Opinión

La responsabilidad de Juanita Goebertus

El poder ganado en una noche de inmensa exposición mediática le permitirá trazar un camino novedoso a quien siempre ha hecho la política fuera de los moldes tradicionales

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Marzo 17, 2019
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La responsabilidad de Juanita Goebertus
Juanita Goebertus fue construyendo su legitimidad de una manera inusual, estudiando y presentando sus argumentos, sin ningún show en particular

 

¿De dónde sale un político?, siempre me ha parecido una buena pregunta. Probablemente, la respuesta mayoritaria en la ciudadanía sería que el prospecto de político es alguien que quiere robar para ser rico, o algo así. Quizás mencionarían algo de la ambición. Dudo que muchas personas identifiquen al prospecto de político con el deseo de servir o alguna derivada de eso. En Colombia, una fuente segura de políticos han sido los hijos de políticos y los que pueden pagar las campañas. Las estructuras tradicionales del poder se organizaron alrededor de familias poderosas y las campañas con base en el clientelismo, es decir casi todas, necesitan de grandes platas. En realidad, esa particularidad trasciende a Colombia y algunos han respondido con la observación que es relativamente usual que los hijos de los políticos estén en la política tanto como los hijos de zapateros oficien de zapateros, por razones relativamente obvias. David Axelrod, famoso consultor político, sugería otra línea de respuesta: el político como el enfermo por el poder. Axelrod siempre dijo que cuando Obama dudaba sobre su candidatura, tuvo dudas de que fuera a ganar la presidencia porque no era lo suficientemente patológico para esa búsqueda.

En la academia se han dado otras respuestas. El sociólogo Max Weber, en particular, escribió un gran ensayo, La política como vocación, en el que sugiere que un político idealmente debe tener pasión, un sentido de la responsabilidad, y un sentido de las proporciones. El sentido de las proporciones es, de alguna manera, un llamado al pragmatismo. Weber, sin embargo, respeta profundamente el oficio del político y no deja de lado el idealismo que surge de la pasión: “Y si la política en realidad va a ser una actividad humana auténtica y no solamente un frívolo juego intelectual, el compromiso por ella debe nacer y ser alimentado por la pasión” [traducción propia].

¿De dónde salió entonces Juanita Goebertus? Siguió un camino inusual que muestra, entre otras, que la política en Colombia cambió en el último año. Su elección coincidió con la más estruendosa derrota de Germán Vargas Lleras que tenía todas las características perfectas para la vieja política, de poderosa familia, rico, lleno de políticos cuestionados por todos los lados y con inmenso poder en los organismos de control judicial encargados de hacer zancadillas a sus rivales. Durante buen tiempo se pensó que era el turno de Vargas Lleras de heredar la finca, que no había nada que hacer. Lo ayudaron hasta bien entrada la campaña, además, Cifras y Conceptos y Caracol Radio que sacaban semanalmente un “modelo” que lo ponía de presidente en contra de toda evidencia. Fracasó rotundamente, la política había cambiado.

Y en esa transición se metió Goebertus. Por fuera de todos lo caminos tradicionales, impulsada por la gran intuición de Angélica Lozano y Claudia López, hizo una campaña relámpago con base en un discurso sólido, defendiendo que se pueden construir puentes en un momento de inmensa polarización y resistiéndose a entrar al insulto como mecanismo sencillo para hacerse notar. Repartiendo volantes y atendiendo todas las discusiones logró ser un fenómeno político con pocos precedentes. El eje de su trayectoria había sido trabajar por la construcción del proceso de paz en Colombia. Decidió votar en blanco en la segunda vuelta, convencida de que ambos caminos representaban riesgos importantes para el país. Fue coherente y consistente con sus principios, y, además, con la esencia de los argumentos de la Coalición Colombia. Le cayeron rayos y centellas, en Twitter, inclusive de sus más cercanas aliadas.

Siguió con su camino y avanzó en otra novedad interesante para responder a otra buena pregunta: ¿cómo crea lazos un político con los ciudadanos? La política tradicional resuelve esa pregunta con transacciones de puestos y contratos. Recientemente, motivo para una próxima columna, algunos políticos construyen sus lazos a través de las redes sociales, usualmente como medio para canalizar indignación. Juanita Goebertus fue construyendo su legitimidad de una manera inusual, estudiando y presentando sus argumentos, sin ningún show en particular.

Y así, ha ido construyendo confianza, con varios sectores políticos, incluyendo al uribismo que se opuso al proceso de paz que ella ayudó a consolidar. Terminó entonces siendo elegida como la vocera de la oposición para responder a Duque. Salvo Petro, todos los demás congresistas se sintieron representados por el proceso de escogencia de Goebertus, la manera de presentar la réplica y el contenido de la misma. Inmensa responsabilidad la que asumía la persona más joven e inexperimentada del grupo.

 

 

Logró responder con serenidad y rigurosidad los planteamientos de Duque.
El tema no puede ser más enredado y, pese a ello,
Goebertus logró transmitir confianza

 

 

Lo hizo muy bien. Logró responder con serenidad y rigurosidad los planteamientos de Duque. El tema no puede ser más enredado y, pese a ello, Goebertus logró transmitir confianza. Es en ese terreno en dónde, en realidad, se juega el futuro de esta discusión. ¿Quién inspira confianza en un país profundamente dividido y escéptico? La polarización y la violencia en el lenguaje son un camino sencillo para animar a las bases políticas, para viralizar tuits y para alimentar egos de caudillos, pero no sirven para mucho más.

Surge entonces la pregunta: ¿en qué posición ha quedado Juanita Goebertus después de su inmensa exposición mediática? Pasó de ser conocida en ciertos sectores de Bogotá a ser una figura con un reconocimiento nacional. Inmenso poder resulta del quiebre favorable e instantáneo en su trayectoria pública. Hay políticos que durante años recorren caminos que, jamás, se acercan a lo que logró Goebertus en una noche.

Llamó, al final de su intervención, a la unidad por la paz. Escuchando ese cierre, pensaba en el siguiente momento de la política y en la unidad que ahí se discutirá: las elecciones regionales. Han sugerido algunos que las objeciones de Duque a la JEP son una estrategia para crear una narrativa para las elecciones regionales. No estoy seguro, no veo claro cuál sería ese discurso de índole nacional que sea atractivo para un candidato a nivel local. Lo que sí sé es que lo que más conviene al uribismo, en dónde se crece y suele ganar, es en el de la confrontación alrededor de Uribe, estás conmigo o contra mí, estás conmigo o eres de la Farc. Muy convenientemente ya los volvieron a definir esta semana como narcoterroristas.

La foto que tenía en el centro a Juanita Goebertus durante su réplica es entonces el gran sueño de Uribe. Ahí, en ese terreno, vuelve y gana todas las veces que quieran, por lo menos, en la próxima década: una alianza que incluya a absolutamente todo lo que no es uribista empezando por la Farc. Es decir que el cuento de los “alternativos” no lo definan unos principios, una historia política, un planteamiento programático, un lenguaje para explicar lo que se dice sino otra cosa, un solo elemento: Álvaro Uribe. Los “alternativos”, se sueña Uribe, son todos los que no son uribistas. Definir el terreno de la política, el primer paso para ganar elecciones. Es, también, el que conviene al ala radical de la oposición porque es ahí donde sobreviven. No importa que sea inviable ganar las elecciones para construir una transformación, que de eso no se trata. De ahí, las pataletas del mesías, no puede quedarse por fuera de la foto.

La nueva responsabilidad de Juanita Goebertus es trazar un camino que conduzca a que en la mayor parte de los territorios colombianos lleguen al poder ciudadanos comprometidos con lo que ella representa, es decir la independencia argumentada, el no todo vale en elecciones, la confianza como resultado de la construcción en la discusión no del performance de firmar en mármol, la ruptura con el clientelismo y, sobre todo, la capacidad de tender puentes para que podamos reconciliarnos, es decir para que podamos vivir en Paz. Ese camino, que no hemos recorrido casi nunca, sería novedoso, como cada paso que ha dado Juanita en su breve carrera política.

@afajardoa

 

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