La Operación Jaque: ¿una acción exitosa del ejército o un logro por la traición de un guerrillero?

El expresidente Santos, entonces Midefensa, niega la versión de alias Gafas ante la JEP que insiste en que alias César entregó a Ingrid y a los secuestrados

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septiembre 12, 2021
La Operación Jaque: ¿una acción exitosa del ejército o un logro por  la traición de un guerrillero?

Todo empezó a derrumbarse para Gerardo Antonio Aguilar Ramírez, conocido en las FARC como alias César, el 4 de febrero de 2008. Ese día, en Cúcuta, su novia y compañera de armas, alias Dora, con quien tenía un hijo, fue detenida por el ejército. A medida que la iba ablandando a punta del más férreo de los interrogatorios, Dora contó la cercanía que tenía con Gafas, quien se encargaba de cuidar a Ingrid Bentancourt y catorce de los secuestrados más valiosos que las Farc tenía en su poder.  Les dio coordenadas exactas, les detalló las condiciones que tenían en la jungla y su relato fue la base para que el gobierno Uribe, en cabeza de su ministro Juan Manuel Santos, empezara a planear la Operación Jaque. Esta  versión ha circulado hace varios años pero ahora el expresidente Santos, entonces ministro de Defensa del gobierno del Presidente Uribe, niega en  una conversación que tuvo con Ingrid Betancourt y que se transformó en el libro Una conversación pendiente, del sello editorial Planeta.

El 6 de marzo de 2020 cuando Martín Sombra, el hombre que tenía sobre sus hombros la misión de custodiar la totalidad de los secuestrados en poder de las FARC, y Alexander Farfán Suárez,  el otro carcelero de Ingrid, dieron su testimonio ante la Justicia Especial para la Paz (JEP), coincidieron en decir que consideraban a César un traidor. La historia, que trata de contradecir Santos, fue así:

El peor golpe que sufrieron las Farc arrancó en la madrugada del 2 de julio de 2008, cuando César se levantó antes de que el sol rompiera la selva. En un lugar del Guaviare el guerrillero metió la mano en un barril de agua y se restregó la cara con la palma mojada. Era el baño del guerrero. Antes del tinto cerrero y ahumado a leña era obligatorio ver cómo había amanecido Ingrid Betancourt, tres contratistas norteamericanos y 11 militares y policías que estaban en su poder. Sería un día largo. Ya le había llegado la información sobre su plan de ruta: cinco horas de camino para llegar a un punto de la selva donde una misión  internacional de la ONU y la Cruz Roja llevarían al campamento de Alfonso Cano a los secuestrados que llevaban 6 años en el monte. Todo se trataba de un plan del ejército. Desde hacía unos meses hasta la más banal de las conversaciones había sido interceptada.

A César lo ayudaba Enrique Gafas, quien era el encargado de pasar lista y se aseguraba del estado de salud de los que estaban capturados. Caminaron por la espesura de la selva y llegaron, en pleno mediodía, sedientos y magullados a un claro del bosque. Gafas y César, quienes les habían recomendado no llevar armas, fueron reducidos una vez entraron al helicóptero a punta de descargas de Taser. El resto de la historia ya la conoce el país.

En noviembre de 2008, cuatro meses después de la Operación Jaque, que fue celebrada por el presidente Álvaro Uribe, el ministro Juan Manuel Santos, el comandante de las Fuerzas Militares, Fredy Padilla y el comandante del Ejército Mario Montoya, la guerrilla envió un comunicado donde tildó de traidores a los dos hombres que tuvieron suertes disímiles. El 16 de julio de 2009, a las 4:30 de la mañana, fue extraditado a los Estados Unidos. Un año después, un juez federal de los Estados Unidos condenó a 27 años de prisión a César por narcotráfico. Primero fue encarcelado en una cárcel de máxima seguridad Ilinois y terminó en California, donde estará preso hasta 2031.

Gafas, por su parte, estuvo preso en la Picota y en julio de 2017 se acogió a la JEP en donde dio testimonio en marzo del 2020. Su principal estrategia fue la de desmarcarse de la versión de que había traicionado a las FARC y que la única responsabilidad del éxito de la operación Jaque recaía en la traición de César, testimonio que fue avalado por Martín Sombra.

Esta versión de la historia no solo está respaldada por los exguerrilleros que han buscado reducir sus condenas. Los emisarios europeos Noël Saez y Jen-Pierre Gontard también le dieron validez al testimonio sobre la entrega acordada de Gafas y César que fue revestida de estrategia militar y que habría terminado en una traición, algo que no ha caído bien en Juan Manuel Santos, quien ha insistido en que no se trató de una entrega sino de un plan milimétrico con el que lograron engañar el cerco de 300 guerrilleros y capturar a los dos carceleros.

Su versión saldrá en un libro que abrirá de nuevo la controversia. Mientras tanto César se apresta, en las próximas semanas, a entregar su versión en la JEP e intentar anular la condena que tiene en los Estados Unidos.

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