La solitaria viudez de Humberto De la Calle

Acompañado de un libro y un tabaco, escribiendo o escuchando boleros, luego de tres meses de ausencia de Rosalba, empieza a levantar cabeza y a pensar en el país

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agosto 05, 2020
La solitaria viudez de Humberto De la Calle

Humberto De la Calle conoció a Rosalba Restrepo en la Universidad de Caldas en 1965. Ella estudiaba Economía y él, un declarado nadaísta, se preparaba para ser abogado. Al siguiente año, luego de compartir fiestas, licor, charlas literarias y mucha poesía rebelde, se ennoviaron y dos años después se casaron en Manizales, la ciudad donde nació Rosalba en 1946.

Luego de 54 años juntos, el pasado 5 de mayo, tras perder su batalla contra el cáncer, rodeada de los suyos y alejados de la opinión pública, murió Rosalba. Aun cuando la despedida fue dolorosa, también fue tranquila. Tuvieron tiempo para preparar el adiós. Pudieron despedirla con afecto y serenidad, como lo contó el propio Humberto De la Calle:

Adiós, querida amiga. Con nuestros hijos y nietos te despedimos en paz. Gracias, amigas y amigos, por la infinidad de mensajes generosos.

La despedida de Rosalba fue solitaria e íntima. Pero los De la Calle Restrepo estuvieron más que acompañados, como imponen las circunstancias actuales de la pandemia: virtualmente. Fue tal la avalancha de mensajes de duelo que decidieron crear una cuenta de Twitter para poder recibir abrazos y saludos y responder.

Amigos de muchas luchas, pero sobre todo de la última, como jefe de delegación de diálogos del Gobierno Santos para el Acuerdo de paz, la tarea más difícil de su vida, a decir de su esposa, estuvieron allí. Políticos, deportistas, compañeros de tantas lides, periodistas, escritores, amigos y hasta el médico que trató a la querida Rosalba Restrepo en sus últimos días grabaron un video, elocuente en sí mismo.

–Estar casada con un político no es fácil– decía con regularidad. Pero siempre fue la mano derecha y la cómplice de los intereses de su esposo y su soporte en los momentos difíciles, como su renuncia al cargo de vicepresidente de la República del presidente Ernesto Samper, cuando el mandatario fue señalado de haber recibido dineros del Cartel de Cali para financiar su campaña, proceso conocido como el 8000 o cuando como jefe del equipo del gobierno las negociaciones de paz con las Farc se deterioraban. El hizo lo propio a la hora de acompañarla en Madrid a trabajar en la misión diplomática de Colombia en España junto a la embajadora Noemí Sanín, en el primer gobierno de Álvaro Uribe.

Rosalba estuvo más firme que nunca a la hora de acompañarlo en la que sería el trabajo más difícil de De la Calle: liderar las negociaciones de paz con la guerrilla de las Farc en La Habana. Períodos largos de ausencia, con las dificultades de comunicación desde Cuba y las tensiones de un proceso que tomó más de cuatro años sacarlo adelante. De ella llegó el ánimo que requería en el tránsito duro de la negociación.

Humberto de la Calle no ha perdido su temple. Cinco días después de su partida su Rosalba la despidió públicamente desde su columna dominical en El Espectador.

“Se ha ido Rosalba, mi compañera del alma. Tuvo tantas facetas… Fue también compañera de viaje en mis andanzas políticas. Parejamente y sin desmedro de lo uno o de lo otro, formó un hogar democrático, con la dulzura de una madre inigualable. Viéndola sufrir con tanta resignación la dura enfermedad que le tocó, me dio también una lección de vida… Pese a la inclemencia de su enfermedad, ni un reclamo de ella ni mío. Unos pequeños genes mal organizados fueron la causa. Ni Dios, ni la malevolencia del destino. No somos dueños de la naturaleza sino sus vasallos”.

Y se ha dado el tiempo, hasta que ya, al tercer mes de su ausencia, cogió respiro y retomó la senda de la vida. Levantó cabeza en el terreno que lo apasiona: la política. Twitter, donde tiene 481 mil seguidores, y sus columnas de opinión, que no han dejado de escribirse, son la ventana de comunicación con sus seguidores y lectores para mover ideas.

Y lo hizo con audacia. Se lanzó a proponer la creación de una coalición de centroizquierda para las elecciones presidenciales del 2020. En la propuesta, aunque mencionó a Fajardo, Petro, Vargas Lleras y Robledo habló de unir primero las ideas que a las personas. Según De la Calle una convergencia demócratica con ideas claras desde el comienzo de la contienda podría ser ganadora en las urnas.

“Un compromiso ante la opinión de gobernar con ese programa conjunto en el entendido de que, como dije, sería un gobierno de compartido. No el viejo estilo de siempre: el elegido hace de su capa un sayo y maneja el gobierno a su antojo. Me refiero a esto: quienes integren la coalición van a gobernar colectivamente, dicho de frente y sin engaños. Y, por fin, y solo al fin, las reglas para seleccionar al candidato. Digamos que es una propuesta a la europea y no a la americana”

Pase lo que pase con su propuesta política, Humberto De la Calle dio señales de vida y está de nuevo en el ruedo político, aprendiendo a hacer de la soledad una aliada para volver a pensar en grande en el país que sueña.

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