Las efemérides del Ejército Nacional

"El descubrimiento de América, el 7 de octubre de 1492, y la Batalla del Puente de Boyacá, el 7 de agosto de 1819, son las fechas más trascendentales de nuestra historia"

Por: Mayor general (R) José Roberto Ibáñez Sánchez
agosto 09, 2017
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Las efemérides del Ejército Nacional
Foto: Daniel Reina / Revista Semana

La primera dio comienzo al proceso de gestación de la nacionalidad, y la segunda, el nacimiento de hecho al Estado democrático y soberano que nos rige, gracias al heroísmo del Ejército Libertador, por lo que el campo de Boyacá es el monumento más digno y sagrado de la patria. A continuación presentamos una síntesis de la historia en sus aspectos más relevantes.

Ante la infortunada campaña de 1818 en Venezuela, el Libertador optó por dar un viraje político-estratégico que significaría la victoria por la libertad del continente suramericano. Venezuela, ocupada por la principal fuerza española enviada por el propio general Pablo Morillo, que triplicaba en número a la patriota, llevó a Bolívar a mirar hacia la Nueva Granada, apenas guarnecida por la Tercera División realista con solo 3000 efectivos, y al mando del coronel José María Barreiro.

Por otra parte, la difícil situación económica que enfrentaba Venezuela, arruinada por el espíritu de la guerra a muerte, hacía improductiva otra incursión hacia Caracas. En cambio, la Nueva Granada, pese al Régimen del Terror, mantenía sus recursos agrícolas, ganaderos y mineros en buen nivel productivo, y era por tanto objetivo estratégico decisivo para obtener los recursos humanos y materiales necesarios para alimentar la guerra de independencia.

Con esta nueva apreciación, Bolívar ascendió a general de brigada al coronel Francisco de Paula Santander, y lo envió a Casanare a organizar el gobierno civil y las fuerzas patriotas que, dispersas y fraccionadas, luchaban cada una por su lado contra las realistas. Esta labor la cumplió el granadino de manera encomiable, al punto de lograr en escasos seis meses organizar una fuerte división de 2000 hombres que recibieron el nombre de Vanguardia.

La actividad militar de Santander en Casanare y la presión del virrey Sámano desde Santafé  obligaron al coronel José María Barreiro a invadir los llanos de Casanare en abril de 1819. No obstante, la guerra dilatoria y de desgaste que le planteó el jefe patriota le impidió al realista obtener algún progreso, con lo cual los invasores no ocuparon otro terreno que el que cubrían sus columnas. Así, Barreiro tuvo que contramarchar diezmado y desanimado; hasta él mismo no pudo escaparse de los efectos de esta incursión, pues el paludismo lo obligó a establecer su cuartel general en Tunja.

Por el incremento de la capacidad militar de la División de Vanguardia y el prestigio del general Santander en la zona, el general Jacinto Lara fue al Apure a comunicarle la situación a Bolívar, quien de inmediato empezó a planear y ejecutar la Campaña de la Nueva Granada de 1819, en la aldea de Setenta.

Ante la aproximación de las lluvias en los Llanos, que impedían mantener al Ejército unido, Bolívar tomó la decisión de marchar de inmediato hacia el nuevo objetivo, so pena de que al entrar el invierno el desbordamiento de los ríos hiciera imposible el movimiento, consideración que por ingeniosa y notable no dejaba de ser una empresa arriesgada tanto estratégica como logísticamente. Tal vez por eso se constituyó en una gloriosa epopeya, con gran dosis de aventura y de genial intuición.

Desde la aldea de Mantecal, en el Apure, Bolívar emprendió el 27 de mayo la marcha con la División de Retaguardia al mando del general José Antonio Anzoátegui. El 6 de junio cruzó el río Arauca, y llegó seis días después a Tame, donde lo esperaba el general Santander.

Las lluvias arreciaron con tal intensidad que pequeños caños, esteros y arroyos se convirtieron en anchurosos ríos que inundaban la sabana, mientras las corrientes que bajaban de la cordillera arrastraban ganados, mulas y arreos de campaña. Sin embargo, la marcha prosiguió gracias al sacrificio y disciplina de las tropas libertadoras, aun cuando la inundada planicie y el fragoso y gélido camino de los Andes acabaron con caballos, ganado y vituallas que dejaron empobrecido al Ejército frente al frío extremo del páramo.

Ante la reticencia de Páez de abandonar los Llanos, Bolívar tuvo que variar su plan estratégico inicial concebido por líneas exteriores y penetrar a la Nueva Granada en una sola dirección, por la vía de Paya y Pisba a Socha, en la Provincia de Tunja, una ruta difícil y penosa que le brindaba la posibilidad de obtener la sorpresa estratégica.

En el caserío de Paya, ubicado en uno de los brazos montañosos que descienden de la cordillera, el Ejército Libertador tuvo su primer encuentro con uno de los destacamentos dejados por el coronel Barreiro como puesto de observación. Este primer combate le despejó la ruta, y el Ejército logró pasar el páramo sin otro enemigo que la naturaleza, llena de grandes obstáculos especialmente para los llaneros, cuyo valor frente al enemigo era temible, pero también con la incertidumbre ante una naturaleza desconocida que les causaba angustia y desaliento.

Cerca de tres semanas duró el paso del Ejército por el temido páramo de Pisba, pero durante la primera, los patriotas disponibles, apenas recuperados, tuvieron que enfrentar al Ejército español en el área de Gámeza y Tópaga.

Allí luego de un combate que duró casi todo el día, el Ejército patriota logró sobreponerse a una acción indecisa, y distrajo al enemigo con una contramarcha que lo llevó a ocupar los fértiles valles de Cerinza y Duitama, lo que obligó al realista a contramarchar a Paipa para recuperar sus comunicaciones con Santafé.

La Batalla del Pantano de Vargas, librada el 25 de julio, fue un combate de encuentro en el cual Bolívar, pretendiendo sorprender a Barreiro por su flanco, resultó sorprendido cuando este ocupó las alturas, y sin otra opción que un ataque suicida desde terreno bajo hacia las alturas del Picacho y Cangrejo. Esto por poco le cuesta la derrota, pero una carga de la caballería del coronel Rondón pudo salvar al Ejército de la catástrofe.

A pesar de ser esta la Batalla más cruenta de la campaña, sus consecuencias en el orden psicológico tuvieron honda trascendencia. Barreiro comprendió que no podía derrotar a Bolívar, quien a su vez adquirida la iniciativa estratégica y táctica, y con otra acción de engaño ocupó Tunja, para terminar dejando al  realista a sus espaldas, desabastecido y desmoralizado.

En Tunja, el Ejército Libertador pudo recuperase y reabastecerse durante dos días, pero en la mañana del 7 de agosto de 1819, mientras Barreiro pretendía desde la aldea de Motavita recuperar su línea de comunicaciones con Santafé, Bolívar descubrió sus intenciones, y pudo sorprenderlo en el Puente de Boyacá, para así definir la suerte de la República en ciernes.

Hasta este sitio se movieron los dos Ejércitos. El patriota reconfortado físicamente, mejor abastecido, bien municionado, con elevada moral y pleno conocimiento y deseo de encontrar al enemigo y enfrentarlo para derrotarlo. El realista sin mayores arrestos para el combate, sin esperar encontrar a su enemigo y menos enfrentarlo; pensaba más en llegar a Santafé.

Esta Batalla, a pesar de haber sido un combate de encuentro, estuvo decidida de antemano cuando el Ejército Libertador pudo sorprender y dislocar al realista, que después de escasas dos horas de combate, ante la huida de su caballería tuvo que rendirse completamente a su adversario, como lo reflejan los resultados: 13 muertos y 53 heridos patriotas y  un centenar de bajas realistas y más de 1600 prisioneros.

La victoria conseguida selló de manera gloriosa la campaña libertadora de la Nueva Granada con consecuencias políticas, económicas y militares que trascendieron al continente suramericano y a Europa, tal como lo afirmó el propio general Pablo Morillo: «Bolívar en un solo día acaba con el fruto de cinco años de campaña, y en una sola batalla reconquista lo que las tropas del rey ganaron en muchos combates».

La consecuente huida del virrey Sámano de Santafé permitió la ocupación y el inicio del gobierno republicano. La Nueva Granada, bajo la encomiable actividad administrativa del general Santander, se convirtió en fuente humana, material y moral para alimentar la guerra de independencia del resto del país y del continente suramericano. De esta forma las batallas de Carabobo, Bomboná, Pichincha, Junín y Ayacucho fueron consecuencia directa de esta gloriosa acción.

Hasta el propio Ejército peninsular que se preparaba bajo el auspicio de la «Santa Alianza» para aplastar a los patriotas americanos en una segunda expedición, en enero de 1820, notificado por la victoria patriota del Puente de Boyacá, se alzó contra el absolutismo del rey Fernando VII en Arcos de la Frontera, y lo obligó transitoriamente a someterse a la Constitución de Cádiz de 1812.

El Ejército Nacional de hoy, en memoria de esta inmortal Batalla, digno legatario del entonces Ejército Libertador, celebra sus efemérides, y consciente de su glorioso pasado mantiene vivo el espíritu de sacrificio y amor por la libertad.

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