La sonrisa desvergonzada

En una sociedad donde abunda la cobardía y la falta de coherencia y compasión, vale la pena recordar algunas cosas

Por: Antonio Segundo Vargas Mendoza
junio 03, 2020
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La sonrisa desvergonzada
Foto: Emanuele Spies - CC BY 2.0

Revisando mi vieja caja de películas, encontré una cinta llamada Malena (2000), que ya había visto hace unos diez años. Quise mirarla nuevamente, dado mi afecto por las buenas historias. Además, en lo personal, si la trama tiene que ver con la guerra y los acontecimientos despreciables e infames que allí ocurren, que develan lo que es capaz de hacer el hombre, ahí me tienen.

En fin, el caso es que al concluir de ver el film me sentí conmovido e impresionado. De hecho, me agradó que haya sido así porque ello significa que mi corazón no se ha endurecido del todo, a pesar de los años y de las vicisitudes de la vida, en una atmósfera hostil como la colombiana, más en estos tiempos perniciosos.

Pues bien, la cinta del director Italiano Giuseppe Tornatore, protagonizada por el talento indiscutible de Mónica Bellucci, muestra la historia de Malena. Ella es una hermosa mujer que vive en Castelcuto (un pueblo soleado de la costa siciliana italiana), quien ante el fenecimiento repentino de su padre, y creyendo que su marido había muerto en los combates de la II Guerra Mundial, queda desamparada y viuda en un mundo de escasez, hambre y crisis económica.

Tal es la situación que termina en la ruina y cediendo su cuerpo a uno que otro comerciante o soldado alemán a cambio de algo de comida y dinero para sobrevivir. Sin embargo, eso no es lo peor, cuando las tropas aliadas liberan al pueblo y expulsan al enemigo, Malena es sacada a la fuerza, rapada, arrastrada, golpeada, despreciada, escupida y obligada a confinarse. Lo más trágico de estas circunstancias es que una multitud de mujeres, hombres y niños se burlan, sin tener ninguna compasión. La única excepción es un joven adolescente que está enamorado de ella.

Dejando de lado la ficción, hechos similares a los ocurridos en la escena descrita se pueden ver en las icónicas fotografías de las mujeres rasuradas en Francia luego de la liberación de París y en otros territorios ocupados por el invasor. Ellas fueron acusadas de colaboracionistas nazi e inmorales... Entre esas imágenes sobresale La rapada de Chartres (Simone Touseau), tomada por Robert Capa el 18 de agosto de 1944.

Ahora bien, analizada la escena y las imágenes, cada quien tiene su propio concepto sobre lo que son las personas y sus acciones. En lo que a mí se refiere siempre me he preguntado: ¿qué puede ser peor que los deseos políticamente no importantes en los seres humanos? Me recojo en el escritor y matemático inglés Bertrand Russel, quien señaló: la adquisición, la rivalidad, la vanidad y el amor al poder son esas pretensiones humanas no relevantes.

Lo anterior es tan malo que ha originado y sigue motivando las peores degradaciones y ofensas que podamos imaginar entre seres humanos: maldad, violencia y falta de escrúpulos, etcétera. No obstante, hay una vergüenza que es quizás la peor de todas, además de una de las más injustificables expresiones del mal que se ocultan en las personas: la falta de compasión hacia el otro. En el verdugo no existe la misericordia hacia la víctima. Para la muestra: el soldado que bombardea una ciudad (matando niñas y niños) no es un marciano, es un hombre que manipulado y utilizado obedece por obedecer. El hombre tiene un lado oscuro que dadas las circunstancias es manejado por los canallas y megalómanos, esto no ha escapado a los países de alta cultura y más “civilizados” (si no, echemos un vistazo a las potencias occidentales).

Pues en la escena de la cinta Malena y en las fotos de las rapadas francesas se observa un tumulto de gente haciendo su presencia en un carnaval de aspavientos y humillante. Los fisgones aplauden al desfallecido y de esta forma pretenden avalarse, disimular y borrar sus propias claudicaciones y encogimiento. Frente a ello surgen interrogantes como: ¿a dónde va la caridad humana en los tiempos difíciles?, ¿será que más de un “señor” y una “señora” no agacha la cabeza ante el invasor extranjero?, ¿cuántos políticos no lamen la bota del forastero y colocan a disposición las infantas?, ¿cuántos no corren detrás la camioneta del político corrupto cuando llega a hacer campaña a un pueblo cualquiera?, ¿no será que esa es una forma de lavar la cobardía, el carácter, la coherencia y la vergüenza de algunas personas?

En efecto, este tipo de personas andan por ahí en diferentes lugares del país. Los observo aquí mismo. No es necesario ir a guerras distantes para encontrarlos... honorables ciudadanos colombianos que para conservar su posición social, riquezas mal habidas y privilegios están prestos, por ejemplo, a justificar la muerte de un líder social, mostrando el oportunismo y la vileza, esperando la ocasión para custodiar el cortejo de los buenos ciudadanos patriotas y libres de toda sospecha porque eso les dicta su falso sentimiento moral.

En gran parte, estos mismos y distinguidos ciudadanos vienen eligiendo al verdugo poderoso durante más de treinta años y luego se hacen los de la vista gorda ante la corrupción y el crimen, comiendo callados y fingiendo que todo está bien. Mientras tanto, otros solo aguardan una oportunidad para dar el zarpazo y son los cobardes, que miran hacia otro lado y agachan la cabeza cuando el tenebroso, el bárbaro, el político de turno y el jefe les escupe en la cara. Solo cuando este se anuncia rendido o sin poder salen de las cuevas como roedores para salir en la foto riéndose y así lavar la cobardía y la falta de coherencia en los tiempos difíciles.

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