En muchas carreteras del país, la primera referencia urbana no fue una iglesia ni una plaza, sino una estación de gasolina. Durante décadas, para miles de viajeros y transportadores, Terpel se convirtió en sinónimo de presencia estatal donde el Estado no llegaba. Esa red que hoy cubre casi todo el territorio colombiano tuvo un origen modesto, lejos de los grandes centros financieros, y una historia marcada por decisiones políticas, empresariales y familiares que terminaron conectando a Bucaramanga con Santiago de Chile.
La historia de Terpel comienza en 1968, cuando Ecopetrol decidió crear un sistema privado de distribución de combustibles para atender regiones que no resultaban atractivas para las multinacionales del sector. En Santander, una de las zonas más afectadas por el desabastecimiento, nació Terpel Bucaramanga. El proyecto contó con el impulso del papá de Luis Carlos Galán Sarmiento, Mario Galán Gómez, un santandereano con amplia trayectoria en la vida pública y empresarial, que había sido gerente de Ecopetrol y promotor de iniciativas clave para el desarrollo regional.

La idea era sencilla pero ambiciosa: llevar gasolina y gas a los rincones más apartados del país, incluso allí donde no existían carreteras pavimentadas ni mercados consolidados. La primera empresa comenzó a operar con apenas seis empleados y una veintena de estaciones afiliadas. Sin embargo, el modelo de autonomía regional y la participación conjunta de Ecopetrol y socios privados permitió una expansión acelerada.
Durante las siguientes dos décadas surgieron Terpel Centro, Antioquia, Norte, Sur, Sabana y Occidente. A comienzos de los años noventa, el sistema de “los Terpeles” ya tenía presencia en 23 departamentos y se había ganado una reputación singular: se decía que había una estación Terpel “donde ni un cura llegaba”. La frase resumía su alcance territorial y su cercanía con comunidades históricamente desatendidas.
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De red regional a organización nacional
En 1993, Ecopetrol tomó una decisión que cambiaría el rumbo de la empresa: vender su participación en las compañías regionales. Cuatro años después comenzó el proceso de integración de esas siete firmas en una sola estructura empresarial. La planta de lubricantes de Terpel Bucaramanga se convirtió en el eje de una modernización tecnológica que preparó el terreno para un salto mayor.
El cambio definitivo llegó en 2001 con la creación de la Sociedad de Inversiones en Energía (SIE) y el nacimiento formal de la Organización Terpel. Bajo la presidencia de Juan Guillermo Serna, la compañía inició una etapa de crecimiento enfocada en ganar participación de mercado y consolidar su marca a nivel nacional. Por primera vez, los Terpeles regionales dejaron de competir entre sí y comenzaron a operar como un solo grupo.
A mediados de la década siguiente, la empresa cruzó fronteras. En 2006 adquirió estaciones en Ecuador y un año después entró a Panamá. En 2008 compró la red de gas natural vehicular de Gazel, lo que le abrió las puertas de México y Perú. La fusión definitiva de las antiguas empresas regionales se formalizó en 2009, cerrando el capítulo de la dispersión territorial.

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Copec se suma a la ecuación de Terpel
En 2010 se produjo otro hito: el ingreso de la chilena Compañía de Petróleos de Chile (Copec) como accionista mayoritario (58,51%). Con una inversión inicial de cientos de millones de dólares, el holding chileno encontró en Terpel una plataforma ideal para su expansión internacional, junto con otros socios minoritarios entre los que aparecía la familia del expresidente chileno Sebastián Piñera que vendió su parte el pasado 30 de diciembre. La cobertura nacional, el reconocimiento de marca y la estabilidad jurídica del país hicieron de Colombia una apuesta estratégica.
Desde entonces, Terpel amplió su portafolio con servicios complementarios, tiendas de conveniencia, autolavados y formatos orientados al transporte de carga, motos y aviación. En 2014, la inscripción de la acción en la Bolsa de Valores de Colombia marcó el cierre del proceso de integración y reorganización empresarial iniciado más de una década atrás.
Hoy, la empresa opera más de 2.000 estaciones de servicio, tiene una participación cercana al 40 % del mercado colombiano y mantiene presencia en varios países de la región, aunque algunas operaciones internacionales han sido vendidas o reestructuradas en los últimos años. Controlada mayoritariamente por capital chileno, Terpel sigue siendo una de las compañías más reconocidas por los colombianos, con contacto diario con más de un millón de personas en carreteras y ciudades.
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