La lección de coherencia que está dando Jorge Enrique Robledo

Rompe relación con Alejandro Gaviria, quien ha venido recurriendo a prácticas de tradición electorera, en contravía de los principios acordados

Por: Jorge Enrique Esguerra Leongómez
marzo 01, 2022
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La lección de coherencia que está dando Jorge Enrique Robledo
Foto: Archivo

En esta campaña electoral, la Coalición Centro Esperanza, por su naturaleza de oposición al gobierno de Duque, ha acordado desde su nacimiento hace más de un año definir unas líneas rojas que no se pueden traspasar.

Por eso, ha sido contundente en su rechazo a aceptar apoyos de dirigentes que hayan votado o que hayan hecho parte de ese gobierno y, por tanto, exigió como parte de sus postulados éticos el que sus integrantes cumplieran con esos mínimos requisitos.

Entonces, asistimos a la violación de esos acuerdos por parte de uno de sus precandidatos, Alejandro Gaviria, quien ha insistido en atraer a la Coalición a jefes de los partidos tradicionales que han hecho parte del pacto duquista, y al rechazo rotundo de esa práctica por parte de otro precandidato, Jorge Enrique Robledo, quien en un acto de coherencia ha anunciado el rompimiento de su relación política con el exrector de Los Andes, antes y después del 13 de marzo, día de la consulta de las coaliciones.

En política, el principio que relaciona con justeza las ideas con la práctica es tal vez la virtud que menos brilla.

Por el contrario, está tan arraigada y normalizada la incoherencia que cualquier rechazo a su reiteración inmediatamente es rotulado como “sectarismo” o “intransigencia”; porque existe históricamente en Colombia la norma lamentablemente aceptada de que hacer política es sinónimo de componenda, jugar bajo y apelar al todo vale, claro que suavizado con el eufemismo de “realismo político”, sin importar toda la carga de corrupción que ha campeado desde décadas en el quehacer electoral.

Incluso, y esto es lo más grave, se afirma sin vergüenza que quien se atreva a ponerse al margen de esas prácticas acomodaticias lo hace investido de una “superioridad moral”, solo para respaldar la afrenta de que “todos los políticos son iguales”, argumentación que esgrimen como justificación de su incoherencia.

La posición de la Coalición Centro Esperanza ha estado fundada precisamente en reivindicar las buenas maneras en la política y rechazar las prácticas que siempre la han manchado, por lo que en su constitución se ha considerado necesario marcar un deslinde con la tradición que las ha aplicado y cohonestado.

Por eso, su posición de Centro no es la que tradicionalmente se le asigna a ese segmento, tildándolo de indeciso o “tibio”, sino la que la define como alejada de los extremos que han polarizado al país y que, además de validarse por el odio y el temor al contrario y no por sus propuestas, son los portadores de los atajos politiqueros que han imperado en la vida política nacional.

En otra nota de Las2Orillas anotábamos que dos de las fuerzas que han hecho parte del pacto duquista, el Partido Liberal y Cambio Radical, no tienen candidato propio, por lo que las codician las candidaturas de Alejandro Gaviria y el Pacto Histórico, en correspondencia con una idéntica visión politiquera: sumar y sumar votos, mientras le hacen el esguince al debate a fondo de las causas de los males que nos aquejan, para darles correcta solución (https://www.las2orillas.co/continuidad-o-cambio-el-dilema-es-cesar-gaviria/).

El papel que ha jugado el precandidato Jorge Enrique Robledo en la Coalición Centro Esperanza ha sido clave para mantener esa línea de unidad entre diferentes, basada en los principios programáticos y éticos, porque su trayectoria pública, que ya cumple cincuenta años, ha estado marcada precisamente por su rectitud en todos sus procederes personales, académicos, políticos y como servidor público.

Si se quiere, esa carta de presentación impecable que siempre ha tenido puede ser referente de la “superioridad moral” con la que actúa, pero con la cual precisamente se pretende descalificarlo igualándolo con todos.

Por eso, está dando una lección de coherencia política al romper la relación con Alejandro Gaviria, quien ha venido recurriendo desde que entró en la Coalición en las prácticas de la tradición electorera y en contravía de los principios acordados, porque está aceptando múltiples apoyos de los partidos Liberal y Cambio Radical, además de estar conversando con sus jefes máximos, César Gaviria y Germán Vargas Lleras.

Pero la gota que rebozó la copa la dio hace unos días cuando aceptó en una entrevista en el diario El Espectador que “si no acepto a César Gaviria, todos los otros candidatos lo harían” (https://www.elespectador.com/politica/si-yo-no-acepto-a-cesar-gaviria-los-otros-candidatos-lo-harian/), involucrando en ese “todos” a Robledo y demás precandidatos de la Coalición, lo que se constituye en una afrenta para ellos y en un ruin despropósito para justificar su posición.

Esa afirmación ocasionó la reacción inmediata del Partido Dignidad y de su candidato, Jorge Enrique Robledo, quienes al constatar el proceder de Alejandro Gaviria emitieron un comunicado señalando que este “violó los acuerdos y destruyó la confianza en los que se fundamentó la Coalición Centro Esperanza, con lo que también le dio fin a los compromisos adquiridos” (https://www.estoesenserio.co/alejandro-gaviria-rompio-los-acuerdos-de-la-coalicion-centro-esperanza/).

Y como era de esperarse, la mayoría de los medios arremetió contra esa posición que reafirmaba unos principios éticos, y lamentó que la decisión del precandidato Robledo le ocasionara a esa Coalición una nueva crisis.

El mundo al revés, cuando quien en forma tardía ingresó constituyéndose en la manzana de la discordia fue Alejandro Gaviria y, más grave, como caballo de Troya cargado de politiqueros duquistas.

Así se comprueba una vez más que la incoherencia en política se ajusta con perfección a las concepciones neoliberales, que son las que persigue el exrector para mantener el continuismo de los mismos con las mismas.

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