Acostumbrado a comprar todo lo que quería, Luis Hernando Gómez Bustamante, más conocido como ‘Rasguño’, entregó a la justicia colombiana un Ferrari negro modelo 1991 que no alcanzó a conducir, un fusil AK 47 enchapado en oro, su avión privado y dos cuadros de Peter Paulus Rubens por los que no se acordaba si había pagado siete u ocho millones de dólares, todo para que cuidaran a su esposa y a su pequeña hija y ellas pudieran vivir en paz sin sufrir la venganza de sus enemigos.
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Los cuadros de Rubens se robaron todas las miradas y ocuparon los titulares de los periódicos y noticieros del momento. No era para menos: los cuadros del artista flamenco solo se encuentran en los museos más importantes del mundo y en las casas de poderosos coleccionistas privados, pero no había registro de que en Colombia hubiera algún ejemplar.
Con los cuadros bajo su poder, la extinta DNE tenía la titánica tarea de determinar si habían sido pintados por el genio de la pintura flamenca nacido en Siegen, Alemania, en 1577, y muerto en Amberes, Bélgica, en 1640. El reto no era menor: Rubens tenía un ejército de discípulos que copiaban sus pinturas abastecer la demanda de todas las cortes europeas.
La historia de los Rubens se remonta cuatro siglos atrás
En 1615 el artista alemán empacó maletas y se fue para Amberes. Eran tiempos de tensiones políticas, Bélgica luchaba por zafarse del yugo de los cuatro centros de poder del momento: Madrid, Viena, Londres y Versalles. La tarea de Rubens no era solo pintar, también debía negociar con las diferentes coronas en representación del archiduque Alberto de Austria.
Rubens fue el único pintor que logró entrar al círculo de confianza del archiduque. Esto muestra que el artista flamenco era más que un simple pintor de la corte, como sí lo fue su amigo Diego Velásquez, el genial artista español al que le decían “El sevillano”, es decir, un ayudante más que cumplía los caprichos de sus jefes.

Su posición, que lo situaba por encima de los pintores del momento, le permitió al artista alemán montar un taller en Amberes que se parecía más a una fábrica moderna donde trabajaban más de cien personas especializadas en diferentes áreas, las cuales estaban encargadas de dar abasto a la masiva solicitud de pinturas que le llegaban a Rubens desde toda Europa.
Según se sabe, Rubens supervisaba cada una de las pinturas que realizaban sus ayudantes, a algunas les daba el retoque final, pero no pintaba la gran mayoría. Por eso, hoy es casi imposible reconocer si los brochazos fueron dados por él o por alguno de sus discípulos.
Según José Hernán Aguilar, experto en arte de la Universidad Nacional, los grandes museos de Europa como el Louvre o El Prado son los únicos que podrían determinar la autoría de los cuadros que le incautaron a ‘Rasguño’.
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El intento por verificar los cuadros de ‘Rasguño’
Con la liquidación de la DNE, en 2014 la SAE asumió la custodia de los cuadros y le dio la responsabilidad de reconocerlos al perito Ricardo Uribe Moya, quien estaba a cargo de verificar las obras de arte incautadas a narcotraficantes. Uribe Moya planteó que el Retrato del Archiduque era atribuible al taller del artista flamenco, y que el otro cuadro sería un autorretrato tardío hecho por Rubens.

Otra de las cosas que dijo Uribe fue que el marco de madera había sido cambiado varias veces desde que el Retrato fue elaborado. Sin embargo, esta afirmación es uno más de los vacíos que dejó la inspección del perito, pues no es claro cómo se establece que un marco fue cambiado varias veces si no se ha logrado establecer la procedencia del mismo.
Ese mismo año, la SAE intentó vender en una subasta el óleo del Retrato de 44 x 55 cm con un precio de salida de novecientos millones de pesos. Con el fin de alentar a los asistentes, una de las colaboradoras de la subasta, según reporte de El Tiempo, les decía que la obra no estaba certificada, pero que iba a estarlo y con esto alcanzaría los cinco mil millones de pesos.

Nadie se quiso llevar el Retrato del Archiduque sin certificar. De ahí el cuadro pasó a ser custodiado por el Museo Nacional. Según la revista Semana, en 2015 la SAE y el Museo contactaron a Alejandro Vergara, jefe de conservación de pintura flamenca del Museo Nacional del Prado para que verificara la autenticidad de las obras. Contrario a lo que había dictaminado el perito de la SAE, Vergara aseguró que el Retrato del Archiduque es una copia aceptable que los expertos le atribuyen a Jacob Jordaens, y que el autorretrato es de la época de Rubens, pero no fue pintado por él.
Los supuestos Rubens se quedaron sin certificado
Esta versión, sumada a la que dio la universidad de Bélgica que aseguró que los cuadros no eran de Rubens, impidió una posible certificación, y los cuadros quedaron guardados junto a otras treinta y tres obras incautadas a narcos en la Sala de Reservas del Museo Nacional.
Quienes conocieron a ‘Rasguño’ aseguran que no se ufanaba tanto por los supuestos Rubens como por los caballos de paso fino que tenía en su finca en Cartago, Valle. Asimismo, según Luis Ramos, abogado que ha llevado casos del cartel del norte del Valle, ‘Rasguño’ no compró las obras en una subasta sino a través de un intermediario en Nueva York al que habría pagado doscientos mil dólares, una cifra abismalmente menor que la que él había dicho que le costaron.
Mientras tanto, los supuestos Rubens continuarán en la sala del Museo Nacional como dos lunas que esperan un rayo de luz para ser vistas. Son parte de la historia cultural del país, la cual se vio fuertemente afectada por los tentáculos del narcotráfico.
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