacer, es un Estado que carece de sentido sobre qué es gobernar.

Los hechos de hace unos días en Buenaventura, me han hecho recordar aquella pieza de ficción periodística del tal Gabito, gracias a la referencia del joven de Buenaventura. Él tiene claro que las estructuras de miserabilización son también un patrimonio familiar, que se transmite y se hereda. “Revise usted —me reta el joven—  a que busque, aquí en el Valle del Cauca, las cinco o seis familias empobrecedoras, miserabilizadoras de la región, al igual que las debe haber en Cartagena, de donde usted viene”.

En silencio agrego, y en Barranquilla, y en Sincelejo, y en Valledupar, y en Montería, y en Riohacha, y en Medellín, y en Bogotá, y en Cúcuta, y en Pereira, y…

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