Muchos escuchan la frase, se indignan o la repiten, pocos se detienen a analizar por qué llegaría a conclusión tan contundente. Análisis de Luis Guillerm González

 - La política en Colombia está diseñada para robar

VIDEO. Puntos de vista. En Colombia, cada vez más se muestra que el señor Cepeda se cierra más en su dogmatismo, su doctrinarismo, y sigue ascendiendo poco, pero asciende. En la última encuesta aparece en segundo lugar De la Espriella, pero lejos, y luego la Paloma relativamente cerca de La Espriella, pero de tercera. El panorama no es bueno. El temor que me da y lo he manifestado públicamente es que el señor se pega en la primera vuelta. Es un tipo doctrinario y muy a la izquierda, totalmente a la izquierda.

 Quiero en esta oportunidad leer un análisis que hiciera el señor Luis Guillermo González, que es un ingeniero destacado aquí en un Medellín y creo que es muy competente para la situación actual del país.

Paso a leerlo:. La pregunta de está diseñada la política en Colombia para robar. El politólogo antioqueño Gilberto Todon ha repetido en múltiples escenarios una frase que aunque suena provocadora, encierra una profunda reflexión sobre la realidad del país. La política en Colombia está diseñada para robar. Muchos escuchan la frase, se indignan o la repiten, pero pocos se detienen a analizar por qué alguien llegaría a una conclusión tan contundente.

 Cuando uno revisa con detenimiento el funcionamiento de la política en Colombia, especialmente desde los municipios, empieza a encontrar pistas que explican esta afirmación. Hace muchos años, algunos municipios del país se enfrentaron una crisis fiscal por altas cargas prestacionales derivadas de la contratación directa de empleados públicos. Para aliviar esa presión financiera se impulsó una transformación del modelo de vinculación laboral en el sector público, la contratación por prestación de servicios. En teoría, esta medida buscaba aliviar las finanzas públicas, pero en la práctica terminó generando un nuevo mecanismo de control político. Desde ese momento comenzó a abrirse una brecha que permitió el fortalecimiento de clanes políticos y redes clientelistas. En muchos municipios ocurrió algo que hoy resulta casi normal. Los concejales empezaron a tener cupos de contratación entre las administraciones locales, es decir, dependiendo la votación obtenida, podrían recomendar o imponer personas para ser contratadas por prestación de servicio. En otras palabras, a mayor votación, mayor número de contratos.

Ese simple mecanismo cambió profundamente la lógica política local. Cuando un candidato a la alcaldía inicia su campaña, muchas veces no lo hace solamente con propuestas para la comunidad, también comienza a construir una coalición política basada en compromisos futuros, secretarías, contratos, posiciones dentro de la administración. Cuando finalmente ese candidato gana la elección, el primer paso es cumplir con sus acuerdos. Así se distribuyen secretaría, se entregan contratos y se pagan los labores políticos adquiridos durante la campaña. Desde ese punto el sistema empieza a deformarse porque la política deja de girar alrededor de las necesidades de la ciudadanía y pasa a girar alrededor de los compromisos políticos adquiridos para ganar las elecciones. Y surge la política inevitable. Si un alcalde representa un pueblo,

¿Por qué necesita repartir contratos o mermelada para que le aprueben los proyectos que beneficien a ese mismo pueblo? En teoría, los concejales también representan a los ciudadanos, pero en la práctica muchas decisiones terminan respondiendo más a intereses políticos que a necesidades colectivas.

Otro elemento que despierta sorpresa es el coste de las campañas. En muchos municipios pobres del país, candidatos, alcaldías o consejos invierten cantidades enormes de dinero para llegar al poder. Sin embargo, el salario que recibirá durante la durante el ejercicio de su función no alcanza a cubrir los gastos. Este es un círculo vicioso que retroalimenta la política desde los municipios y se aplica a nivel departamental y nacional. En síntesis, el país, como dijo el politólogo Tobón, está diseñado para robar. Hasta ahí Guillermo González,

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