La ira contra La Manada

Rechazo produjo la medida del tribunal español que dejó en libertad a los cinco hombres que violaron a una joven durante las fiestas de San Fermín del 2016

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junio 22, 2018
La ira contra La Manada

Era julio de 2016 cuando la joven de 18 años viajó desde Madrid junto con un amigo a las fiestas de San Fermín en Pamplona. A la vez, un grupo de sevillanos entre los 24 y 27 años —José Ángel Prenda, Alfonso Cabezuelo (militar), Antonio Manuel Guerrero (guardia civil), Jesús Escudero y Ángel Boza—, más conocidos como La Manada, luego de una travesía de excesos, se disponían para los festejos en la capital de Navarra.

En la madrugada del 7 de julio, sin saberlo, todos coincidieron en la Plaza del Castillo. Ella estaba sola. Sobre la 1:30 a.m. su amigo se había ido a dormir al carro y la gente con la que estaba se había dispersado. Eran casi las 3:00 a.m. cuando decidió alejarse de la multitud y sentarse en un banco. De la nada, un extraño, de apellido Prenda, empezó a hablarle. No se presentaron, solo intercambiaron casualmente comentarios sobre fútbol, tatuajes, uno que otro detalle del viaje y él hasta le mostró quiénes eran sus amigos.

En una pausa de la charla, ella llamó a sus amigos y resolvió que lo mejor sería volver al carro. Le comentó al desconocido y él sin pensarlo se ofreció, junto con el resto de La Manada, a acompañarla. Empezaron a caminar, ella hablaba con Prenda, mientras que el resto del grupo iba disperso, hasta que llegaron a un hotel. Ellos, salvo Prenda, entraron y preguntaron por una habitación, pero no tuvieron éxito en conseguirla, estaban todas ocupadas.

Durante el trayecto se había empezado a sentir incómoda, Prenda la estaba cogiendo del hombro y la cadera. Por eso insistió en irse sola por otro camino. Sin embargo, no pudo deshacerse del grupo. Cuando estaba girando la calle, uno de ellos se le adelantó y tras una serie de acciones confusas la cogieron bruscamente de las muñecas y la entraron a un edificio.

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Lugar de los hechos / Pablo Lasaosa

Ella no entendía lo que sucedía, estaba confundida, ni siquiera se le cruzó por la cabeza lo que ocurriría. No pidió auxilio, no lo vio oportuno, además la calle estaba casi vacía. Ya adentro, le dijeron que se callara y la llevaron a un cubículo. Ahí sí empezó a sentir miedo. Cuatro de ellos la rodearon y  empezaron a desvestirla, pero todo se puso peor cuando uno la agarró de la mandíbula y la obligó a hacerle una felación, mientras que otro la cogió de la cadera y le bajó los leggins.

“En ese momento estaba totalmente en shock, no sabía qué hacer, quería que todo pasara rápido y cerré los ojos para no enterarme de nada y que pasara rápido”, relata la víctima.  Estaba en shock y como ella misma menciona “no me daba la cabeza para pensar cómo puedo salir de allí. Me daba igual lo que pasaba. Me sometí para que acabara”.

El miedo la paralizó, perdió la noción del tiempo y de sí misma. No recuerda ni quiere saber lo que la obligaron a hacer ni cuánto tiempo duró. Solo tiene la sensación de tener una presión constante en la mandíbula y en las caderas, que le tiraban del pelo y de escuchar voces diciendo “es mi turno”.

Reconstrucción de los hechos

Cuando todo acabó, los jóvenes se fueron, dejándola casi desnuda y sintiéndose completamente vulnerable. En medio de la conmoción, como pudo, se vistió. Buscó su teléfono. La Manada se lo había robado. Al verse sola lloró como nunca lo había hecho. Se sentó en la calle, desolada, mientras trataba de tranquilizarse, cuando una pareja se le acercó y le preguntó qué le pasaba. Al principio, solo les dijo que había perdido su celular, pero luego terminó contándoles todo.

Llamaron a la Policía. La llevaron al hospital. Le dieron la pastilla del día después y medicación contra enfermedades de transmisión sexual, ya que los hostigadores no usaron condón. Después, hizo la denuncia.

Secuelas

La joven relata que tras lo ocurrido, al llegar a su casa sentía mucha culpabilidad. “Pensaba que podía haber hecho más, que les estaba jodiendo la vida a cuatro personas, que era mi culpa lo ocurrido”, señala en una de sus declaraciones.

Además, indica que no hablaba del tema y a través de las noticias trataba de encontrarle una explicación lógica a lo ocurrido. Así mismo tenía pesadillas frecuentemente, insomnio y problemas de concentración, sin contar con que no se podía sacar de la cabeza la idea de que si hubiera hecho las cosas de un modo distinto no le habría pasado eso.

Sentía que la vida se le escapaba, se le quitaron las ganas de hacer cualquier cosa, se le fue el apetito y casi que compulsivamente pensaba todo el rato en lo sucedido, hasta que inevitablemente terminaba llorando y no podía parar. Y preguntas como por qué no me fui a tiempo, por qué me puse a hablar con gente que no conozco, por qué me separé de mi amigo, por qué me quedé sola en una ciudad que no conozco, entre otras, le atormentaban la cabeza.

Al padecer una mezcla de culpabilidad y depresión, se sometió a terapia psicológica tanto individual como grupal. Así mismo, intentó continuar con su vida, aparentar orden y normalidad a su alrededor, y sobre todo evitar ser relacionada con los hechos. El que nadie le creyera la hundió más en la depresión.

Los nubarrones se dispersaron un poco cuando las psicólogas judiciales le dieron credibilidad a la violación y destacaron en su informe "sentimientos de rabia" y cambios bruscos de estado de ánimo. Así mismo, las peritos ratificaron que la denunciante sufre un "trastorno de estrés postraumático" tras el suceso, por lo que necesita continuar con su tratamiento para evitar que los síntomas se vuelvan crónicos. Sin embargo, la defensa ha intentado desmentir esas conclusiones y argumentar que la víctima no padeció ninguna alteración psíquica a raíz del suceso.

Los videos

Durante los hechos, los acusados grabaron varios videos para alardear, pero la joven no lo notó en el momento. Cuando la policía se lo contó, ella “no daba crédito, no podía entender el por qué, ni para qué, pensaba que los iba a ver todo el mundo, que la gente con la que me cruzaba en la calle sabía quién era. Eso me generaba mucha angustia pensar que los vídeos esos podían salir, habérselos enviado a alguien”.

Cabe anotar que una parte significativa del caso, que ha sido bastante mediático, ha girado en torno a siete videos, que duran un total de 96 segundos y que ellos compartieron en una conversación de WhatsApp con otros amigos, donde, entre otras cosas, escribían: "Follándonos a una entre los 5".

La policía ha examinado los vídeos y en 2017 ratificó que la joven madrileña mantuvo una "actitud pasiva o neutra", manteniendo "los ojos cerrados", por lo que han descartado que hubiera consentimiento para mantener relaciones sexuales con los procesados. No obstante, los peritos de la defensa han alegado que la mujer pudo haber colaborado en determinados actos sexuales.

La Manada, ¿quiénes son?

El nombre por el que son conocidos proviene de un grupo de WhatsApp donde compartían sus fechorías, comentaban sus planes y se jactaban de los vídeos que se enviaban, como los siete que grabaron con la víctima de Pamplona. Como se mencionó, el grupo está conformado por cinco hombres que compartían su amor por el fútbol, especialmente el Sevilla, la fiesta, las drogas y el sexo.

  • José Ángel Prenda: Nació el 25 de diciembre de 1989 y es hijo de un panadero sevillano. Antes de ser detenido por este caso, tenía antecedentes, fue condenado, en 2011, a dos años de prisión por un delito de robo con fuerza. Se le considera el líder de La Manada y fue el primero que habló con la chica.
  • Alfonso Jesús Cabezuelo: Nació el 20 de noviembre de 1988, es el mayor del grupo y trabajaba como soldado en una Unidad Militar de Emergencias. Tiene antecedentes por lesiones, riña tumultuaria y desorden público. Además, de acuerdo a su declaración también grabó las imágenes de lo sucedido, pero las borró para que no las viera su novia.
  • Ángel Boza: Nació el 17 de octubre de 1991, es el menor de los cinco y el novato en el grupo de amigos sevillanos. El viaje a Pamplona suponía su iniciación con el resto de La Manada y ni siquiera participaba en el famoso grupo de WhatsApp que lleva ese nombre. Como los demás, también tiene antecedentes, en su caso por robo con fuerza, por conducir bajo los efectos del alcohol y las drogas y por negarse a someterse a los test.
  • Jesús Escudero: Nació el 26 de junio de 1990 y trabajaba como peluquero en un negocio familiar en Sevilla. Como los demás proviene de la popular barriada sevillana de Amate, de donde todos se conocen desde que eran unos niños pequeños, pero, a diferencia de otros miembros de La Manada, no tiene antecedentes. En su celular se encontró un video de esa madrugada.
  • Antonio Manuel Guerrero: Nació en 1989 y perteneció a la guardia civil. De su celular se extrajeron cinco de los siete vídeos grabados. Se declaró inocente del delito de agresión sexual, pero reconoció ser autor del robo del móvil de la chica.

Tras ser detenidos, la Policía encontró en uno de los celulares un vídeo en el que se veía a los detenidos (menos Ángel Boza) en un carro manoseando a una chica que parecía inconsciente. El móvil guardaba la información de dónde habían sido tomadas exactamente las imágenes, de modo que se pudo localizar a la chica en cuestión, quien presentó la denuncia. Este es conocido como caso de Pozoblanco.

La sentencia

Cinco meses después del mediático juicio, que se llevó a puertas cerradas para proteger la identidad de la víctima, el pasado jueves 26 de abril de 2018 salió la tan anhelada sentencia de la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Navarra: nueve años de cárcel por abuso sexual continuado para los cinco miembros de La Manada, quienes estuvieron en la cárcel desde el 9 de julio de 2016, y una compensación económica para la víctima de US $61.000.

De acuerdo con el fallo del tribunal no hubo violencia ni intimidación, por ende no se considera que hubo violación. Cabe anotar que en la ley española el abuso sexual se castiga con penas menos severas y se diferencia de la violación por esos dos factores.

Ahora bien, la pregunta que se hacen muchos es por qué los jueces no creen que haya habido violencia: la sentencia indica que, según la jurisprudencia del Tribunal Supremo, se exige que se haya producido una agresión física con fuerza para doblegar la voluntad de la denunciante, algo que a pesar de las pruebas creen que no quedó acreditado; a la par, sobre la intimidación, clave en este caso, indican que la jurisprudencia la define como “constreñimiento psicológico, consistente en la amenaza o el anuncio de un mal grave, futuro y verosímil, si la víctima no accede a participar en una determinada acción sexual”, y que en las circunstancias del caso no es evidente.

Foto: Alberto Di Lolli

En otras palabras, la condena se impuso bajo el siguiente supuesto: "Estimamos que los procesados conformaron de modo voluntario una situación de preeminencia sobre la denunciante, objetivamente apreciable, que les generó una posición privilegiada sobre ella, aprovechando la superioridad así generada para abusar sexualmente de la denunciante, quien de esta forma no prestó su consentimiento libremente sino viciado, coaccionado o presionado por tal situación".

Libertad condicional

En junio de 2018, el tribunal encargado del caso sentenció que los cinco podrán salir en libertad condicional en cuanto depositen una fianza de 6.000 euros. Así mismo, ordenó que comparezcan tres veces por semana en el juzgado de guardia más cercano a sus residencias; prohibió cualquier comunicación con la víctima; les negó el acceso a la Comunidad de Madrid, donde ella reside; les denegó la salida del país, con la retirada del pasaporte; y manifestó que en caso de no encontrarlos en el domicilio registrado optará por su búsqueda y captura.

Ahora bien, para justificar esta decisión el tribunal propuso los siguientes argumentos: la pérdida del anonimato de los condenados “hace poco menos que impensable” que repitan sus acciones delictivas; dado su arraigo familiar y social, y el hecho de que ninguno tiene los medios suficientes para huir, la posibilidad de fuga es baja; y que al vivir a más de 500 kilómetros de la joven atacada, el riesgo disminuye, aunque para garantizar su tranquilidad se pueden tomar "medidas menos gravosas que la prolongación de la situación de prisión provisional".

Reacciones

La resolución generó, tanto a finales de abril de 2018 como ahora, un descontento general, sobre todo en los colectivos feministas que en los dos años que ha durado el proceso han convertido el juicio en una insignia de la lucha por las mujeres víctimas de violación. De hecho, desde que se dio a conocer la decisión, se han convocado nuevas manifestaciones en varias ciudades. Cabe anotar que las anteriores se movieron bajo el lema “es violación, no es abuso”.

Además, en las redes sociales se ha sentido la molestia hacia la decisión y también se ha expresado apoyo y solidaridad a la víctima:

 

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