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Benjamín Netanyahu asegura que el ejército israelí es el más moral del mundo. Todos los días, por las redes sociales y algunos noticieros de televisión, se muestran imágenes de la brutalidad de las FDI contra la población palestina en Gaza, Cisjordania y el Líbano.
De acuerdo con lo expuesto por la relatora de derechos humanos de Naciones Unidas, Francesca Albanese, diversas investigaciones de universidades europeas demuestran que las cifras de palestinos asesinados superan los 300.000, la inmensa mayoría de ellos sepultados bajo las ruinas originadas por los bombardeos. Los 75.000 admitidos son cuerpos ya rescatados.
El diario israelí Haaretz publicó que Benjamín Netanyahu conoció días antes del ataque de Hamas en octubre de 2023, que ese hecho iba a ocurrir. No hizo nada, pero, en cuanto se produjo la incursión, helicópteros Apache israelíes ametrallaron desde el aire toda la zona, ocasionando la inmensa mayoría de las víctimas que perecieron ese día. Lo llaman doctrina Hanibal.
También fuentes del alto gobierno catarí dieron cuenta de que un día después de la incursión del 7 de octubre, Hamas ofreció intercambiar todos los secuestrados en su poder desde el día anterior, oferta que rechazó el gobierno israelí para poder desatar la ola de bombardeos destinada a desalojar de Gaza a sus más de dos millones de habitantes.
Gran parte de Siria y El Líbano viene siendo bombardeada por Israel con el propósito previo de anexar esos territorios, a costa de miles de víctimas, a fin de materializar el proyecto del gran Israel, fábula creada por el sionismo para justificar su soñada expansión desde el río Nilo al Éufrates.
La familia Rotschild integra uno de los grupos financieros más poderosos del mundo, al lado de Black Rock, a cuya cabeza se encuentra Larry Fink, judío sionista como los anteriores, del grupo Bloomberg, que controla la inmensa mayoría de los medios de comunicación del mundo, y al lado de George Soros, multimillonario que expande la influencia sionista en las Naciones Unidas.
Semejantes poderes económicos, unidos a otros jázaros norteamericanos, controlan a través del AIPAC o lobby judío en los Estados Unidos, a la inmensa mayoría de los congresistas de este país, para no hablar de sus presidentes, todos soportes del genocidio sionista en medio oriente.
Los mismos poderes controlan a su vez la inmensa mayoría de los gobiernos de la Unión Europea, para no hablar de esta misma, cuyas cabezas principales, Ursula Van der Leyen y Marc Rutte, compiten con el canciller alemán Mertz en cuanto a la sumisión a Israel.
Si eso sucede con países de gran calado económico e histórico, qué no se puede pensar de países como los nuestros, subyugados secularmente a Washington y sus decisiones. Abelardo no podía ser menos dócil ante Trump y Netanyahu, tenía que caer en la abyección, como lo demuestran los reconocimientos hechos en sus escasos dos meses de gobierno.
No sólo restableció plenas relaciones diplomáticas con el país genocida y su gobierno, sino que reconoció como suyos los altos del Golán arrebatados a Siria. Y contra todo el derecho internacional, a Jerusalén como capital israelí. Abrió las puertas a la inversión sionista en estratégicos ámbitos económicos, así como a su participación en el orden público interno.
Del mismo modo que optó por romper relaciones diplomáticas con la República Islámica de Irán, a la que acusó de vínculos con organizaciones terroristas, desconociendo que fueron los Estados Unidos e Israel quienes, en medio de conversaciones diplomáticas públicas, decidieron bombardear y causar enormes desastres humanos a un pueblo que se empeñaba en la paz.
Igual ha declarado su pleno apoyo al grupo de mercenarios colombianos que participó en el asesinato del presidente de Haití, al tiempo que manifiesta su más absoluto desprecio por las víctimas del conflicto armado colombiano, de manera especial sobre las víctimas del Estado, particularmente del Ejército colombiano y sus grupos paramilitares.
A las verdades ampliamente expuestas por diversos medios independientes a escala internacional y local, se oponen con abrumadora difusión las noticias echadas a rodar por las grandes cadenas informativas extranjeras y nacionales, que nos describen a Trump y Netanyahu como las grandes personalidades de la época en que vivimos.
Al tiempo que se han propuesto hacer de Abelardo una especie de héroe colombiano, al que le atribuyen las mejores intenciones y los más sanos propósitos, paladín contra la delincuencia y la corrupción, haciendo caso omiso de su pasado oscuro de relaciones con narcos, paramilitares y siniestros personajes. Como de ciertas fundaciones que ocultan miles de millones de pesos.
Es cierto que existe a escala mundial una lucha encarnizada entre los ambiciosos poderes económicos hegemónicos, aferrados a su pasado de colonialismo, guerras, explotación e injusticia, y nuevas fuerzas y anhelos que trabajan por un mundo más justo y en paz.
Cualquier persona decente está obligada hoy a definir con qué tipo de verdad se identifica.
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