La lección que deberían aprender los estudiantes conchudos de derecho

Aunque las comunidades virtuales han revolucionado el aprendizaje, no es justo que algunos se aprovechen de ellas sin esforzarse siquiera un poco: estudien, vagos

Por: Johanna Pinto
Marzo 12, 2019
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La lección que deberían aprender los estudiantes conchudos de derecho
Foto: Pixabay

La internet ha cambiado, en todos los sentidos, el ejercicio de todas las profesiones. Además, ha dado un acceso nunca antes visto a toda clase de información y ha formado comunidades burlando la geografía y hasta los husos horarios. El derecho, lógicamente, no es la excepción, prueba de ello es que el ejercicio del mismo se desarrolla a través de redes sociales: grupos de Facebook, de WhatsApp y perfiles en LinkedIn hacen parte de la cotidianidad, una realidad beneficiosa donde cada estudiante y profesional tiene contacto con sus pares, aprende de ellos, puede encontrar jurisprudencia, leyes y normas con una facilidad que antes no existía, darse a conocer a potenciales clientes, entre otros.

Sin embargo, a pesar de las bondades de todo ello, dichos espacios se han vuelto el espacio ideal para que estudiantes de baja ralea aprovechen el deseo de ayuda de quienes también pertenecen a estas cibercomunidades y descaradamente encomiendan a ellos la resolución de asuntos que ellos mismos deben resolver, bien sea porque la respuesta se encuentra en alguna parte de la normativa vigente y solo resta señalar donde está, sumado al ejercicio interpretativo propio de cada abogado frente a la ley, o bien porque dichos asuntos son sus trabajos de universidad o incluso de preparatorios.

Al respecto, el mundo de la ingeniería ya tiene una respuesta a ello: RTFM, esto se define como:

(…) acrónimo que en inglés significa Read The Fucking Manual” (“Lee el puto manual” o “Lee el jodido manual” o “Lee el maldito manual” en español). Esta suele ser la respuesta que recibe cualquier pregunta que hubiera sido fácilmente respondida leyendo el manual correspondiente. También puede indicar (no obligatoriamente) que quien responde se siente ofendido y considera una falta de respeto que la persona que pregunta no se tome el trabajo de leer y buscar por su cuenta, caso en el cual encontraría fácilmente la solución a su interrogante (definición tomada de Wikipedia).

Es decir, cualquier pregunta obvia o cínicamente dada para hacer el trabajo más básico de otro puede contestarse con dicho acrónimo, obviamente, en el derecho no se puede apelar a la exégesis de “leer un manual” al señalar solamente la norma que regule un asunto, se requiere un criterio de interpretación más profundo. A pesar de ello, las preguntas que requieren poco o ningún criterio interpretativo podrían y deberían ser descartadas de plano por las comunidades de abogados en redes sociales, dándole espacio a las dudas reales y a la colaboración más profunda.

Este ejercicio tan simple frenaría a quienes estudiando derecho sacan las respuestas a sus deberes académicos de las redes sociales, sin siquiera esforzarse por hacer un ejercicio investigativo e interpretativo del cual basar su inquietud o en el cual necesiten ayuda real; esto mejoraría, aunque sea un poco, la dignidad y calidad de la profesión jurídica.

En este punto probablemente piense que es una opinión egoísta, odiosa, pero lo muestro así: ¿considera justo que algún estudiante de derecho que llegue a las redes sociales a plantear preguntas provenientes de sus deberes académicos o sus preparatorios (incluso señalando cínicamente que ese es el objetivo de su publicación) esperando que otros las respondan gratuitamente llegue a graduarse de la misma forma que cientos de estudiantes de derecho que leen jurisprudencia, buscan leyes, decretos, conceptos, doctrina y se forman a sí mismos cada día, preguntando ocasionalmente en redes sociales alguna duda que tengan como última instancia de todo su ejercicio académico?

Otra cosa destacable de la comunidad de ingenieros en las redes sociales es la facilidad con la que comparten contenidos relacionados con su carrera: libros, manuales, blogs, videos; si bien cualquier pregunta obvia se responde con un RTFM, así mismo se ponen al alcance de todos el material necesario para aprender, eliminando las barreras (sobretodo económicas) de acceso al conocimiento.

Ya que el derecho, en particular el colombiano, es diestro en copiar modelos de otros Estados, ¿por qué no tomar modelos de otras carreras?

La colaboración y solidaridad en las cibercomunidades de abogados no puede volverse alcahuetería, ni una carrera de egos por hacerse notar con la mejor respuesta donde no ganan ellos sino algún estudiante corto de ganas de aprender realmente, debe reflejarse en el compartir jurisprudencia, libros, leyes, decretos, conceptos, hasta minutas, ser un espacio donde las dudas sean propias de casos concretos donde la capacidad del abogado queda rebasada, mas no volverse cómplice de la mediocridad.

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