Para muchos colombianos, las aves son apenas parte del paisaje: un sonido de fondo en las mañanas o una sombra fugaz que atraviesa el cielo. Pero para Mauricio Ossa y Niky Carrera Levy, las aves terminaron convirtiéndose en una causa de vida. Lo que empezó como una pasión compartida por la naturaleza y la fotografía terminó transformándose en uno de los movimientos de educación ambiental infantil más importantes del país: Guardián de las Aves, además de Birds Colombia, la empresa que pone a viajeros de todo el mundo a visitar Colombia.

La historia de esta pareja no nació en un laboratorio científico ni en una universidad extranjera. Nació entre montañas, cámaras fotográficas y caminatas de observación. Mauricio Ossa, publicista y fotógrafo de naturaleza nacido en Manizales, llevaba años vinculado al mundo de la comunicación y el mercadeo. Su carrera pasó por medios como Caracol Radio y RCN Radio, además de agencias como Havas Media. Paralelamente, desarrolló una profunda conexión con la observación de aves, al punto de convertirse en uno de los divulgadores más reconocidos del aviturismo en Colombia.

A su lado apareció Niky Carrera Levy, publicista, fotógrafa y estratega del proyecto. Con formación en comunicación y estudios enfocados en derechos humanos y competencias ciudadanas, Niky entendió rápidamente que Colombia tenía un tesoro ambiental gigantesco, pero también un problema: las nuevas generaciones estaban creciendo cada vez más desconectadas de la naturaleza.
Birds Colombia, la empresa con la que han puesto a ver aves a todo el mundo en Colombia
La historia de Birds Colombia no se gestó en un laboratorio científico ni en el despacho de un ministerio de ambiente; nació del cansancio de la rutina y del choque de dos caminos que necesitaban aire. En 2014, Niky Carrera Levy encontró en la observación de aves un refugio para conectarse con el mundo. Al año siguiente, en 2015, Mauricio Salazar experimentó el mismo llamado de la tierra. Cuando sus vidas se cruzaron en 2016, decidieron que el amor no se iba a quedar entre cuatro paredes, sino que se iba a medir en el cielo, fundando oficialmente la plataforma el 14 de marzo de ese mismo año con una idea que parecía una locura: registrar la belleza alada del país de las aves.
Pero el verdadero golpe sobre la mesa —el que convirtió el proyecto en un fenómeno de conservación y turismo de alto valor— llegó en 2021. La dupla mandó todo a la porra y se lanzó al Big Year Colombia, una travesía titánica que los llevó a recorrer los 32 departamentos del país durante 365 días seguidos. El resultado dejó a la comunidad científica con la boca abierta: registraron 1.473 especies, conectaron con comunidades rurales marginadas y entendieron que el aviturismo era la mejor herramienta económica para proteger los bosques. Ese viaje redefinió el propósito del negocio, dando paso en 2022 a Birds Colombia Experience, una agencia de viajes a la medida que hoy factura trayendo extranjeros a gastar dólares mientras miran el cielo colombiano.
Detrás del logo de la empresa hay un recordatorio doloroso: la silueta del Zambullidor Andino, una especie endémica de los Andes colombianos que se extinguió en 1977. Niky y Mauro metieron ese fantasma en su marca para no olvidar por qué se mueven. Hoy, con una comunidad sólida que incluye el programa "Guardián de las Aves" —el ejército de niños que ya armaron en las veredas desde 2019—, Birds Colombia demostró que la nostalgia y la biodiversidad son el motor perfecto para armar un imperio verde que cruza fronteras. Al final, ellos no solo venden tours; venden la promesa de que, bajo su guardia, ninguna otra especie se volverá a apagar en silencio.
El nacimiento de Guardián de las Aves
La idea tomó verdadera fuerza en 2018, durante la Feria Internacional de Aves de Sudamérica en Manizales. Mientras recorrían el evento, ambos notaron algo que terminó convirtiéndose en una preocupación constante: había expertos, fotógrafos y científicos de todas partes del mundo, pero casi no había niños involucrados en estos espacios. Fue entonces cuando entendieron que la conservación ambiental en Colombia necesitaba comenzar desde la infancia.

Así nació oficialmente Guardián de las Aves en 2019, una iniciativa educativa que buscó convertir a los niños en protagonistas de la conservación. No se trataba simplemente de enseñar nombres de especies o repartir cartillas ecológicas; la meta era mucho más ambiciosa: formar pequeños líderes ambientales en diferentes regiones del país.
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Desde entonces, el crecimiento del proyecto ha sido sorprendente. Según cifras de la organización, el movimiento ya ha impactado a más de 1.290 niños en 207 municipios de Colombia, promoviendo procesos de educación ambiental, observación de aves y apropiación del territorio. Además, han entregado decenas de kits pajareros con binoculares y guías de campo para incentivar el avistamiento en zonas rurales y urbanas.
Pero quizás lo más interesante del proyecto es la manera en que lograron mezclar pedagogía, turismo y conservación. Mauricio y Niky entendieron que Colombia no solo es uno de los países más biodiversos del planeta, sino también el territorio con mayor cantidad de especies de aves registradas en el mundo, superando las 1.960 especies. Un potencial gigantesco que durante años fue aprovechado principalmente por turistas extranjeros y científicos especializados.
Un movimiento que ya impacta al país
Con Guardián de las Aves, la apuesta fue distinta: hacer que los propios colombianos, especialmente los niños, aprendieran a valorar esa riqueza natural.
El impacto no tardó en sentirse. El proyecto comenzó a aparecer en encuentros de conservación, festivales de aves y eventos internacionales ligados al aviturismo. Incluso participaron activamente en jornadas como el Global Big Day, una de las iniciativas de observación de aves más importantes del planeta, donde Colombia suele ocupar los primeros lugares mundiales gracias a su biodiversidad.
En paralelo, Mauricio Ossa siguió consolidándose como una figura importante dentro del mundo de la observación de aves en el país. Su experiencia como fotógrafo y divulgador ambiental lo llevó también a ocupar cargos dentro de organizaciones ornitológicas regionales y a convertirse en una voz frecuente dentro de espacios relacionados con turismo de naturaleza y conservación.
Sin embargo, tanto él como Niky han insistido en que el verdadero centro del proyecto nunca han sido ellos. La prioridad siempre ha sido construir comunidad. Por eso, Guardián de las Aves funciona como una gran red nacional donde niños de departamentos como Risaralda, Antioquia, Putumayo, La Guajira o Meta pueden compartir fotografías, registros de especies y experiencias ambientales desde sus propios territorios.
La apuesta ha sido tan fuerte que incluso muchos colegios comenzaron a incorporar actividades de avistamiento dentro de sus procesos pedagógicos, entendiendo que la observación de aves también puede enseñar geografía, paciencia, ciencia y sentido de pertenencia.
Hoy, mientras el aviturismo se consolida como una de las grandes apuestas sostenibles de Colombia frente al mundo, Mauricio Ossa y Niky Carrera Levy siguen recorriendo el país con la misma idea que impulsó todo desde el comienzo: enseñar que proteger la biodiversidad no es tarea exclusiva de científicos o ambientalistas.
A veces basta con levantar la mirada al cielo, escuchar un canto entre los árboles y entender que la riqueza más grande del país sigue volando libre sobre nuestras cabezas.
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