Con tres siglos en pie, la Hacienda Fizebad, ubicada en la vía a El Retiro, cerca de la represa La Fe, es una de las más antiguas y mejor conservadas de la época colonial en Antioquia. Su historia se remonta a 1747, cuando el colonizador don José Antonio Mejía Gutiérrez construyó la casa principal en conjunto con su vecino y amigo Gregorio Uribe. La edificación incluía una capilla dedicada a la Virgen del Rosario de la Naval para el culto privado de sus allegados y vecinos.
En la actualidad, la Virgen se encuentra en el altar del templo principal de El Retiro, municipio fundado en 1770 con el nombre de El Guarzo —inicialmente como vereda de Rionegro debido a la explotación de sus minas de cuarzo— y que fue constituido formalmente en 1814.
Por esos días, el pueblo era apenas un caserío de caminos de herradura, rodeado de bosques de niebla, quebradas y haciendas que formaba parte del Valle de San Nicolás y funcionaba como una vereda de Rionegro. En un inicio familias y colonos provenientes de Rionegro se establecieron allí para explotar minas de oro y desarrollar actividades agrícolas. Entre los propietarios de tierras y minas, estaban los esposos Ignacio Castañeda y Javiera Londoño, esta última pasaría a la historia por realizar en 1767 la primera liberación masiva de esclavos al otorgarle en su testamento la libertad a 125 personas de su propiedad y heredarles minas para su subsistencia.

La sal de la vida
En 1825, el médico rionegrero Braulio Mejía Gutiérrez, nieto de uno de los fundadores de la hacienda y casado con la marquesa Sotera Lorenzana (nieta del antiguo gobernador de la provincia, Cayetano Lorenzana), decidió bautizarla como “Potreros del Buen Retiro”. El nombre procedía de un ancestro, don Juan del Puerto Mejía, funcionario real que despachaba bajo las órdenes del rey desde el Palacio del Buen Retiro en Madrid (España).
La hacienda era ideal para la extracción de sal de fuentes subterráneas, las cuales eran de muy buena calidad. Dicha actividad se convirtió en una de las más relevantes de la época y motivó la colonización de la zona. Sotera Lorenzana no solo fue una de las primeras mujeres alfabetizadas de la región, sino también una audaz administradora tanto de las minas de sal como de las de oro, que aún existían en el territorio.
Vínculos con la Independencia y cambios de rumbo
Braulio Mejía era hermano del también rionegrero y guarceño (gentilicio de los nacidos en El Retiro) Liborio Mejía Gutiérrez, prócer de la Independencia y presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada durante ocho días, entre el 12 y el 20 de junio de 1816.
Como comandante de las fuerzas patriotas durante la batalla de la Cuchilla del Tambo, Liborio fue capturado y posteriormente fusilado por órdenes del pacificador Pablo Murillo, quien implantó un régimen del terror para eliminar a la élite intelectual y militar criolla donde también fusiló a Camilo Torres, Jorge Tadeo Lozano, Policarpa Salavarrieta y Francisco José de Caldas.
La hacienda siguió en manos de la familia Mejía Lorenzana hasta 1842, cuando fue adquirida por don Raimundo Hoyos Cadavid, esposo de Matilde Benítez Gómez. Hoyos compró varias propiedades vecinas en la segunda mitad del siglo XIX y continuó con la explotación de la sal, un lucrativo negocio que se mantuvo por más de un siglo.
Desafortunadamente, a mediados del siglo XX, debido a los altos costos de producción y a la fuerte competencia de Zipaquirá y el departamento de La Guajira, la actividad salinera decayó.
Los antiguos dueños decidieron vender la propiedad. En 1942, fue adquirida por Jesús María Mora Carrasquilla, un notable empresario, cofundador de compañías como la Arrocera Central, Tejidos El Cóndor (Tejicóndor) e Imusa, además de ser un fuerte impulsor de la fundación de la Universidad Pontificia Bolivariana en Medellín. Fue el propio Mora Carrasquilla quien decidió cambiar el nombre de la hacienda por Fizebad, una palabra que, según se dice, significa “Potreros del Buen Retiro” en hindi.
Del fracaso textil al rescate cultural
En 1963, la firma Everfit, dirigida por el doctor Jaime Posada, adquirió la propiedad con la intención de experimentar con la ganadería de ovejas para obtener lana, materia prima esencial para sus trajes, sacos y pantalones de paño. Los ovinos fueron traídos desde Argentina y Nueva Zelanda, pero no lograron adaptarse al ecosistema montañoso, al clima templado y a las lluvias permanentes de la región, provocando el fracaso del proyecto.

La reconstrucción de la vieja casona se le debe a la Junta Directiva de Everfit, que decidió remodelarla como un homenaje a la tradición antioqueña. Por ello, iniciaron la construcción de diversas edificaciones alrededor de la plaza, incluyendo una capilla, una biblioteca, una tienda, una barbería, un hotel y un museo.
Además, se recolectaron valiosas reliquias de patrimonio a través de anticuarios y pueblos de Antioquia que hoy se exhiben allí, como un piano que perteneció al poeta José Asunción Silva y un bastón del expresidente Carlos E. Restrepo.
En 1985, tres empresarios, entre ellos el doctor Jorge Enrique Suárez, decidieron rescatar la propiedad y transformarla en un lugar para el recreo, el encuentro y la cultura, dando vida a la Hacienda Club Fizebad, una entidad privada de doce hectáreas que operó con éxito como club y centro de eventos.
La defensa del club y su presente ecuestre
Este espacio estuvo en riesgo, en el año 2023, debido al deseo de un grupo de socios de construir torres de edificios en el lugar, para lo cual presentaron propuestas económicas de dos grandes firmas constructoras ante la asamblea de accionistas. La disputa surgió porque los 350 dueños —representados en la sociedad anónima Fizebad S.A.— habían cedido previamente la tenencia, uso y goce del terreno a la Corporación Hacienda Fizebad para que la administrara mediante un convenio de 20 años.
El polémico asunto dividió a la Sociedad Anónima y a la Corporación, teniendo que recurrir a un Tribunal Arbitral de la Cámara de Comercio. El fallo fue a favor del Club, ratificando la existencia del convenio que le permite a la Corporación mantener el aprovechamiento de la hacienda como club hasta el año 2039.
Hoy en día, a la arquitectura virreinal, las calles empedradas, la iglesia y la icónica "casa grande", se le suma con orgullo el nuevo Coliseo Caballístico de Asocaba (Asociación de Caballistas de Antioquia). Un espacio diseñado especialmente para albergar ferias, exposiciones equinas y certámenes del Caballo Criollo Colombiano.

De ese modo, lograron cumplir un sueño de 50 años para el gremio. La inversión, cercana a los $2.500 millones, incluyó cerca de 460 pesebreras y un imponente picadero de 25 por 65 metros, construido por el arquitecto quindiano Rafael Garay Giraldo, quien utilizó 2.400 guaduas seleccionadas de ese departamento para garantizar una pista amplia y cómoda.
El evento de apertura fue la edición 49 de la Copa Ciudad de Medellín (Exposición Equina Grado A), realizado entre el 16 y el 18 de abril. Tomás Echeverría Piedrahíta, presidente de la Junta Directiva de Asocaba, destacó que el Oriente antioqueño ya es un referente del Caballo Criollo Colombiano en el mundo, consolidándose como una actividad que dinamiza la economía de la región.
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