La tenaz resistencia de los boricuas

Aunque los habitantes de la isla no han tenido la dicha de conocer la libertad, pasaron de ser colonia española a territorio americano, su lucha continúa

Por: Leguis A. Gomez
julio 22, 2019
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La tenaz resistencia de los boricuas
Foto: Instagram @badbunnypr

En 1999, recién acabado de llegar a Puerto Rico, lugar donde fui a estudiar una maestría, una marcha multitudinaria, de más de doscientos mil participantes, le gritaba a viva voz al gobierno de los Estados Unidos que tenía que remover al ejército más poderoso del mundo de uno de sus territorios, la Isla de Vieques. Cualquier otro país del planeta con mayor cantidad de población y con ejércitos mejor dotados se lo hubiera pensado dos veces antes de elevar semejante petición ante el país más poderoso del planeta, pero no los ciudadanos de un territorio pequeño cuyos habitantes aún no se han dado a la idea de seguir siendo una colonia y donde, a pesar del tiempo, los instintos identitarios siguen reclamando una posición en el concierto de las naciones.

Vieques, esa pequeña islita enclavada en el archipiélago ligado a la isla de Puerto Rico, había sido testigo y víctima durante más de sesenta años de los entrenamientos en su territorio de los oficiales de todas las fuerzas armadas de occidente y, en especial de América Latina, y todo en pos de la defensa de la democracia. De esta islita, y digo que islita, pues solo tiene una extensión de 34 kilómetros de largo por 6,5 kilómetros de ancho, salieron formados la gran mayoría de los oficiales militares de la famosa Alianza para el progreso, así como desde sus tierras, mar y aire, recibieron entrenamiento los soldados del US Navy, ejercito que posteriormente usarían los Estados Unidos para llevar a cabo sus actos intervencionistas en distintas partes del Caribe, entre ellos, Granada (1983) y Panamá (1989), así como Centro América en la década de los 90’s del siglo pasado, e incluso hasta el Plan Colombia, de más reciente factura (la base desde donde salían las operaciones de Dyncorp en Colombia, están localizadas en Aguadilla, Puerto Rico).

Vieques tiene forma alargada y su población principal se encuentra en el centro del territorio, por lo que el ejército de los Estados Unidos usaba los extremos de la isla para realizar sus operaciones de entrenamiento militar, así como su espacio aéreo. Ello implicaba que sus habitantes se hallaban en medio de dichas prácticas bélicas, las cuales incluían el uso de portaaviones, cazas, tanques y soldados cargados de municiones vivas, algunas de ellas con cargas radioactivas que explotaban a ambos lados de la población en la isla y cuyas consecuencias aún están por cuantificarse. Por ejemplo, Vieques presenta la mayor cantidad de partos gemelares, pero además la mayor cantidad de niños con cáncer, además de pacientes con asma en el mundo. Estas acciones militares se iniciaron en 1941 y culminaron en el 2003, luego de muchos años de protestas y desobediencias civiles a las normas federales por parte de los puertorriqueños.

Pero la historia de la resistencia civil de los boricuas, no empieza con Vieques. De hecho, Puerto Rico no es solo la tierra que vio nacer a los mejores soneros de música salsa del mundo, entre los que se cuentan el Gran Combo de Puerto Rico y la famosa orquesta de Richie Ray y Bobby Cruz, así como los mundialmente conocidos Ricky Martin, Marc Anthony o el Daddy Yankee, por mencionar solo algunos. Puerto Rico ha dado a luz también a grandes líderes políticos, entre los que vale la pena resaltar a Emeterio Betances y Eugenio Maria de Hostos, pero el menos conocido ha sido don Pedro Albizu Campos, considerado el último mártir por la independencia del siglo XX en América. Su historia de vida da para escribir cientos de libros. Basta con anotar que fue el fundador del Partido Nacionalista de Puerto Rico, que estuvo preso durante muchos años en las cárceles federales de los Estados Unidos por sus ideales patrióticos, junto a otros líderes de su movimiento independentista, que intentó una revuelta revolucionaria en la isla con el fin de obtener la libertad de su patria en 1950 y que sus palabras siguen inspirando aún hoy en día a miles en la búsqueda de la independencia de Puerto Rico.

Sin embargo, la isla cuyos hijos han puesto a bailar y le han alegrado el alma a millones en el mundo entero con sus letras y melodías no ha tenido en su historia la dicha de conocer la libertad, pues ha pasado primero de ser una colonia española durante cuatro siglos, a ser invadida por los Estados Unidos en 1898, y desde entonces, es un territorio americano, un botín de guerra que no tiene autonomía para tomar decisiones relativas a ningún aspecto de su vida en el concierto internacional.

A mediados del siglo XX, el gobierno norteamericano acordó la celebración de elecciones democráticas en la isla, lo cual permitía que la figura del gobernador pudiera ser elegida entre los puertorriqueños (el cual era anteriormente designado y enviado desde la metrópolis), y se creó el Estado Libre Asociado de Puerto Rico (ELA por sus siglas), sin embargo, a pesar de la negativa por parte del Congreso de los Estados Unidos de aceptar que la isla es una colonia, lo cual implicaría la intervención por parte del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, y a pesar de tener un gobernador elegido por la vía democrática, las dificultades del gobierno de Puerto Rico para afrontar las deudas financieras con acreedores externos, ha provocado que el gobierno norteamericano creara un comité fiscal, el cual tiene más control sobre los activos de la isla que el mismo gobernador. Esto ha evidenciado el carácter colonial de las relaciones entre la metrópolis localizada en Washington y el gobierno ubicado en San Juan.

Puerto Rico es una colonia de los Estados Unidos situada en uno de los sitios con mejor ubicación geoestratégica para controlar todo el continente y hoy más que nunca se siente en su territorio y sobre todo, entre sus habitantes, el peso de esta realidad. La junta fiscal ha impuesto unos controles sobre el gasto que constriñen los ya difíciles ingresos en Puerto Rico y, para sumar, el paso del huracán María en el año 2017 ha sido devastador para la menguada economía que lleva más de una década en crisis. La infraestructura ya débil se vio colapsada, lo cual causó más muertes que el paso del evento climático mismo. Si a esto le sumamos la desidia del actual presidente Donald Trump por apoyar económicamente las necesidades de los boricuas, el panorama no resulta nada alentador para los próximos años.

Sin embargo, a pesar de un futuro inmediato que no alberga muchas esperanzas de mejoría, las energías que hicieron salir al US Navy de la isla de Vieques, hoy están más vivas que nunca y una nueva ola de resistencias se alzan contra el actual gobernador, para que deje el poder. En el fondo se agitan tensiones acumuladas que la condición colonial no puede resolver y que la figura del gobernador, con sus medidas impopulares y sus deslices en las redes sociales han potenciado. Habrá que ver que nuevas circunstancias implicará este giro en las relaciones con Washington o se trata simplemente de un malestar localista: el de remover a un dirigente que ha hecho todo, menos defender los intereses de aquellos que lo eligieron para liderar la isla.

Mientras tanto, cruzando el mar Caribe, una nación con más de 45 millones de habitantes, sufre toda clase de manipulaciones por parte de su clase política, su ejército está plagado de irregularidades que incluyen hacer pasar a ciudadanos desarmados por guerrilleros dados de baja en supuestos enfrentamientos, se asesinan a sus líderes sociales de forma selectiva y la burocracia se roba las arcas del país, sin que haya un solo levantamiento que proteste al respecto. Tal vez la circunstancia en Puerto Rico de que sus habitantes son a la vez ciudadanos de los Estados Unidos les concede más privilegios, mientras en Colombia sus habitantes son solo eso, seres que habitan un país en donde los derechos humanos tienen mucho menos valor que en la vecina isla del Caribe, lo cierto es que 3,5 millones de boricuas han podido sacar al gran ejército de los Estados Unidos de su territorio y hoy buscan lograr que su gobernador renuncie y les permita reconducir el destino de su isla. Así que tal vez no es cantidad lo que importa, sino voluntad política.

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