Opinión

La moral de la Morales

“La defensa del silencio” no es otra cosa que perpetuar la violación sexual contra las Mujeres si seguimos cosificando la responsabilidad en un tercer pronombre personal sin rostro. Él.

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enero 27, 2018
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La moral de la Morales
Los ríos de lágrimas contenidas en el dique del miedo y el silencio han ayudado a que los hombres sigan imponiendo su supuesto poder hormonal. Imagen: Caracol/Youtube

Todo cuanto se ha dicho de un escándalo que aún no lo ha sido y todo lo que se supone de él (sin mayúscula), es propio de esta sociedad acostumbrada a callar, juzgar y olvidar. No vale la pena entrar en los detalles de la columna-denuncia de la Periodista (la Señora) y de lo que de su publicación se ha desprendido, así como del inexpugnable blindaje del Él (ahora sí con mayúscula).

Desde que las hormonas masculinas se hicieron célebres en la evolución de la naturaleza humana y con ellas, dominantes y arbitrarias, aparecieron todas las cosas buenas y malas que la “civilización de la testosterona” ha construido hasta ahora.

La vanidad masculina construyó imperios, destruyó imperios, conquistó continentes enteros y arrebató la tranquilidad de medio mundo desconocido en nombre de la ambición y la fe.

Mientras, de lado como en soslayo y en un mutismo condicionado por los tiempos, la sencillez femenina encarnada en la Mujer acompañó a esa vanidad prepotente y altanera que moldeaba a una geografía planetaria desde su virilidad sanguínea y cruel.

Muchos ríos de lágrimas han corrido por culpa de la “civilización de la testosterona” desde que éramos sapiens hasta estos tiempos y no pararán de correr y morir en el mar de la indiferencia y el olvido, cada vez que se abusa de una Mujer. También, esos ríos de lágrimas contenidas en el dique del miedo y el silencio han ayudado a que los hombres sigan imponiendo su supuesto poder hormonal.

Entonces romper el silencio por parte de las Mujeres sobre el abuso sexual y la violencia rampante desde la “civilización de la testosterona”, no es suficiente con gritarlo valientemente sino también, hay que desnudar al “sapiens” que se pasea con su verga erecta y triunfante por la pradera.

El mismo argumento del miedo a las consecuencias, el ejercicio del poder omnímodo y la peligrosidad del violador frente a la víctima femenina ha sido la excusa histórica del silencio de muchas Mujeres que no debemos seguir permitiendo como sociedad de derechos.

 

No basta un solo caso, o que una Mujer tenga la oportunidad de acceso
a difundir su denuncia a medias
y que medio país se entere de su tragedia guardada en el dolor del silencio

 

 

No basta un solo caso, o que una Mujer tenga la oportunidad de acceso a difundir su denuncia a medias y que más de medio país se entere de su tragedia guardada en el dolor del silencio. Hay miles, ha habido millones de Mujeres abusadas por la “civilización de la testosterona” y que no han tenido la oportunidad de la Señora Morales de denunciar su silencio. Porque en últimas como Ella misma lo define en un abierto contrasentido: “la defensa del silencio” no es otra cosa que perpetuar la violación sexual contra las Mujeres si seguimos cosificando la responsabilidad en un tercer pronombre personal sin rostro. Él.

Y peor.

Darle “papaya” a un País dividido, mezquino, con ansiedad de caníbal en huelga de hambre y que, por cualquier motivo, ejerce el infinito y malparido derecho a cagarse en los demás. ¡cristianos para los leones!

Defender el silencio valía esta vez con más silencio y no con la justificación de exponer lo que la mayoría sabemos: que el poder producido por la “civilización de la testosterona” y el poder enrostrado en un ser de carne y hueso, que sabe que su virilidad ansiosa y abusiva, compra silencios con lo que su encarnación representa, aquí y en la Conchinchina.

¿Y quién es Él?

Hay otras señoras Morales -con otra moral- que quizá tengan el valor suficiente para hacer la denuncia y romper el silencio.

Lo que debemos defender desde cualquier trinchera hormonal y de pensamiento en donde estemos, es el sagrado derecho para condenar y denunciar a los abusadores y proteger a quienes han sido víctimas de la violencia sexual, ejercida en cualquier sentido, porque de lo contrario; sería una clara y profunda atrocidad perpetuada en nombre de la “civilización de la testosterona”.

Coda: “Nadie es más arrogante hacia las mujeres, más agresivo o desdeñoso, que el hombre que se siente ansioso respecto a su virilidad.” Simone de Beauvoir (1908-1986).

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