Opinión

La música, ¿para qué?

Por:
Abril 20, 2015
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¿Para qué la música, en realidad, si no se come, no hace carreteras, no arregla la pobreza ni garantiza servicios de salud? ¿Para qué, además, la música clásica, si como dijo un profesor, ya la mayoría de los que uno toca están muertos?

Son buenas preguntas, en realidad. Y, cuando uno le dedica tiempo a la música, uno les agrega otras como ¿para qué esto tan difícil, tan esclavizante (en el mejor pero más real sentidos) que se va si lo dejo unos días? ¿Para qué además, si siempre hay un niño asiático, gringo o europeo que lo hace tanto mejor que yo?

Creo que son preguntas tontísimas, pero vale la pena recordarlo. La música no hace carreteras pero construye puentes, no es comida, pero alimenta y no es salud, pero cura. Y no, solo música no basta, pero todo es mejor con música.

Es mejor un paseo en carro con música y cantando que en silencio (casi siempre), es mejor bailar que no bailar, es delicioso enamorarse con una canción y es un gran consuelo oír una canción triste y pensar “wow, yo también”.

Pasa, sobre todo en la música clásica, que una melodía retrata un sentimiento profundo e íntimo que no se podría poner en palabras. Que el desarrollo de una sonata refleja una turbulencia que hemos sentido o sentimos, y que la reaparición del tema es un anticipo o la esperanza de que al final está la luz. Pasa que un final dramático (lleno de trémulos y notas graves) solo nos recuerda que sí, que así es la vida: bellísima y dramática, pero como en muchas óperas, entretenida, algo ridícula y que es mejor reírse que tomársela tan en serio.

Pero lo mejor, creo, es que la música nos recuerda que somos — los humanos— maravillosos. Seremos mil cosas y tendremos mil defectos, pero alguien genéticamente igual a usted o a mi escribió Don Giovanni o El día que me quieras y, se pone mejor, hay gente que revive estas obras a diario y que dedica su vida a eso. ¿Increíble, no? Increíble pensar que lo más divino es tan humano.

La música es prueba de que esa otra persona es como yo. Tiene miedos como los míos, alegrías como las mías, y tristezas como las mías. No es que la música arregle todo, ni mucho menos. Pero hace la vida más llevadera. ¡Qué viva la música! (A pesar de que ese libro no me encantó —sí, quémenme en la hoguera—).

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