La mala hora del periodismo colombiano

Desde la última elección presidencial, entró en barrena, quedó retratado: demostrado está que las vacas sagradas del periodismo también son parte del establecimiento

Por: Orlando Gaviria Giraldo
junio 04, 2019
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La mala hora del periodismo colombiano
Foto: Las2orillas

Los periodistas más leídos, los que trabajan para los grandes medios tipo El Tiempo, El Espectador, Semana, La W, La FM, Blu Radio, etc., son amigos de los políticos más poderosos, influyentes y también de los más corruptos. Esa cercanía —complicidad?— ha ocasionado que la credibilidad de la gran prensa nacional esté cuesta abajo.

El suceso más reciente que retrata el mal momento de las vacas sagradas del periodismo nacional es el despido de Semana de Daniel Coronell, hecho que dejó varias cosas claras. La primera, en Semana censuran a los columnistas quienes osen criticar públicamente a su casa editorial. La segunda, entre los columnistas estrellas hay celos, envidias y lucha de egos.

Uno, ingenuo, creía que después de que censuraran a Coronell los otros columnistas “críticos” de Semana iban a salir en su apoyo, que es también el apoyo a la no censura. Y no fue así. Al contrario, varios de ellos se fueron lanza en ristre contra él. Por ejemplo, María Jimena Duzán tildó de soberbio y arrogante a Coronell porque éste decidió pedirle públicamente explicaciones a Semana. Y a pesar de que Coronell expuso a la revista porque esta engavetó la investigación del presunto regreso de los falsos positivos a Duzán eso no le parece importante: “Pero además no entiendo su obsesión por escudriñar lo que sucede en la revista, cuando hay tantos temas que nos agobian y que requieren de la mirada escrutadora de periodistas expertos como Daniel”.

Para la supuesta periodista crítica del gobierno de Duque el retorno de los falsos positivos no es un asunto que agobie y que requiera de la mirada escrutadora de periodistas expertos como Daniel. Y la doña culmina su columna atacando a las redes sociales, en las cuales se les pedía que renunciara en solidaridad con su colega: “Me preocupa también la dictadura de las audiencias en esta era de las redes y lo manipulable que resulta la verdad en estos tiempos”. ¿Dictadura de las audiencias? ¿Entonces los de a pie, los que no somos amigos de ningún expresidente, senador, Cacao o no devengamos sueldos millonarios por escribir columnas y aparecer en programas de televisión somos dictadores? ¿La verdad? ¿Cuál verdad? ¿La que ellos manipulan o acomodan según sus propios intereses monetarios? En honor a la verdad, ¿por qué ella no tiene la valentía de cuestionar públicamente a Semana por haber engavetado la investigación sobre los falsos positivos? Desde la dictadura de las redes sociales los de a pie contestaron la pregunta: ella no va a ser tan ingenua como para patear la lonchera que le ha dado de comer por quince años.

Y esa misma lonchera llamada Semana le ha dado de comer y también cierto prestigio a Antonio Caballero, un agrio periodista que también se jura antisistema, de boca afuera. En su más reciente columna, Cuatro errores, Caballero adujo que el escándalo del despido de Coronell le había hecho “un gran daño a Colombia”; y, por supuesto, él, otro de los dueños de la “verdad” atacó con todo al sitio donde campea actualmente la libertad de expresión: las redes sociales, a las cuales trató de “libérrimas pero engañosas”.

Claudia Palacios también criticó a Coronell por patear la lonchera. Y es lógico que ella se ofusque por ello, pues según reportes de prensa la periodista devenga un suelo mensual de $40.700.000 por trabajar en Canal Capital, un canal que está técnicamente “apagado”. Hombre, con ese sueldo serían pocos los que se atrevieran a criticar a su jefe.

El único que tuvo la osadía de criticar a Semana por la censura y apoyar a Coronell fue Daniel Samper Ospina. Intuyo que no lo van a despedir por su osadía, puesto que si lo hacen sería un suicidio comercial de la revista, ya que despedido el mejor columnista, Samper quedará figurando como la gran estrella.

Por otra parte, rememoremos. Claudia Gurisatti y Darío Arismendi, dos furibistas de racamandaca, le dieron voz a Carlos Castaño, a quien entrevistaron de manera exclusiva para que el “prócer de la patria” expusiera ante todo el país por qué era lícito asesinar a tanto “colaborador de la guerrilla”. María Isabel Rueda es fanática del impoluto Vargas Lleras: “Cierto es que como reflejo del país, Cambio Radical ha arrastrado manzanas podridas, y hay que cortarlas, pero todos los partidos, espejos de la realidad, tienen ovejas negras que hay que esquilar. En contraste, la integridad personal de Vargas no está en discusión”. Néstor Morales está casado con una hermana de Duque, por ello el periodista tomó partido por él desde los micrófonos de Blu Radio y además, para quedar bien con su cuñado, atacó a Coronell una vez este fue echado de Semana. Vicky Dávila es una jurada uribista y su suegro es un cuestionado político del Cesar. Darcy Quinn tiene una relación sentimental con Alberto Ríos Velilla, un poderoso empresario y “amigo íntimo de Germán Vargas Lleras”, y así.

Podríamos gastarnos los dedos escribiendo los nombres de los periodistas amigos de los políticos más corruptos y poderosos de este país, pero no vale la pena. Lo que sí debemos hacer nosotros, los dictadores de las redes sociales, los que tergiversamos la verdad, la chusma, el pueblo raso, los que no usamos a diario palabras como libérrimo puesto que nuestra capacidad intelectual y estudio es poco, es buscar nuevas alternativas de información, y si es necesario, pagar por acceder a ella, pues los grandes medios de comunicación, que son propiedad de las personas más ricas del país, no van a dejar de contratar a las vacas sagradas del periodismo nacional, quienes traen consigo chivas periodísticas, como también abundante pauta publicitaria estatal y política.

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