La vida en tiempos de coronavirus

Es mucho lo que se ha padecido por estos días, pero también lo que se ha aprendido para el futuro venidero. Una mirada

Por: Juan Esteban Mazo González
abril 16, 2020
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La vida en tiempos de coronavirus
Foto: Leonel Cordero

Para empezar, el mundo vive hace aproximadamente 3 meses uno de sus momentos más agobiantes luego de la segunda guerra mundial (1939-1945). Se ve constantemente por medio de noticieros, revistas, informes oficiales por parte de la académica, organizaciones mundiales y/o alocuciones presidenciales, etcétera; las alarmantes situaciones que golpean a la población mundial. Las mismas que, cada día se repiten, tal vez, en lo único que varía su información es a saber, la cuantía desenfrenada en el aumento de fallecidos y, asimismo, contagiados. Además, gran parte de la comunidad ha optado ingenuamente por la posibilidad de ver a sus gobernantes demostrar un poco de empatía para con sus votantes, como también con aquellos opositores a su gobierno retrógrado.

Respeto a los acontecimientos del país, el aumento de corrupción, el silente asesinato de líderes sociales, esos mismos que los medios omiten o, evitan difundir a la población nacional por obvias razones; pues en algunos medios la prioridad es que el presidente Iván Duque titule como el tercer mandatario en el mundo con mejor manejo de la pandemia en su respectivo país. Y, como si ya no se tuviera bastante, grupos indígenas en diferentes localidades del territorio están siendo marginados. La comunidad universitaria no se escapa, pues el Ministerio de Educación aprobó mediante decreto el desarrollo de actividades académicas virtuales (TIC), sin tener en cuenta las condiciones que enfrentan en su mayoría jóvenes que no tienen la capacidad de acceder a una computadora, tableta, celular y, al mismo tiempo, a una conexión de internet apropiada. De igual forma, estudiantes de colegios públicos, tanto rurales como urbanos, deberán cumplir con la demanda académica ya establecida en algunos casos. Ahora bien, todo lo mencionado anteriormente, es sabido por una pequeña parte de la población, en este sentido, no es necesario resaltar la información constantemente, porque, aunque suene cliché, somos sabedores de la cloaca burocrática que se maneja en Colombia.

Cabe resaltar que, en momentos como este, la humanidad solo puede unirse por medio de la esperanza y no hablo de esta en su concepción religiosa, pues cada individuo posee una acepción desde su libre albedrío. Es especialmente importante decir que, la humanidad ha entendido en una gran proporción, lo insignificante que puede ser lo netamente material —el dinero, por ejemplo— porque, aunque nos brinde los productos necesarios para sobrevivir, con el mismo, no se pueden recuperar las más de 122.000 vidas perdidas en todo el mundo, ni mucho menos los abrazos, las caricias y palabras de personas que son importantes en la vida diaria de cada individuo. Sin olvidar el triste hecho que padecen algunas familias al no poder despedir como es debido a sus seres queridos, como es el caso de Ecuador, donde los cuerpos se encuentran tirados en las calles. En efecto, hemos entendido la importancia de una buena compañía, al contrario de esas relaciones esporádicas y dolorosas en algunos casos; las cuales debemos abolir en la medida posible. Por el contrario, qué lindo es ver comunidades donde las personas que realmente necesitan de ayudas para subsistir las reciben por parte de sus vecinos o agentes externos a la misma. En pocas palabras, la invitación a fomentar la filantropía ha tenido muy buenos resultados en algunos lugares del país.

Sin duda, la naturaleza una vez más demuestra que el meollo del problema es la sobrepoblación, esa misma que no sabe conservar lo vital, sólo se concentra en consumir de manera irrestricta, sin importar los efectos negativos que estos traen a la conservación del ambiente. Finalmente, ha salido a flote lo realmente imprescindible para el planeta, es decir, exhortar al buen uso de la conciencia. Por cierto, es necesario, como lo manifiesta el sociólogo Pierre Bourdieu: “Detectar el error para transformarlo y no solamente para apreciarlo”.

Postdata. Espero ver cuando baje la marea una población con más amor por lo que es, por lo que hace y por lo que tiene. ¡Dios quiera y puedan suprimir su mezquindad!

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