La Tigresa del Oriente ¿ De dónde salió esta peruana salvaje?

Creció en la selva y sin talento tomó el micrófono hasta lograr 60 millones de fans que ahora,muchos de ellos, la siguen en Bailando con las estrellas

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Enero 13, 2016
La Tigresa del Oriente ¿ De dónde salió esta peruana salvaje?

Al principio, cuando su video Nuevo amanecer llevaba apenas dos millones de visitas, la gente la llamaba para insultarla. Le decían, entre otras cosas, que era ridículo que una abuela de 62 años estuviera haciendo video clips en una trusa atigrada. Le dolía también que le escribieran mails diciéndole que ella era una vergüenza para el Perú, cuando lo único que buscaba era llevar un mensaje de paz y tolerancia a todo aquel que estuviera dispuesto a escucharla. Dios un día se le apareció en un sueño la miró a los ojos y le dijo que no le prestara atención a los comentarios de los envidiosos, que ella estaba en el camino correcto.

Otra vez Dios tenía razón. Mientras en su país era despreciada, en el continente empezaba a ser conocida y las visitas aumentaron hasta pasar los diez millones y luego vinieron las llamadas de Warner Music que sólo ella escuchó y los videos con Dante Spinetta y Calle 13 y las giras por Miami, Israel o El Cairo y ahora, casi una década después de la explosión de sus videos en youtube, es una de las invitadas de honor de Bailando con las estrellas. La fama fue el antídoto que le quitó el dolor que le había dado la vida.

Judith Bustos empezó a luchar el 6 de marzo de 1945, cuando su madre, en medio del Amazonas y rodeada de sus cinco pequeños hijos, la parió sin que nadie la ayudara.  Lo que se encontró su padre, el cauchero que se internaba durante días en la selva sacándole el jugo amarillo a los árboles de la fortuna, al regresar a casa fue a una bebé amoratada, tirada en el suelo, a punto de ahorcarse con el cordón umbilical. A su lado, desmayada, estaba la esposa. Con los dientes cortó el cordón y con sus manos alzó a Judith. La bebé nunca lloró.

Cada nueve meses Judith veía a su madre parir. La choza se llenó de niños. Crecer en la selva fue divertido para ella.  Su juguetes eran las guacamayas y los miquitos que su padre le traía de sus expediciones. Cuando cumplió trece años su madre la mandó desde Iquitos, ciudad de la Amazonía peruana en donde se crio, a Lima para que pudiera trabajar en algo decente y mandar unas cuantas monedas para ayudar a sostener a los 16 hermanos que tenía.

Después de buscar durante dos meses un trabajo, consiguió colocarse como doméstica en la casa de los Quiroga, una tradicional familia del distinguido barrio limeño de Miraflores. Aunque la paga era relativamente buena, Judith sufrió durante cinco años los maltratos sicológicos y físicos que le daban sus patrones. Esa amargura que se le iba empozando en el alma se atenuó cuando escuchó por la emisora radial Excelsior que había un concurso de canto. Pidió permiso a los Quiroga pero  no la dejaron ir. Era más fuerte las ganas de cumplir el sueño que había tenido desde pequeña de   ser cantante que el miedo que le generaban sus severos jefes. Dejando las tareas domésticas a medias se escapa y camina cerca de tres horas hasta llegar a la emisora. Se presentaron 25 personas y ella ocupó el tercer lugar. Al regresar a casa sus patrones le tenían preparada una celebración que consistió en quince correazos en la espalda y dos meses de encierro. Cansada y sin importarle las desgarradoras cartas que le llegaban desde Iquitos en donde su madre enumeraba la serie de necesidades y sufrimientos que padecía su cada vez más numerosa familia, se va de la casa de los Qurioga a vivir de arrimada en la casa de una amiga costurera en el Rimac. Aunque los ojos le ardían por el demoledor e intenso trabajo y la paga era mucha más baja, en esa casa de ese humilde barrio Judith fue por primera vez feliz en Lima.

Organizada y metódica, la amazona se pudo pagar el curso de cosmetología que le permitiría obtener su primer trabajo en el mundo del espectáculo cuando fue la maquilladora del popular canal de televisión Panamericana. Durante treinta años Judith pudo maquillar a ídolos como Camilo Sesto, Raphael o Leonardo Favio. No sabía como pero a sus cincuenta años todavía se mantenía el sueño  vivo de convertirse en una diva así no la acompañara ni la gracia, ni la belleza ni mucho menos el talento.

Retirada de la televisión, compra una casa en Chosica, un distrito de Lima. Ahora, que tenía tiempo y sin nada que perder, Judith se encierra durante cinco años a componer las cuatro principales canciones de su primer álbum. El proceso fue largo, en el camino Judith aprendió a componer. Cuando las rimas se unían, las canciones se creaban solas y su corazón se llenaba de gozo al comprobar que podía tener el don.  Cuando Roberto Sánchez, un aspirante a productor musical escuchó el sencillo Nuevo amanecer, le propuso  financiar la grabación de un video en Iquitos. Entonces aparecieron los guantes con garras, las botas extravagantes y el maquillaje felino.  La niña amazónica que jugaba a moldear figuras con el caucho que su padre llevaba en la casa, se acababa de transformar en La tigresa del oriente.

Ahora Colombia podrá verla cada noche.

Las críticas arreciaban contra el bizarro Video Clip y los usuarios del recién creado Youtube empezaban a entender que gracias a internet cualquier persona podía tener los 15 minutos de fama que había prefigurado Andy Warhol. Ocho años después de su lanzamiento, Nuevo amanecer tiene 17 millones de visitas.

Ella que soñaba con conocer el mundo, ahora se puede dar el lujo de contar que ha visitado 23 países. Hace unos meses conoció Egipto en donde amenizó un almuerzo en un restaurante del Cairo e hizo un video cerca a las pirámidesy su país preferido, Israel. Ante la incredulidad de los peruanos recibe trato de estrella cuando visita México o Miami.

A sus setenta años, lejos de pensar en el retiro, la carrera de la reina del Kitsch sigue en ascenso. La portada que le ha dado Soho en su última edición la ha vuelto a poner a figurar en los principales diarios de América Latina. Desde ya anuncia una gira por Europa y la grabación de un nuevo disco. Aunque no tenga el cuerpo de Madonna ni la voz de Cristina Aguilera, La tigresa del oriente es el ejemplo vivo de que el que persevera alcanza, así tenga todo en contra, incluso la falta absoluta de talento

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