La masacre de Llano Verde y el escalamiento del fascismo en Colombia

"El agravante está en que los muertos son negros e indígenas, habitantes de zonas rurales afectadas por precariedades causadas por la desigualdad e inoperancia estatal"

Por: Carlos Manuel Zapata Carrascal
agosto 14, 2020
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La masacre de Llano Verde y el escalamiento del fascismo en Colombia
Foto: Twitter @JorgeIvanOspina

Increíble, pero cierto. La reciente escalada de masacres de jóvenes, siendo la más reciente la perpetrada el barrio caleño de Llano Verde, ha sido minimizada por la manipulación mediática, sobredimensionando el caso judicial del expresidente Uribe y generando confusión para inducir a la necesidad de fortalecer la seguridad en contra de enemigos internos asociados con la invención de la toma del poder por parte del comunismo castrochavista.

Estamos inmersos en condiciones en donde aplica el aporte del documentalista inglés Adam Curtis, en el sentido de que "vivimos en un mundo donde los poderosos nos engañan. Sabemos que mienten, y ellos saben que sabemos que mienten, pero no les importa. Decimos que nos importa, pero no hacemos nada. Nada nunca cambia. Es normal".

El dominio de los políticos en el fondo es aparente, porque la pérdida de la hegemonía de aquellos se remonta a 1975, desde cuando paulatinamente fueron relegados al cumplimiento de las órdenes del sector financiero.

Desde allí, de manera gradual, el sistema bancario se hizo al dominio de las grandes corporaciones hegemónicas de todo cuanto atañe con la economía internacional, situación que con la emersión de la globalización neoliberal entró a fortalecerse con la intervención de los medios de comunicación y las tecnologías de la información para crear una versión de la realidad basada en lo que de antemano internet sabe que gusta.

Eso explica por qué en simultáneo con esos cambios las elites dominantes hicieron de la necropolítica, de que la habla Achille Mbembe, la moda a ejecutar por los gobernantes para reeditar a Charles Darwin, pero a la inversa; fomentando acciones de eliminación selectiva y colectiva de contradictores y lo que según sus cálculos econométricos llaman población improductiva e indeseable.

O en el peor de los casos, atentar en contra de la preservación de la vida, urdir, como viene sucediendo en Colombia desde la irrupción del neoliberalismo, estrategias criminales soportadas por el maridaje narcopolitiquero oligárquico que está detrás de las matrices manipuladas por los grandes medios de la desinformación.

Sobre la base de la biopolítica teorizada por M Foucault como ideología fundante de los Estados modernos para ejercer controles poblacionales, raciales y sanitarios; desde un poco antes y después del autoatentado terrorista del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, el corporativismo y sus elites desataron la nueva versión del fascismo para sobreponerse a las crisis inherentes a la acumulación neocapitalista.

Entró entonces la necropolítica a ser respaldada por las matrices manipuladoras, agenciadas por los medios de comunicación, arrodillados ante los flujos de dineros que la alianza narcomafioligárquica consigna en las cuentas bancarias de los equipos periodísticos funcionales al establecimiento.

La lucha contra el terrorismo caló tanto en los imaginarios colectivos que las incursiones militares conjuntas en Irak y Libia fueron seguidas con alborozo frente a las trasmisiones en directo por televisión y las transmisiones en repetición de los asaltos e invasiones festejadas como victorias de la democracia sobre genocidas y otros calificativos de lo peor.

Mantener amplios despliegues televisivos, manipulando la superficialidad de la opinión pública como complemento de la antipolítica y desvergüenza en las actuaciones de funcionarios estatales en relación con las corrupciones y crecimiento de los desequilibrios socioeconómicos, sin hacer contextualización y dedicar humanamente el tiempo necesario a las atrocidades perpetradas hacia poblaciones étnicas, jóvenes, mujeres y ancianos, es un creciente indicador de la entronización de la necropolítica.

Estrategia global en contra de la vida que en tiempos de pandemia se banaliza ante la conformidad por la muerte naturalizada por sistemas sanitarios, desde hace años permeados por la privatización y acostumbrados a los paseos de la muerte, carteles de toda clase, entre otras manifestaciones de la deshumanización de un sector convertido en fuente de enriquecimientos desmedidos, olvidando prevenciones e investigaciones para producir medicina no estandarizada y de alta potencia curativa.

El lucro por encima de la prevención y curación concede grandes dividendos. Por lo tanto se convirtió en uno de los ejes de la necropolítica, al lado de la multiplicación de los odios y el desprecio por las condiciones de vida de las mayorías, síntoma creciente del sálvese el que pueda.

De tal manera que están dadas las condiciones para que no prosperen proyectos amorosos, a favor de la amigabilidad ambiental y por la defensa de la vida, toda vez que gran parte de legisladores, gobernantes, jueces y fiscales claudicaron éticamente ante la pavorosa arremetida del facilismo para escalar comodidades sociales en detrimento del mejoramiento poblacional.

La debacle moral en que nos encontramos es tal que las aceptaciones y repeticiones de las matrices tergiversadoras en contra de la pacificación civilista urgida en Colombia, para pasar la página de las violencias, son otra señal de la baja capacidad interpretativa y de incidencia participativa de un sector de la ciudadanía en los asuntos trascendentales del país.

Por eso en Colombia le han metido en la cabeza a la gente la idea que lo que sucede alrededor del expresidente Uribe es más importante que el futuro del país representado en su juventud, por lo cual reafirman lo primero sobre la base de hacer de la muerte y precarización de las condiciones de vida de las nuevas generaciones; algo inevitable y en donde la fuerza de las armas sigue imponiéndose como algo necesario para defender a la sociedad de enemigos ideológicos externos e internos que conspiran en contra de una democracia erosionada por las acciones deslegitimadoras de sus engañosos patrocinadores.

Al amparo de los colombianos que repiten sin razón las retorcidas ideas con las cuales los jinetes del mal escudan atrocidades y afectaciones al proyecto de nuevo país, no es descabellado suponer que si como parte de sus estrategias necropolíticas para proteger intereses ligados a imposiciones foráneas, en el pasado las elites criollas fueron agentes determinadores de farsas desmovilizaciones, chuzadas, falsos positivos y otras irregularidades craneadas para responder con criminalidad otras formas de violencias no deseadas. También que ahora para blindarse del peso tardío pero aplaudible de un sector de la justicia retomen la invención del enemigo interno y la necesidad de aniquilarlo a como dé lugar para recibir apoyos ciudadanos hacia reformas constituyentes alargadoras de sus impunidades.

En mi opinión, el ensañamiento del terrorismo neofascista contra comunidades étnicas y personas que por sus condiciones diversas defienden formas de ser contrapuestas al trasnochado conservadurismo confirma la alianza oligárquica ultraderechista con los sectores emergentes mafiopolitiqueros para hacer actos desestabilizadores, en momentos en que uno de los colombianos más cuestionados por sus actuaciones políticas y económicas se encuentra en la cuerda floja.

El agravante del asunto está en que los muertos son negros e indígenas, habitantes de zonas rurales afectadas por precariedades causadas por la desigualdad e inoperancia estatal en lo provisión de satisfactores básicos para la vida. Es decir, se pesca en río revuelto, en medio de la escalada sagazmente fomentada de confrontaciones entre uribistas y petristas, patriotas anticomunistas y propacifistas camuflados, anticomunistas y mamertos, para manipular otra vez el racismo y los prejuicios a flor de piel, inyectando más confusión en el estado de cosas, limitando con ello toma de decisiones atinadas y comunes sobre la nueva agenda política y económica que necesitamos.

Desafortunadamente, sembrar caos en poblaciones hacia las cuales el racismo estructural y los prejuicios sociorraciales mantienen al centro de sus exclusiones e intolerancias, en un país cuya carta constitucional de derechos sigue siendo vapuleada por quienes unificada y contundentemente fortalecen poderes hegemónicos, no encuentra en los sectores sociales afectados sin distingo alguno por las políticas estatales, la misma integración y solidez para responder más allá de las indignaciones y aisladas protestas colectivas de repudio a execrables actos de terrorismo como los que en los últimos días acabaron con parte del futuro de este país.

He aquí otra recurrencia a lo que se ha teorizado en un sector de las ciencias sociales contemporáneas para brindar luces que permitan a las poblaciones objeto de las neo ediciones fascistas en alza en el mundo para capear el temporal de crisis inherentes a las dinámicas que desatan, alternativas para comprender que se encuentran en el centro de una novedosa forma para justificar el recrudecimiento del conflicto armado y con ello enmascarar el mantenimiento de las desigualdades.

Se hace alusión a que mientras, como se dijo arriba, las elites corporativizadas acuden a los conceptos científicos de vanguardia y tecnologías de punta para afinar estrategias de atornillamiento al poder económico y político, los sectores sociales y étnicos acrecientan, mediante uso de las reglas de juego convenientes para el mantenimiento del control, las fragmentaciones y desconexiones organizativas en perspectiva del levantamiento de un proyecto alternativo de país.

En efecto, las manipulaciones mediáticas de los imaginarios colectivos, para direccionar opiniones y acciones en el sentido que favorezca el statu quo neocapitalista, se han consolidado porque en la base de las planeaciones hegemónicas, se emplean muy bien conceptos indiscutibles del estado del arte de las ciencias, tales como ecosistema, sincronía, "todo está conectado", entropía, entre otras teorías aceptadas en las ciencias naturales, con el propósito de estandarizar mecanismos prácticos para ejercer los controles sociales y dinámicas acumulativas centralizadas en la economía en gran parte globalizada por las corporaciones del mundo occidental.

Que internet conozca los gustos y preferencias de los consumidores y acorde con ello alimente preferencias y satisfacciones emocionales encargadas de sesgar opiniones y neutralizar inconformidades, aunque también pueda ser un arma de doble filo para las elites, es un ejemplo del manejo de la teoría de sistema, como lo es frente a las realidades diversas y autonomías educativas que deben ser ejercitadas para ganar en contextualización, la rigidez con la cual el neo liberalismo y su ideología de la globalización, uniforman y estandarizan las realidades culturales y escolares regionales para mantenerlas sujetas a un control centralizado, nada por supuesto entrópico, menos respetuoso de las particularidades de los componentes del macro sistema.

En otras palabras, las urgentes solidaridades del pueblo, de la multitud, como lo dicen Hart y Negri, no funcionan como deberían funcionar frente a atrocidades como la ocurrida en Cali en contra de la vitalidad de la especie humana y otros seres de la naturaleza encarnada en jóvenes indefensos ante la perversidad y alevosía de mentes criminales tras fachadas de máscaras blancas.

El impacto negativo de la manera en la que el establecimiento neoliberal global ha incidido en las organizaciones que se reclaman defensoras de los procesos étnicos y otras realidades humanas que desde finales de los años 60 es de tal dimensión y contraposición al deber ser de una parte de las dirigencias de esas colectividades que otra verdad incuestionable, como las estrategias de control en que las elites soportan sus dominaciones, es que las desconexiones entre los subalternos se hacen más difíciles de superar, porque además de las defensas de las divisiones y enrranchamientos en comunitarismos y reivindicaciones propias, hacia adentro, se avivan concepciones que consolidan impedimentos para hacer causa común al régimen de muerte imperante.

No se ha comprendido entonces que además de las reivindicaciones propias, en el fondo, como bien se dice respecto al racismo, denominándolo estructural, precisa ser enfrentado de fondo desde una posición clasista. Un ejemplo se encuentra al contrastar la desatención de los medios hacia la masacre de Cali con los extensos y periódicos espacios que los medios de comunicación le han dedicado a sucesos en donde los asesinados pertenecían a sectores adinerados.

Muertos buenos y malos es otra de las señales deshumanizadoras que sirven de caldo de cultivo a la retoma fascista del poder global, desensibilización y desnaturalización, a la cual se le adelantó el afianzamiento del dominio financiero sobre las diferentes actividades y sectores económicos.

De acuerdo con esa premisa, que en Colombia permitió asegurar por fraude la presidencia a Duque, se explica por qué interesa más a (ese) esforzarse para defender a su jefe, argumentando a favor de las transformaciones judiciales para centralizar la rama judicial al poder totalitario omnimodo, utilizando por distracción la propaganda del castrochavismo, que liderar el esclarecimiento de las violaciones, asesinatos de indígenas, negros y dirigentes sociales.

El uso de la manipulación propagandística para ganar incondicionales al pensamiento único, que debe llevar a la implantación del Estado comunitario, de acuerdo con el proyecto inicial del expresidente en cuestión, que más adelante se entroncó con la refundación de la patria y con “aquí, en la defensa de la democracia, maestro”, nuevamente se muestra el fachouribismo, desbordando la máxima nazi según la cual “una mentira de tanto repetirse termina aceptándose como verdad”.

Ese pensamiento único, que entre nos recuerda “el peligro de una sola historia”, todos también sabemos, transpira fascismo por todos los lados y en un mundo en crisis, sigue siendo un recurso vigente, más cuando ya no solo se trata de proteger al capitalismo financiero, sino de blindar impunidades que en su momento a sangre y fuego forzaron la llegada para quedarse del neoliberalismo pocos años después que Cesar Gaviria Trujillo anunció que habíamos entrado al ¿futuro?

Hoy uno de los grandes retos que tenemos sigue siendo la superación de pensamiento único, de no tolerancia en la diversidad y de limitación en la visión de mundo, lo cual no está distante de la aceptación de lo que diga una sola persona, de aceptar al que diga fulano.

En ese sentido, a más de uno interesa la mezquindad del pensamiento y visión de mundo del subpresidente, calificativo que ha ayudado a acuñar Iván Duque por su notable arrodillamiento a Álvaro Uribe Vélez, toda vez que esa unilateralidad es cada vez es más notable, porque pudiendo labrarse un mejor espacio en la memoria de la gratitud, persiste en ir en contra de gran parte de la opinión colombiana, la cual no solo está representada por la izquierda.

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