La resistencia de la historiografía colombiana a abandonar los relatos tradicionales

Nuestra historia sigue centrada en la épica, que no encierra otra cosa que el sometimiento de los pueblos.

Por: Silvio E. Avendaño C.
septiembre 30, 2020
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La resistencia de la historiografía colombiana a abandonar los relatos tradicionales
Martín Tovar y Tovar

En 1911 se publicó Historia de Colombia, de Jesús María Henao y Gerardo Arrubla, para la enseñanza secundaria. El libro traza la bondad de las instituciones coloniales, el culto a los héroes y la querella política.

Es llamativo que dicho texto se haya escrito luego de la Guerra de los Mil Días y de la pérdida o separación de Panamá. Bien parece que se quisiera borrar la miseria de la república. En los años del centenario de la independencia se recurrió a la ficción del patrimonio histórico para pincelar la miseria de las ciudades con estatuas, panteones de próceres y monumentos.

Sin embargo, volviendo al texto de Henao y Arrubla vale considerar cómo dicha historia se comienza a cuestionar hacia 1958. La confrontación se presentó con Juan Friede. En 1962 leyó en la academia La investigación histórica en Colombia. En dicho escrito se miraba la historiografía colombiana y se resaltaban las falencias de la investigación. Y en otro ensayo —le llamaba la atención— de los estudios históricos, el descuido por los factores económicos.

Hacia 1974, algunos historiadores abandonaron la glorificación del pasado y comenzaron a mirar por las grietas de tanta “grandeza” los problemas y procesos económicos. Y, entonces, ante los nuevos enfoques se hizo presente la hostilidad. No se aceptaban los nuevos prismas históricos. Abandonar la tradición llevaba a que la historia no se concentrase en las figuras épicas, cuestión que se consideraba grave para la formación de los estudiantes.

Al salir a la luz pública el Manual de Historia de Colombia, dirigido por Jaime Jaramillo Uribe y difundido por Colcultura, el ataque no se dejó esperar. Se acusó a la obra de ir contra la Iglesia católica y no faltaron las agresiones desde la derecha. En 1985. Rodolfo Ramón de Roux divulgó Nuestra historia cercana. Las raíces del presente. Al autor se le acusó de desvirtuar la orientación histórica, del desmonte del tinglado de los héroes, y el peligro de dicho texto en manos de los niños.

Más adelante, Silvia Duzan y Salomón Kalmanovitz escribieron Historia de Colombia (1986) y pronto se dijo que la obra: "demerita a nuestros próceres" y hace "una burla de los grandes hombres de la patria". La Academia de Historia, incluso, se opuso a la compra de los textos por parte del Ministerio de Educación y solicitó revisar los textos de historia.

Además, se fue contra los escritores: uno por ser judío y al otro porque cómo era posible incluir en la historia a los ciclistas y a las estrellas del deporte. El Tiempo (5 de octubre de 1985) estuvo de acuerdo con Germán Arciniegas sobre el carácter nocivo de los textos, al mismo tiempo que le preocupaba a la dirección del periódico la publicación de los fascículos de historia de la editorial Oveja Negra.

No son de extrañar las diferentes percepciones y opiniones ante la caída del monumento de Belalcázar, pues se pretende seguir en el relato tradicional, centrado en héroe, épica que no encierra otra cosa que el sometimiento de los pueblos.

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