La politiquería en la Universidad de La Guajira

'Cualquier mala nota se compensa con la promoción de candidatos dentro de la sede educativa'

Por: Catalina Fernández
agosto 04, 2015
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La politiquería en la Universidad de La Guajira
Foto: tomada de cardenalstereo.com

Al analizar la pertinencia y el desarrollo curricular de algunos de los programas de la Universidad de La Guajira es evidente una desarticulación con la realidad del departamento. Mientras que la problemática, el potencial y el desarrollo de La Guajira van por unos causes, su mayor centro educativo superior se enfoca cada día en otros, en algunos casos, en contravía a su razón de ser. No se conoce aún su posición desde la academia y la investigación con respeto a la crisis humanitaria regional.

La sociedad guajira ha estado esperando que la universidad, como su reserva intelectual, haga aportes sustantivos al estado de calamidad pública y de crisis humanitaria que vive el departamento con el rigor de la investigación científica. Se está muy lejos de estructurar una alta academia para el proceso docente y de tener grupos de investigadores que impacten o transformen el nivel de vida de las comunidades en su entorno. La conexión de la academia con la realidad regional aún es imperceptible.

Por otro lado, estábamos acostumbrados al fuerte vínculo de los dirigentes y administradores de la Universidad de La Guajira con los círculos politiqueros, relación asociada siempre a la corrupción. Hoy se ha dado un salto regresivo, en vez de disminuir esa tradición, se ha puesto todo el enfoque de la universidad en la politiquería, llegando al extremo de tener candidatos propios y poner todo su personal a buscar votos a expensas de estabilidad laboral. La agenda de todos está cargada de compromisos electoreros.

Hoy todo tiene un peaje que se pasa con votos en la universidad: plazas de docente catedrático, ocasional y de planta; cupos en maestrías, especializaciones y en cualquier programa de pregrado. Casi todo el personal con orden de prestación de servicio está buscando votos para cumplir con los compromisos impuestos por la administración. Por igual, cualquier nota o dificultad en trabajos de aula se compensa con trabajo barrial de promoción de los candidatos de la universidad. Eventos o actividades académicas son parte del ciclo pedagógico, como el caso de la cicloruta del final de primer semestre del programa de Educación Física, que termina en una caravana política.

La fuerte focalización de la conducción de la Universidad de La Guajira hacia la politiquería hace que hoy no se hable del rector como tal, más bien se le identifique como el candidato a la gobernación en el 2019. La enérgica campaña política de su candidato a la Alcaldía de Riohacha, iniciada hace un año con un despliegue de recursos sin igual, tiene preocupado a todos los estamentos de la universidad. Nunca antes una precampaña había malgastado tantos recursos financieros. Algunos analistas hablan de 500 millones de pesos en tan solo la inscripción del candidato; no es de extrañar que la universidad trabajara media jornada ese día.

En contraste con esto, en la reciente medición del Ministerio de Educación con un modelo que evalúa a las instituciones de educación superior en varias dimensiones relacionadas con la calidad, entre ellas el desempeño (en pruebas Saber Pro), el salario de enganche de los egresados, el número de docentes con doctorado y posgrado, la deserción y la internacionalización, a la Universidad de La Guajira le va muy mal. De un total de 187 instituciones, incluidas las tecnológicas, nuestra alma mater ocupa el deshonroso puesto 140 en promedio.

Las más lamentables de esas variables son las del desempeño en el puesto 174 y la de posgrado en el 168 de 187, en la cola de las universidades públicas, al lado de la Universidad del Chocó. Es de notar que algunos institutos tecnológicos a nivel nacional muestran mejores indicadores que los nuestros. Así pues, nuestra academia ha pasado de un rumbo nunca encontrado, a la pérdida total del rumbo.

Catalina Fernández
[email protected]

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