Opinión

La transición y los militares del posconflicto…

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septiembre 08, 2014
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A las Farc se les olvida que desde el 26 de agosto de 2013, dentro del acuerdo general para la terminación del conflicto, suscrito entre delegados del gobierno y voceros de esa guerrilla, en el punto tres, fin del conflicto, la gramática del acuerdo orienta hacia el necesario lenguaje de la transición, la desmovilización y entrega de armas.

Se acordó dialogar sobre el cese al fuego y de hostilidades, bilateral y definitivo, la dejación de las armas y su reincorporación a la vida civil, y eso en plata blanca significa que las Farc se desarman y se desmovilizan.

Frente a la determinación del gobierno de crear una comisión de transición y paz, integrada por un general de la República y asesores calificados de las Fuerzas Militares y de Policía, las Farc anunciaron la creación del “comando guerrillero de la normalización de la fuerza pública”: los pájaros tirándole a las escopetas.

Parar el conflicto para dedicar tiempo y recursos a la construcción de paz, en términos pragmáticos, implica una transición, una nueva etapa en tiempo y espacio. La transición, es una fase que viene luego del acuerdo final; puede durar varios años y personifica la reconstrucción de lo que destruyó el conflicto.

La transición comienza con el acuerdo final, cuando las Farc dejen a un lado las armas para no volver a dispararlas, cuando se reincorporen a la civilidad y comiencen a cumplir las leyes de la República; así les suene mal, es uno de los fines de la negociación.

Es por eso, que el gobierno en hora buena ha dispuesto que militares y policías activos adquieran un rol determinante en esta fase de las negociaciones para explorar caminos alternativos desde su capacidad real de aportar con su visión técnica, con el conocimiento del campo de batalla y del país rural.

Para enfrentar los dilemas de la transición que abre la ventana a la construcción de la paz, las Fuerzas Militares y de Policía deben ayudar a resolver los interrogantes: ¿qué pasará con las guerrillas una vez entreguen las armas, como combatirán las bacrim y las nuevas expresiones del crimen organizado, cómo enfrentarán el narcotráfico, cómo ayudarán a alcaldes y gobernadores a enfrentar sus desafíos territoriales?

Sin duda el Estado colombiano aprovechará las capacidades de una fuerza pública dispuesta a enfrentar nuevos retos: los ingenieros militares, serán vitales en la construcción de infraestructura, e instalación de bienes de uso público; la Armada y la Fuerza Aérea pueden aportar sus avances tecnológicos al servicio de comunidades rurales.

La Marina puede contribuir a dinamizar el trasporte fluvial sobre los ríos navegables e incentivar la cadena productiva de campesinos ribereños en selvas y lugares remotos; se podría aumentar la cobertura de seguridad social con buques hospitales donde no llegan los sistemas de salud.

Buena parte de la población colombiana estará inmersa en los problemas de seguridad propios del posconflicto: inseguridad ciudadana, bandas criminales, dedicados a la extorsión, al boleteo y al narcotráfico; por eso, la policía tendrá más cambios en su transformación, por la necesidad de servir más tiempo en las calles y más cerca de los ciudadanos.

El gobierno tiene serios problemas para ejercer control territorial, justificado en parte por la presencia y disputa de los grupos al margen de la ley sobre territorios donde hay escasa presencia institucional. La fuerza pública, puede dar cobertura a la seguridad y preservación de los recursos naturales, soporte en materia ambiental, en costas y fuentes hídricas.

Contrario a lo que muchos piensan, los soldados y policías desean que el conflicto acabe pronto, para pasar más tiempo en casa y recuperar a sus familias. El análisis de nuevos roles, no es un tema que deba empezar por consideraciones numéricas; debería comenzar por entender todo el potencial que estas fuerzas pueden brindar al desarrollo y transformación del país.

La defensa nacional no es solo equipos de combate y lucha contra la guerrilla; los militares y policías poseen recursos humanos de gran valor; su tecnología ha logrado avances significativos con medios modernos para el control marítimo, costero, fluvial y aéreo; alcanzaron avances evidentes en la ciencia médica; el conocimiento del país les ha permitido innovar en tecnología de punta en comunicaciones, meteorología, cartografía marítima y terrestre para promover desarrollo regional.

El desafío del control territorial se mantendrá aún después de un eventual proceso de paz, y las fuerzas armadas durante el posconflicto, serán determinantes para apoyar a las autoridades civiles, en el ejercicio de la soberanía territorial sobre los 6.342 km de frontera terrestre, sus selvas y montañas, sus veredas, corregimientos y municipios, su mar territorial, la plataforma continental y el espacio aéreo del territorio nacional.

 

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