Uno de los sectores más importantes de Cartagena comenzó a transitar hacia una nueva etapa. En septiembre pasado, se inició oficialmente la construcción de la nueva sede de la Institución Universitaria de Bellas Artes y Ciencias de Bolívar (Unibac), en La Matuna, obra que hace parte del proceso de transformación de este sector del Centro Histórico amurallado.
La renovación de La Matuna está relacionada con proyectos promovidos por la Gobernación de Bolívar, liderada por Yamil Arana, y la Alcaldía de Cartagena, encabezada por Dumek Turbay. Ambas administraciones han planteado intervenciones para recuperar espacios que durante años estuvieron deteriorados.
De ese modo, la alianza busca devolverle al sector parte de la importancia que tuvo dentro del desarrollo urbano de la ciudad.
La Matuna tiene una historia particular. El sector fue uno de los escenarios de la modernización de Cartagena durante la década de 1950. Allí, funcionaron los Talleres Mogollón y el almacén Magali París, que posteriormente dio paso a establecimientos comerciales de gran importancia para la ciudad.
En ese lugar también se instalaron las primeras escaleras eléctricas que tuvo Cartagena.
Mientras la ciudad amurallada conservaba su arquitectura colonial, La Matuna comenzó a consolidarse como un espacio asociado con una Cartagena más moderna.
En sus alrededores. se concentraron consulados, oficinas corporativas, notarías, entidades financieras y sedes bancarias.
Historia de la construcción de la Matuna

Foto Archivo Particular
Por esos días, el entonces alcalde de Cartagena, Vicentico Martínez, conocido como “Don Vizo”, impulsó la idea de descongestionar el Centro Histórico amurallado y abrir nuevos espacios para el crecimiento de la ciudad.
En ese momento, el lugar estaba relacionado con un antiguo playón por donde había funcionado el caño San Anastasio. También pasaban los rieles del extinto ferrocarril. A partir de las decisiones tomadas durante ese periodo, comenzó un proceso de urbanización que contemplaba un área cercana a los 60.000 metros cuadrados.
La construcción de La Matuna no ocurrió de golpe. Fue un proceso fragmentado, desarrollado en distintas etapas a lo largo del siglo XX, que transformó paulatinamente el sector hasta darle la fisonomía que hoy lo caracteriza.
Uno de los símbolos de esa transformación fue el edificio de los Talleres Mogollón. Con sus cuatro pisos, la construcción rompió con los patrones de la arquitectura tradicional de Cartagena y se convirtió en una señal de cambio: la imagen de una ciudad que empezaba a dejar atrás sus formas conocidas para abrirle espacio a la modernidad.
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Lamentablemente, el esplendor de La Matuna languideció con el paso de los años. Poco a poco, el sector comenzó a deteriorarse. Las diferentes administraciones no mantuvieron el mismo ritmo de inversiones y aparecieron problemas relacionados con el alcantarillado, el espacio público y la informalidad.
A esta situación se sumó el cambio en la vocación de la zona. La Matuna dejó de ser principalmente un eje administrativo y comenzó a recibir nuevas dinámicas relacionadas con el turismo y el comercio . El deterioro de algunos edificios terminó profundizando la percepción de abandono.
Uno de los hechos que marcó el final de una etapa comercial fue el cierre del Éxito de La Matuna, ocurrido el 15 de agosto de 2026. El establecimiento había funcionado durante más de medio siglo en este sector del Centro Histórico. Su cierre significó el fin de una actividad que durante décadas hizo parte de la cotidianidad de los cartageneros.

Foto: Alcaldía de Cartagena
Ahora, la intención de las autoridades es darle una nueva oportunidad a La Matuna. Dumek Turbay, desde la Alcaldía de Cartagena, impulsa el proyecto denominado “Mercadito de La Matuna”, mientras que la Gobernación de Bolívar acompaña la transformación de otro de los inmuebles emblemáticos del sector.
El antiguo edificio de Cines La Matuna es uno de los espacios incluidos en los planes de recuperación. La propuesta consiste en convertirlo en un mercado urbano contemporáneo de dos plantas, climatizado y con una orientación comercial y cultural.
El inmueble lleva más de dos décadas sin funcionar y durante sus años de actividad fue un punto de encuentro para los cartageneros. Su diseño respondía a una arquitectura moderna y buscaba proyectar una imagen diferente dentro del sector.
De acuerdo con los planes anunciados, el nuevo espacio daría a artesanos y mujeres emprendedoras. La inversión estimada sería de $12.000 millones, recursos de libre destinación liberados del Fondo de Pensiones de Cartagena, Fonpecar. Hasta ahora, las obras del Mercadito no han comenzado.
Mientras tanto, otros trabajos sí avanzaron en el antiguo edificio de la Lotería de Bolívar, estructura de diez pisos que durante años permaneció abandonada. Su fachada mostraba el deterioro del paso del tiempo, mientras los ventanales y espacios interiores reflejaban la falta de uso.
La nueva sede de la Unibac La Matuna

Precisamente, en el antiguo edificio de la Lotería de Bolívar se desarrolla uno de los proyectos que busca cambiar la imagen del sector. Allí, se está construyendo la nueva sede de la Institución Universitaria de Bellas Artes y Ciencias de Bolívar (Unibac).
El proyecto contempla un edificio destinado a la formación académica y artística, con auditorios, laboratorios de informática, talleres de diseño industrial, aulas audiovisuales, galería de arte, restaurante universitario y una terraza con vista de 360 grados.
La nueva infraestructura permitirá ampliar los espacios disponibles para los estudiantes y fortalecer la presencia de Unibac en La Matuna. La institución tiene en la rectoría a Sacra Náder David y espera que la nueva sede beneficie alrededor de 4.000 estudiantes.
Para la construcción, equipamiento e infraestructura del edificio fue autorizado un crédito de hasta $30.600 millones.
La obra es gestionada por la Gobernación de Bolívar y la rectoría de Unibac. Si el cronograma avanza de acuerdo con lo previsto, la nueva sede estaría lista para su inauguración a finales de 2027.
La Matuna vuelve a mirar hacia el futuro, aunque las huellas de su pasado sigan ahí, entre edificios que alguna vez fueron símbolo de progreso y espacios que esperan recuperar su lugar en la vida de Cartagena.
Donde hubo oficinas, bancos, almacenes y salas de cine, ahora se proyectan aulas, talleres de arte y un mercado para artesanos y emprendedores. La apuesta es que la cultura y el comercio vuelvan a llenar de movimiento sus calles y que los cartageneros encuentren nuevas razones para recorrerlas.
La transformación apenas comienza: el reto será convertir los anuncios y las obras en una renovación que se sienta en las fachadas, en los negocios y, sobre todo, en la vida cotidiana de quienes habitan la ciudad.
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