La política rebajada a lo más paupérrimo y banal

La política es el arte de gobernar, lo que implica una responsabilidad enorme y supone rigor y seriedad. ¿En qué momento Colombia se alejó de este ideal?

Por: Libardo Gómez Sánchez
noviembre 04, 2021
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La política rebajada a lo más paupérrimo y banal

La política se ha definido como el arte de gobernar, lo que implica una responsabilidad de enormes proporciones y supone rigor y seriedad. Lamentablemente, para pueblos como el nuestro que se debate entre la miseria y la pobreza, si es que se puede trazar una línea que las diferencie, ha resultado de mucha utilidad para los responsables de tan terrible condición hacer de la política una suerte de burlesco en que, entre más frívola, mejores resultados les depara.

En esta lamentable labor, han cumplido una función especial distintos medios de comunicación, que a diario en sus encabezados o primicias reseñan los disparates previamente estudiados de la Cabal, al siguiente las decisiones cantinflescas del libretista de textos de putas y narcotráfico; otros hacen despliegue de los traspiés y la fantochada del jefe de Estado o su vice, y al mismo tiempo, con bombas y platillos, se refieren a las contradictorias propuestas del líder de las encuestas.

En general se emplea la comidilla, el murmullo sobre la vida de alguien del entorno familiar o su relación indebida con otros personajes sobre el valor de sus bienes o las excentricidades que acostumbra. Sospechas sobre los hábitos cotidianos o cualquier tema que genere suspicacias o recelo. Ahora resultan unos verdaderos oráculos las declaraciones de las divas de antaño o los comentarios de los cantantes o artistas de moda, e incluso los deportistas con glorias pretéritas, convertidos todos en ilustres aspirantes a cargos de elección. Es una hábil manera de distraer al respetable y mantener en primera plana a quienes conviene exhibir.

Por otro lado, es supremamente difícil encontrar un titular que aborde una seria discusión sobre los problemas de la nación, las razones del desastroso desenvolvimiento de la economía; los impactos que genera en nuestro ecosistema la política energética y ambiental, la vulnerabilidad de nuestro aparato productivo en el marco de la política de libre comercio; la desesperanza y la rabia acumuladas en las mentes y corazones de millones de jóvenes marginados, el dolor de los padres al contemplar la suerte de sus hijos. En fin, toda una gama de temas y asuntos que deberían exponer los cabezotes de los periódicos, las parrillas de los noticieros, los posters de las diferentes redes sociales, pero brillan por su ausencia.

Así, los escasos dirigentes serios, los que estudian y expresan opiniones sobre lo que acontece y plantean alternativas que procuren cambios sustanciales dentro de las posibilidades de los actores y las realidades en las circunstancias vigentes no merecen la atención de los medios y menos del público.

Las noticias soslayan el terrible manejo de la hacienda pública y la sistemática entrega de nuestra riqueza por medio del creciente endeudamiento público y privado; nos convertimos en una nación que adelanta proyectos no para resolver necesidades de la población, sino para encontrarle al capital financiero una oportunidad de negocio; no se construye una carretera para facilitar la vida de la gente sino para hacer el cierre financiero de un fondo de inversión que no tiene cómo poner los enormes recursos que maneja; el manejo del medioambiente es una excusa para obtener un préstamo del BID y no para avanzar en tecnologías que suplan los combustibles fósiles o recuperen las enormes áreas deforestadas; el fracking no resulta una alternativa para resolver necesidades de demanda de petróleo, sino para ofrecer a los banqueros la oportunidad de colocar créditos a las compañías que se dedican a esta costosa actividad, a pesar de sus secuelas ambientales; la construcción de hidroeléctricas no tiene el propósito de suministrar energía eléctrica a costos razonables a la población, es un perfecto pretexto para tocar las puertas de los prestamistas internacionales; no se abre o cierra un hueco en Colombia que no se haga con recursos de deuda en dólares.

Aurelio Suárez, en un detallado análisis en su último trabajo tipográfico, SAQUEO, ofrece las cifras y los ejemplos en los recientes 30 años, que han montado lo que certeramente denomina un dolarducto que exprime la riqueza y el trabajo nacional.

Por otra parte, las redes sociales terminaron convirtiéndose en el vertedero de todo tipo de injurias y vituperios, mediante el uso de un lenguaje ultrajante que impide cualquier nivel de debate. La violencia involucrada solo es proporcional al tamaño de las mentiras a que se acude para deslegitimar a quien manifieste una opinión diferente. Hay quienes pretenden existir sobre la base de construir enemigos eternos, como si la realidad no mutara y excluyera nuevas prioridades.

Quienes en verdad pretenden contribuir a las transformaciones que la nación necesita deben persistir en el análisis juicioso de nuestras taras, de la nefasta dependencia de poderes ajenos a nuestros intereses y de la necesidad de juntar a las mayorías lesionadas, sin rótulos para que la esperanza no se pierda.

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