La noche de San Juan, la retoma de Cartagena

En diciembre de 1815, la ciudad sucumbió tras el asedio de Morillo. Sin embargo, el 24 de junio de 1821 se recuperó y marcó la fecha de su liberación definitiva

Por: ALFREDO VILLALBA BUSTILLO
Enero 11, 2019
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La noche de San Juan, la retoma de Cartagena

Después del desastre de 1815, cuando la plaza de Cartagena fue evacuada por los patriotas, poco a poco fueron estos recobrando el dominio de los contornos de aquella. En julio de 1820, por ejemplo, el general Mariano Montilla informa que “mis avanzadas llegan al pie de la popa, porque tengo colocada mi caballería en Ternera, y en toda la semana entrante quedarán cubiertas las avenidas de la Boquilla y Ciénaga de Tesca, como también las del Albornoz, Pasacaballos, Cospique y Mamonal…”.

Pero es en abril de 1821 cuando se abren en firme las operaciones del ejército patriota para reconquistar a Cartagena. El gobernador español, Gabriel de Torres y Velasco, en proclama dirigida ese mes a los españoles de ambos hemisferios residentes de la ciudad, les pide inscribirse en las listas militares si no quieren ser calificados de indignos. Por su parte, el 20 de junio de aquel año, el general Montilla da cuenta desde Turbaco al vicepresidente Santander que se han adelantado las posiciones de la bahía y le anuncia que las fuerzas patriotas la ocupan exclusivamente en toda su extensión. Manifiesta así mismo que el enemigo sitiado no tiene carne sino para el mes citado y para el mes citado y para algunos granos para julio.

Llega por fin la noche del 24 de junio, más conocida con el nombre de la noche de San Juan. El coronel José Prudencio Padilla, más tarde Almirante Padilla, situó la escuadrilla a su mando en Manzanillo desde las 8 de la noche. A las 12 se retiró la ronda para ser relevada, y aprovechando esa oportunidad —manifiesta el bravo marino— seguí sus aguas hasta llevar al enemigo el estrago, la muerte y el espanto. Lo horroroso del combate, que se empeñó a lanza y espada —dice Padilla a Montilla en relato suscrito desde Cospique— precipitó a la muerte a más de cien soldados enemigos con tres de nuestros bravos, quedando heridos 18 dignos hijos de la patria.

El coronel y conde sueco Federico de Adlercreutz, rindió el parte que le correspondía como jefe de la vanguardia de tierra. Uno de sus oficiales tenía la consigna de lanzar un volador inmediatamente oyese el primer tiro en la bahía, y luego que se hubiese contestado a la serial dos veces, de hacer alarma bajo las murallas de Santa Catalina para atraer la atención del enemigo a aquel punto. Anota allí el Conde que otro destacamento, con el mismo fin, fue mandado al Espinal.

Como puede observarse, las fuerzas patriotas de mar y tierra habían concertado un plan de ataque conjunto. Adlercreutz narre que a las 12 de la noche se produjo una exhalación que él tomó por un volador de las fuerzas sutiles.  Engañado por tal fenómeno, a su turno lanzó él, desde la subida de la Popa, un volador y mandó un destacamento de caballería al pie del Castillo de San Felipe. El Cerro, Santa Catalina y el Reducto rompieron seguidamente fuego, dirigido contra las huestes patriotas. Las operaciones concluyeron con resultados favorables para el ejército libertador.

Las fuerzas peninsulares no entregaron de inmediato la plaza. Un mes más tarde fueron capturadas las provisiones que venían con destino a los españoles, que así veían empeorar su situación. Siguieron las intimaciones de Padilla, comandante de las fuerzas sutiles, y del coronel Luis de Rieux, jefe de Estado Mayor, dirigidas al gobernador Torres para que se rindiese, y las respuestas de éste negándose a hacerlo.  Posteriormente se efectuaron las negociaciones entre Mantilla y Torres para la capitulación del segundo y, finalmente, la ocupación de la plaza por las tropas patriotas el 10 de octubre.

Así como, el 5 de diciembre de 1815 Cartagena sucumbía tras el tremendo asedio de Morillo, el 24 de junio de 1821, en su gloriosa noche de San Juan, marcó la fecha de su liberación definitiva.

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