La nueva fuerza de la protesta social

"Para que la lucha se sienta necesitamos liderazgos más audaces, menos luchos y angelinos."

Por: Felipe Pineda R.
agosto 27, 2014
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La nueva fuerza de la protesta social
Foto: Archivo del Autor

A lo largo y ancho del territorio nacional, el magma en proceso de erupción se extiende bajo la superficie de una aparente quietud. Las reivindicaciones por el agua, la tierra, el trabajo, la salud y los servicios públicos en Colombia crecen día a día. El declive de la industria, la puesta en marcha de los tratados de libre comercio, la precarización del empleo, la usurpación de la tierra, el extractivismo minero y el latifundio insolente son los detonantes del auge que la lucha social ha experimentado en los últimos años.

La base de datos de Luchas Sociales-CINEP confirma dicho avance cronológico al registrar entre 1975 y 1990 una media de 476 movilizaciones sociales por año, 429 entre 1991 y 2001, y entre 2002 y 2008 contabiliza un considerable aumento, al llegar a una media de 643 por año (http://alturl.com/hvt7o). El último informe realizado por este Centro de Investigación titulado "Luchas Sociales en Colombia 2013" ratifica esa tendencia ascendente el año anterior al citar en su investigación un pico histórico de 1.027 protestas (http://alturl.com/a7vh7).

Si bien algunos atribuyen al cambio de discurso del gobierno de Juan Manuel Santos con respecto al de Álvaro Uribe Vélez tan considerable aumento en el número de protestas, también, de otro lado, es notoria la acentuada agresividad del modelo económico social que el país ha experimentado en los últimos cuatro años, lo que deja en evidencia que el doble juego libertades económicas y libertades democráticas/individuales ha entrado en su etapa de contradicción más profunda en la historia nacional.

La pluralidad de actores, la disimilitud de reivindicaciones, la peculiaridad de cada territorio, el avance del proceso de movilización ciudadana a nivel nacional en los últimos años, son algunos de los rasgos del proceso de lucha social en Colombia que avanza en su devenir hacia la construcción del sujeto político colectivo común.

Particularidades de los actores de la lucha social

La dinámica de los diferentes actores sociales es cambiante y diversa, como la Colombia federal que el centralismo representado por la tercera vía santista quiere borrar de tajo. El derecho a tener derechos ha cobrado valor en la misma medida que se han ampliado los recortes en los recursos para atender de las necesidades básicas. La lucha se ha convertido en el mecanismo de presión más efectivo de poblaciones enteras para lograr ciertos cambios por vía institucional.

La disputa por el territorio de indígenas, afrodescendientes y campesinos; el desplazamiento de comunidades enteras afectadas por la locomotora hidro-energética y minero-energética; el desconocimiento desde lo jurídico de la consulta previa para definir las áreas ambientales protegidas; el histórico despojo de la tierra sumado al desplazamiento forzado de miles de conciudadanos, que conforman el grueso de la población víctima del conflicto armado, son algunos de los problemas más relevantes que le dan vida a este proceso de emancipación social de raigambre rural.

La pelea por satisfacer necesidades básicas que gira en torno a la vida digna como agua potable, luz, alimentación, infraestructura física y educación constituyen la base principal de las manifestaciones que se desarrollan en las zonas urbanas del país. La lucha social, históricamente relacionada con lo que otrora se llamaba la clase obrera y el campesinado, en estos últimos años se nutre de una base cada vez más diversa y plural, más nodal y menos vertical que persigue reivindicaciones cada vez más específicas.

Ambientalistas, animalistas, LGBTI, artistas, grafiteros y tribus urbanas expresan ese nuevo universo de particularidades que configuran nuevas ciudadanías que no se conciben desde la lógica de la lucha de clases sino desde la búsqueda de autonomía, igualdad y libertad.

Aunque muchas de estas exigencias convergen en la misma dirección, existen diferencias y particularidades que se incuban a nivel regional. Sin embargo las demandas de quienes las realizan tienen en común el rechazo a las políticas sociales y económicas del gobierno nacional, quien mediante argucias ha querido eludir discusiones de índole estructural y evitar responder la siguiente pregunta: ¿Realmente tiene sentido seguir empecinado en contener la discusión del modelo social y económico actual?

Los últimos años de movilización social

Esta ola creciente de protestas ha permitido que el conglomerado social actual haya experimentado un resurgir sin precedentes en la movilización, que ha superado con creces al proceso de convergencia iniciado en el paro del 14 de septiembre de 1977 que culminó con la creación de la CUT en 1986.

Los últimos años de lucha social han dejado como resultado una fértil cosecha de nuevas organizaciones, lo que hace posible soñar con un proceso político social sólido desde la base, con autonomía suficiente para poner en entredicho el monopolio de la política partidista y la lucha por el poder netamente electoral.

El descrédito de los partidos políticos en la opinión pública ha jugado a favor de este ascenso vertiginoso, permitiendo a la ciudadanía respaldar a nuevos actores, no proselitistas, que intentan fracturar las estructuras de dominación imperantes.

Este momento ha consolidado un núcleo diverso de luchas sociales acentuado con más fuerza en los últimos 4 años, representado en fuerzas reivindicativas como la MANE en el sector estudiantil; la Mesa Nacional Agraria y Popular de Interlocución y Acuerdo MIA, la Cumbre Nacional Agraria: Campesina, Étnica, y Popular y las llamadas Dignidades en los asuntos concernientes al campo; la aparición de la Marcha Patriótica MP, el Congreso de los Pueblos, el Movimiento Alternativo Indígena y Social MAIS y el resurgir de la Unión Patriótica UP como contrapesos socio-políticos a la institucionalidad partidista.

Las manifestaciones estudiantiles de 2011 y el paro agrario de agosto de 2013 reunieron parte de esa nueva realidad que avanzó hacia la concreción de políticas públicas presionadas por la movilización social, pacífica y articulada. La reciente oleada de paros cívicos que tuvo lugar en los departamentos de Nariño, Cauca, Huila, La Guajira y el Urabá antioqueño ratifican que la movilización social sigue canalizando el descontento hacia las políticas regresivas contra los derechos económicos, sociales y culturales llevadas a cabo por el gobierno de Juan Manuel Santos. Estas expresiones permiten a futuro configurar y empoderar un bloque de carácter popular, socio-transformador, con opciones reales de poder que supere la lógica verticalista de las colectividades que yacen inmersas en la lucha electoral.

La articulación de la movilización para el cambio social: en búsqueda del sujeto político colectivo

Estos años han sido bastante fecundos en esparcir el germen social en el amplio escenario del territorio nacional. Este conglomerado en proceso de gestación, ha demostrado capacidad para lograr conquistas sociales y avanzar en la consciencia de que todo este conjunto de inconformidades tiene un origen estructural relacionado con la aplicación de la gran agenda neoliberal.

Estos múltiples protagonistas de la lucha social en Colombia deben confluir y, en la medida de lo posible, convertirse en el verdadero frente amplio, con la fuerza suficiente para presionar por reformas al gobierno central, ganar capacidad para enfrentar contiendas electorales futuras y mantener una vocería y agenda propia, no sometida a la burocracia partidista o a los vaivenes de la mesa de negociación Gobierno-FARC o Gobierno-ELN.

La expansión de este magma hará posible que ese universo amplio de descontentos logre ser canalizado por una fuerza unitaria que dé vida a nuevos sujetos socio-políticos, a un nuevo bloque capaz de cimentar una subjetividad política colectiva que prefigure una identidad conjunta en función del cambio social. La socióloga argentina Isabel Rauber define este proceso en los siguientes términos: "La convergencia supone, a la vez, la construcción de una subjetividad colectiva común, que es la que –en determinado momento‑posibilita superar lo sectorial-corporativo y obrar colectivamente por objetivos sociales". (Rauber, 2013).

Dicha transición emancipadora deberá ser jalonada por el movimiento social sin prescindir de los partidos políticos del campo alternativo. Se requiere avanzar en la unión de fuerzas parlamentarias y extraparlamentarias para imponerse al dilema reformismo versus revolucionarismo presente históricamente en la lucha social. Vencer viejos vicios como el grupismo, las miradas sectoriales y la ortodoxia es un quehacer difícil, más no imposible.

Para cristalizar este deseo colectivo se requieren, sin duda, liderazgos más comprometidos y menos acomodados, más audaces, genuinos, prácticos y con visión de futuro. Es preciso prescindir de los luchos y angelinos en los niveles de dirección, se necesitan más timoneles como Miller Dussan, Alberto Castilla, Tatiana Roa, Iván Cepeda, Alejandra Barrios, Mayerly Angarita, Fernanda Espinosa, Marilyn Serna, Feliciano Valencia, Luis Orlando Arias, Cesar Jeréz, Andrés Gil, Hubert Ballesteros, Boris Duarte, Sergio Fernández, entre otros y otras, al frente de este barco social que navega en las aguas turbulentas de la dominación, los privilegios y el saqueo

@pineda0ruiz

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