La sagrada corrupción

"Lo grave ya no es que se normalizó este fenómeno, sino que se sacralizó"

Por: Carlos David Martínez Ramírez
noviembre 25, 2020
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La sagrada corrupción

En una de las primeras entrevistas de María Jimena Duzán en la W Radio, un personaje de nuestro amado Caribe declaró que las coimas (comisiones, CVY, etc.) son sagradas.

Esta frase me llamó la atención atendiendo al concepto de naturalización de un fenómeno, término muy usado en ciencias sociales para referenciar cómo una situación se vuelve “natural” o “normal” para la “mayoría” de personas. Lo grave, entonces, ya no es que se normalizó la corrupción, sino que se sacralizó.

El tema de la corrupción en Colombia se ha tratado tanto que podría incluso hablarse de diferentes líneas de indagación.

Una línea sostiene que la corrupción en nuestro país es heredada desde el linaje de nuestros colonizadores; pero esta hipótesis estaría librando de responsabilidad a las personas corruptas si se supone que la corrupción se explica como un “aprendizaje” filogenético.

Existe también un discurso muy extendido que pretende ligar la corrupción con una supuesta cultura de la ilegalidad; en esta parte sería difícil establecer la dirección causal entre las variables, resultaría difícil establecer si la corrupción da origen a una cultura de la ilegalidad, o si es esta cultura es la semilla de la corrupción.

Otra idea muy generalizada es la que sostiene que el narcotráfico es el origen de toda la corrupción. Esta idea, aunque muy trillada y usada como argumento generador de odio por cualquier bando o espectro político, puede resultar razonable si se piensa en la cantidad de dinero que puede mover este negocio. En ese caso, vale cuestionar si la variable dinero “ilimitado” pesa más que la variable narcotráfico.

El hecho de que la corrupción esté enquistada en la sociedad, no quiere decir que no se pueda combatir (eliminar, disminuir, mitigar, etc.), tampoco quiere decir que se deba explicar como una herencia ineludible, o como un aprendizaje obligatorio.

Esa idea de que la corrupción (matizada a veces como egoísmo) es inherente a la naturaleza humana y por lo tanto ineludible resulta totalmente inaceptable. Básicamente porque en este caso no se trata de algo fundamentalmente ontológico (la naturaleza del fenómeno) sino de algo ético (sobre cómo deberían ser las cosas).

Pero este enquistamiento si debería mover a los ciudadanos a indagar más, no necesariamente sobre teorías, sino principalmente en soluciones, sin querer desdeñar de las teorías, las cuales también son muy importantes.

Si la corrupción es sagrada, ¿eso quiere decir que es un mandato divino?, ¿significa que la corrupción es previa a los humanos?, ¿o sencillamente se trata de una forma socarrona de decir que ya hace parte de un estándar procedimental no declarado abiertamente?

En un mundo interconectado, hoy es más difícil de lo que era en el siglo XX hacer comparaciones entre países. Algunos llegaron a comparar, por ejemplo, entre Inglaterra e Italia, afirmando que en Inglaterra la corrupción era un poco menos dañina que en Italia por las diferentes condiciones de cada país y la forma en la que se daba esta en cada región.

Con una perspectiva científica, algunas de estas hipótesis de trabajo pueden llevar a los ciudadanos a debatir, reflexionar y a pensar en estrategias para combatir la corrupción, así se requiera de cambios a largo plazo y así suene ingenuo pensar que es posible.

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