Las alertas del 1 de abril

"Cuando el país está más cerca de alcanzar la paz, la derecha más radical se enfila con fuerza, con un discurso fanático-religioso y conservador"

Por: William Alexander Aguirre Antolínez
abril 03, 2017
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Las alertas del 1 de abril

Las imágenes que dejó la movilización del pasado 1 de abril son tanto enigmáticas como desconcertantes. Un puñado de la ciudadanía, no significativo pero si importante, se movilizaba bajo consignas cargadas de odio y dogma, orientadas por un lenguaje en el cual se combina irracionalmente la rabia y la fe, síntoma de que algo no está marchando bien en la sociedad colombiana.

Las manchas amarillas de gente movilizada con las camisetas de la Selección, gritando Fuera Santos, aterrorizada por la inminencia de un gobierno comunista, con consignas en defensa de la democracia y contra la corrupción, parecen sacadas de un universo paralelo. Hoy quienes robaron los subsidios de los campesinos claman fin de la corruptela, quienes llevaron a Santos a la presidencia piden su renuncia, los que aplicaron el Estado de sitio permanente abogan por la democracia, quienes reprimían la movilización social calientan las calles. Los hampones perdieron el pudor de realizar juicios morales frente al comportamiento de los políticos que los financiaron en el pasado. Hoy al ministro de hacienda de Pastrana, de defensa de Uribe, nieto de presidentes, hijo de los clubes sociales de la élite bogotana y asesino de Alfonso Cano, lo llaman comunista. En el siglo XXI Caperucita se come al lobo. Dionisio da cátedra de sobriedad. Hoy la extrema derecha antidemocrática se denomina Centro Democrático.

Nuestro país no es ajeno al fenómeno que el mundo entero ha atravesado, la resignificación de los conceptos, la superposición de la mecánica electoral sobre el contenido de los programas de gobierno, el abandono ideológico de los partidos transformados en empresas electorales, la perdida contenido de las discusiones en el seno de los parlamentos y el arribismo en la disputa política han marcado la tendencia en los ámbitos de lo público y lo social. Los partidos europeos,  socialistas de nombre y liberales en los hechos (como el PSOE español y los Laboristas británicos) junto a la extrema derecha disfrazada en el populismo han vaciando de contenido tanto las consignas como la democracia misma.

El juego democrático implica que las sociedades tomen decisiones que resultan inverosímiles miradas desde la racionalidad. La derecha europea transformada en fascista fue elegida por los obreros alemanes e italianos. Después de la guerra y la reflexión profunda sobre el desastre que representó el fenómeno nazi para la humanidad, llegaron los Estados de bienestar y las clases más oprimidas lograron medianamente salir de la miseria y obtener niveles de vida dignos durante los años de la posguerra. Sin embargo, treinta años después de salir de la marginalidad social y económica, los mismos obreros eligen a Margaret Thatcher; de igual forma, a pesar a la abierta posición antilatina de Trump, fueron los Estados de mayoría hispana como Florida los que dieron la victoria al magnate republicano; los argentinos después de una década de desarrollismo y bienestar social, votaron a Macri, quien representa al mismo sector financiero que quince años atrás hizo quebrar al país.

Hoy cuando nuestro país está más cerca que nunca de alcanzar la paz, la derecha más radical se enfila con fuerza hacia la Casa de Nariño, con un discurso anticomunista, fanático-religioso y  conservador, confundiendo a un sector importante de la población que empieza a calentar las calles sin tener claro las motivaciones que los agitan. Todo ello sirve para recordar que los derechos no son acumulables perpetuamente, que las garantías del presente no son otra cosa que las luchas del pasado, y que las disputas actuales serán los derechos del futuro. En ese sentido, la paz para las próximas generaciones no será más que la capacidad que tengamos de mantener tensadas las cuerdas a favor del acuerdo alcanzado entre el gobierno y las FARC EP, así como, los posibles avances que se den con el ELN.

Teniendo en cuenta que el fantasma de la violencia política se encuentra en un punto crítico, en el cual se aferra con todas sus fuerzas ante la posibilidad inminente de desaparecer de la cotidianidad de nuestra sociedad, es un error creer que la refrendación en el congreso de dicho acuerdo es el fin del proceso de paz, y por ende, se puede pasar tranquilamente la página de la guerra en Colombia. Por ello, solo una amplia convergencia nacional hará posible superar cualitativamente el estado de la política en el país y brindar las garantías para que emerja de este proceso una alternativa que permita recuperar el significado de las palabras, para que los hampones, los dictadores, los corruptos, los violentos, los que estafan con la fe, los sicarios, no se les llame por otros nombres, en palabras de Monedero: “para que no nos roben las palabras”.

 

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