La interpretación no es doxa, es muestra del carácter iniciático de los discursos

Parafraseando a Luigi Pareyson: interpretar es conocer y se aleja de las tesis que relegan esta acción a una mera opinión

Por: Andrés Rodríguez Garzón
julio 06, 2020
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La interpretación no es doxa, es muestra del carácter iniciático de los discursos
Foto: Pixabay

Hay quienes niegan la validez de la interpretación como forma rigurosa de conocer o de argumentar. Específicamente, son los ortodoxos fundamentalistas de la academia: cientifistas, positivistas, "anti-ciencias sociales", "unidimensionalizados" o como el lector considere que se deben llamar. Aquellos predican las entelequias de universalidad, precisión, objetividad absoluta (que no restringida) y lo matemático como sinónimo de rigor y verdad absoluta.

Hay varios ejemplos de personajes del fundamentalismo ortodoxo. En el área de economía, Richard Ruggles afirmó que "todo análisis que no siga procedimientos matemáticos, que no emplee el análisis estadístico, o no se base en otros tipos de información empírica recogida, puede considerarse como especulativo"(Pulido, 2002); por su parte, Lawrence Klein afirmó que "las contribuciones no matemáticas a la economía son vagas, burdas y torpes” (Op cit., 2002). ¡La ortodoxia pura y dura! (Téngase en cuenta que en ciencias sociales, que incluyen la economía, hablar de cosas como leyes, axiomas, universalidad y/o permanencia, ya es cuestión de creer en entelequias cuya caída epistémica quedó más que demostrada desde hace tiempos; al respecto, se puede ampliar en Follari (2004)). También Mario Bunge, en su fundamentalismo, calificó de "basura intelectual" a los planteamientos de algunos posmodernos, y el asunto de Alan Sokal (quien al igual que Bunge cayó en el cientifismo), donde mostró su rechazo a los discursos encriptados u "oscuros”, despreciando toda posibilidad de interpretación o reflexión (algo propio de la ortodoxia).

Ante lo anterior, para autores como Luigi Pareyson, "no cabe duda alguna que interpretar es conocer. En este sentido, se aleja de las tesis que relegan el interpretar a mera opinión y le entrega las características del conocer al interpretar" (Luis Uribe, 2014, p. 81). Esto es así porque todo discurso tiene un carácter iniciático (aunque algunos discursos más que otros) y eso de que un buen discurso debe ser entendible para todos es otra entelequia. ¿O acaso, por ejemplo, un libro de ingeniería eléctrica es malo por el mero hecho de que un profano en ingeniería no lo entienda en lo más mínimo? ¡Puede ser el gran libro! Los iniciados en ingeniería eléctrica entenderán sus códigos ocultos, sus "entrelineas" que los autores decidieron plasmar, mientras que los no iniciados fácilmente lo pueden tildar de "usar un lenguaje oscuro" (como lo hizo Sokal), o de usar términos imprecisos (como lo dice la ortodoxia de las publicaciones). O sea que, después de todo, sí existen los alegatos especiales.

Por lo anterior, la "falacia del alegato especial" no puede tomarse como apodíctica, máxime cuando ni siquiera es una falacia demostrable formalmente sino una invención de la tradición o la costumbre. Es igual a lo que sucede con la "falacia del traslado del peso de la prueba"; esta no es tal, ya que es una tergiversación que el sector ateísta militante hizo del onus probandi de la rama del derecho, y como es claro, la carga de la prueba en lo jurídico es un criterio de practicidad, no de verdad (así que los negacionistas de cualquier tipo deben demostrar negativos; al respecto, ver Fides et Ratio (2015))

Volviendo al tema de la "falacia del alegato especial", esta es una muestra de visiones ya refutadas apodícticamente, como el cientifismo o la ortodoxia fundamentalista. En el caso de lo espiritual o lo sobrenatural, hay unos códigos, como los que le ha revelado la Biblia a santos iluminados por Dios, como Tomás de Kempis (de La imitación de Cristo), o a los autores de El tratado de la vanidad del mundo. Hay unas cuestiones de la Biblia que requieren de cierta iniciación para irlas entendiendo y que ya han sido descifradas por cristianos que las han entendido en sus revelaciones divinas, mediante la interpretación. Entre esas interpretaciones, se ha descifrado cuando Jesús habló del destino en Mateo 6:27, del fluir del universo y de la inutilidad de fijarse en los tiempos pasado y futuro en Mateo 6: 25-34, de los seres que intentaron suplantarlo como verdadero hijo de Dios en Mateo 24: 5, de la justicia divina en proporción al conocimiento en Lucas 12 47-48, entre otras.

Fuentes

Fides et Ratio. 2015. ¿Los ateos tienen carga de la prueba? 

Follari, Roberto. 2004. La economía: ¿pseudociencia? Polis. Revista Latinoamericana. ISSN: 0718-6568.

Pulido, Antonio. 2002. Posibilidades y limitaciones de las matemáticas en la economía. 

Uribe, Luis. 2014. Estética e Interpretación. La segunda y tercera formulación de una filosofía de la interpretación en Luigi Pareyson. Hybris. Revista de Filosofía, Vol. 5 N° 2. ISSN 0718-8382, Noviembre 2014, pp. 75-93

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