La tranquila soledad de Gustavo Angarita

Refugiado entre sus libros y los discos de música clásica el veterano actor reverdece en la serie La De Troya

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octubre 20, 2019
La tranquila soledad de Gustavo Angarita

El veterano actor Gustavo Angarita regresa a la televisión colombiana con la serie La De Troya, una producción de RTVC que se emite por internet. A continuación revivimos esta entrevista que le hizo el periodista Enrique Trheebilcock en su casa del barrio Galerías:

Gustavo Angarita está entre los grandes de la actuación colombiana con papeles inolvidables como el de Rasputin y el cura de la Estrategia del caracol. Tiene peso para opinar sobre lo que está pasado en la televisión que recorre de canal en canal. En los últimos años se le ve más en teatro y en cine que en tv. Su siguiente proyecto será Las ausencias, obra de teatro sobre los primeros capítulos de Cien Años de Soledad, dirigida por Esteban García, sobrino del nobel.

Angarita

Angarita encarna a Mario Gómez, uno de los mineros más longevos en la película Los 33

Junto a Juan Pablo Raba fue uno de los actores colombianos en Los 33, película de Hollywood que cuenta el drama de los mineros chilenos que en 2010 se quedaron atrapados en una mina. La cinta fue rodada en inglés, idioma del que el actor no habla una sola palabra.

-¿Y cómo hizo entonces?

-A la brava, diciendo las cosas sin pensar. Pues entendía la intencionalidad de lo que quería decir y como el lenguaje es universal, con la sonoridad y la musicalidad de la palabra podía transmitirla… Si la gente lo entendía pues era porque lo imité bien pero yo no sentía que estuviera diciendo nada. Fue incómodo.

Estaba en Hollywood, y no se dio cuenta “Cuando estás metido en una catacumba en Nemocón varios metros bajo tierra es difícil darte cuenta de eso”. Ni se imagina lo que otros harían por compartir set con Antonio Banderas “¡Ay! Por cierto, un señor muy querido él”.

También ha participado en filmes como Encerrada o Sofía y El Terco, esta última junto a Carmen Maura, la primera Chica Almodóvar “Ella casi que ni actuaba. Su personaje no decía una sola palabra en la película y era profundamente elocuente”.

Es de los pocos actores que disfruta hacer casting. Además de que él también le está haciendo su propio casting al papel, es el único momento donde puede manejar el personaje con libertad porque después se acomoda a las preferencias del director. Prefiere hacer escenas largas que segmentadas. Cuando se hacen segmentadas, aunque sea más fácil memorizar textos cortos, no hay mucho espacio para crear atmósfera. Para Gustavo Angarita no hay mucha diferencia entre actuar en una película de Hollywood junto a Antonio Banderas que hacerlo en cortometrajes universitarios producidos por estudiantes, los cuales realiza con frecuencia.

Lleva más de 30 años viviendo en la misma casa del barrio Galerías. Allí vivió con su esposa Margarita de Castro y creció su único hijo, el también actor Gustavo Angarita Jr. Hoy la música clásica es el sonido permanente en el sitio. Con sinfonías de fondo, recibe visitas en el estudio cuyas paredes están forradas por decenas de libros amarillentos separadas entre sí por los premios que ha recibido. Puede empezar hasta ocho libros al mismo tiempo pero muchos quedan sin terminar. No le alcanzaría la vida si quisiera leerlos todos.

-¿Para qué sirve tanto premio?

-Para adornar la biblioteca.

Si le profesara fidelidad a algún programa, sería al noticiero que se cruce por su televisor a las 7. Alfonso Cano era estudiante de sociología cuando Angarita hacía lo propio con Filosofía, y a Camilo Torres también debió cruzárselo por los pasillos de la Universidad Nacional. “No hay posibilidades de que ganen una guerra. Una guerrilla con más de 50 años es una aberración política, no tiene conveniencia ni para ellos, ni para el resto el país. Esto tiene que acabarse”.

-¿Ha visto alguna vez los debates del congreso? Son muy teatrales.

-Sí. Cada debate es una tragedia o una comedia, pero es teatro del malo.

-¿Cree usted que los políticos son actores?

-Tienen un modo de expresarse muy peculiar, un lenguaje particular, unas intenciones que se adivinan y que sería muy bueno llevar a escena. Aunque en ese sentido todo el mundo es actor.

Gracias a la actuación ha sido desde mendigo hasta congresista y presidió una de las corridas de toros que tanto odia. Fue padre de Carlos Vives y esposo de María Eugenia Dávila, a quien le tuvo un gran afecto “Era primorosa, pero muy descuidada. Pensaba que el tiempo era infinito”. Da testimonio que de la actuación se puede vivir dignamente. Él lo hizo durante toda su vida y hoy vive gracias a los ahorros de aquellos años. “Yo me auto pensioné”.

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-¿Entonces por qué a los actores les toca difícil?

-Lo más grave es el desempleo, que no haya una regularidad laboral pero sí se puede vivir de la actuación. Yo me hice actor entre otras porque era una forma de subsistir. Desde cuando estaba en el Teatro Popular de Bogotá me daba para vivir.

-Si la reencarnación existe, ¿Usted volvería a ser actor?

-No sé, sería como periodista. Es que yo no escogí ser actor, eso empezó como una terapia que se terminó volviendo oficio.

Sus noches trascurren entre canales nacionales e internacionales, y de vez en cuando se adornan por melodías de las emisoras de las universidades nacional y javeriana, mientras el somnífero hace su efecto. Por las mañanas hace ejercicio. Va al Bodytech de la 63 o al de la 102, siempre en busca de clases. Los martes a las 8 hay una pero no va por pereza, prefiere la del viernes a las 10. También practica Yoga y Pilates en una academia cercana. Acaba de descubrir una nueva que le ha gustado mucho y mañana temprano librará otra batalla contra la pereza por estar en clase de 9.

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