Opinión

Las enfermedades silenciosas, no son tan silenciosas

Diabetes e hipertensión arterial son las más reconocidas de esas enfermedades potencialmente mortales que no dan aviso hasta que están muy instaladas en el organismo

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Febrero 16, 2019
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Las enfermedades silenciosas, no son tan silenciosas
Poner atención a los pequeños síntomas es la clave. No minimizarlos, ni ahogarlos en un mar de medicamentos es esencial. Foto: Pixabay

Los médicos catalogamos como silenciosas a aquellas enfermedades que se gestan por meses o años antes de dar un aviso contundente de que ya están bien instaladas en nuestro organismo. Dos de las más reconocidas son la diabetes y la hipertensión arterial. Otras son: fibrilación auricular (una arritmia cardiaca), glaucoma, hepatitis c y apnea de sueño. No escapan el cáncer, la enfermedad pulmonar por cigarrillo, y otras tantas.

Muy bien lo anotó Helena Cortés, hace unos años en El Colombiano: “Males que se esconden en el cuerpo. Incluso son potencialmente mortales y se deslizan por el organismo de forma desapercibida: no tienen síntomas o los pocos que tienen son tan débiles que se pierden, a menos que esté mirando a su cuerpo con un ojo de águila. Las enfermedades silenciosas llegan sin dolores o cambios notables en el cuerpo. Diagnosticarlas a tiempo puede incluso salvar su vida.”

Pero no estaría mal decir que toda enfermedad es silenciosa en un comienzo, durante el llamado “período de gestación”. Horas o días pasan con síntomas leves a los cuales poco le hacemos caso. O los trancamos con una medicación que nos permita seguir con las actividades cotidianas ya que: “eso que me dio es muy molesto, no tiene importancia y lo elimino fácilmente”, nos decimos, cayendo en un error que puede llegar a ser fatal. Incluso síntomas de obvia obviedad, como un sangrado al orinar, lo hacemos a un lado. Así hizo mi amigo, hasta que a la tercera vez ya le puso bolas, afortunadamente a tiempo.

Los llamamos pródromos, a esos síntomas precoces –no todo lo precoz es positivo, en la vida-. El dolor de cabeza o en cualquier parte del cuerpo, pasajero; la diarrea leve; el adormecimiento de una mano o pie; la debilidad que cede; la visión que se nubla; el temblor; son algunas de las señales que nos deben poner sobreaviso.

Quiero llamar especialmente la atención sobre los síntomas emocionales y mentales que preceden a los físicos. Los que crean el terreno adecuado para que la enfermedad física se instale. Ellos son, entre otros, los pensamientos repetitivos, “el disco rayado mental”, sin tomar decisiones; las emociones reprimidas, por años, en ocasiones no tan infrecuente; pasar por alto algo que nos molesta sin expresarlo, solucionarlo o alejarnos de ello; dejar de abrazar, besar o tomar de la mano, por “el que dirán” o los miedos arraigados. Sigan ustedes la lista. La invitación es a continuar reconociendo, (afortunadamente cada día sucede más en círculos académicos, científicos, ya que el vulgo nunca la ha desconocido), la estrecha relación mente – cuerpo, para actuar acorde a ella.

 

 

Los síntomas emocionales y mentales preceden a los físicos,
creando el terreno adecuado
para que la enfermedad física se instale

 

 

Recuerden, no son tan silenciosas, las enfermedades inadecuadamente llamadas silenciosas. Todas avisan que vienen en camino. Depende de nosotros poner atención y escuchar nuestro cuerpo, a tiempo. A tiempo para prevenir algo más grave o mortal. Poner atención a los pequeños síntomas es la clave. No minimizarlos, ni ahogarlos en un mar de medicamentos es esencial.

Si no ocupamos un tiempo en nuestro cuerpo, nuestro cuerpo hará que tengamos que ocupar mucho más en el, más adelante. Allí si nos quejaremos por no haber prestado atención y por la transformación tan grande de estilo de vida -transformación que no queremos y que rechazamos- pero que se impone, y que exige toda enfermedad severa.

Gracias por leer, reflexionar y actuar

 

Médico Fisiatra – Medicina del Alma

[email protected]

www.lamisiondelalma.com

 

 

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