La historia de Nicolás Neira, otro joven asesinado por el Esmad

Su papá, Yuri Neira, ha librado una infatigable lucha para que el agente y su superior, que mataron con un proyectil a su hijo de 15 años, le respondan a la justicia

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noviembre 27, 2019
La historia de Nicolás Neira, otro joven asesinado por el Esmad

Los gases lacrimógenos y las bombas aturdidoras habían convertido la Carrera Séptima con Calle 18 en un campo de batalla. Era el 1 de mayo de 2005. La multitud, que horas antes marchaba en medio de las protestas por el Día Internacional del Trabajo, ahora corría desesperada buscando refugio cuando Nicolás Neira cayó al suelo, y como una horda de buitres ocho agentes del Esmad lo rodearon, lo golpearon, lo patearon… y no lo soltaron hasta matarlo. Su cuerpo quedó abandonado en el asfalto cuando un grupo de manifestantes se aceró para ayudarlo. Lo llevaron hasta el Centro de Atención Médica Inmediata —CAMI— de La Perseverancia, pero era tal la gravedad de sus heridas que fue trasladado hasta una clínica de Saludcoop en el norte de la ciudad.

Ese 1 de mayo Nicolás, un lector voraz y voz cantante entre sus compañeros del Liceo Hermano Miguel de la Salle, donde cursaba noveno grado, se había dado cita con un grupo de amigos en el centro de la ciudad para comprar libros. Todo lo que pasaba por sus manos Nicolás lo revisaba, se lo aprendía y lo aplicaba. Al ver la marcha de los trabajadores, los de su clase, los que compartían sus mismas necesidades, no dudó en unirse seducido por las arengas. Apenas pudo recorrer unas pocas cuadras.

Durante seis días Nicolás estuvo internado en estado de coma. Su papá, Yuri Neira, presentía que no iba a regresar a casa con su hijo, y una rabia lo invadió desde que recibió una llamada anunciándole el crítico estado de Nicolás. Sabía quiénes eran los responsables y no descansaría hasta encontrar justicia.

Yuri tenía todo en su contra, pero encontró refugio en la solidaridad del abogado Pedro Mahecha, quien fue director del Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo y hoy es magistrado de la JEP. Mahecha lo asesoró, lo defendió y lo escuchó. El camino solo era uno: demostrar que el Esmad había asesinado a Nicolás Neira, que no había sido un accidente ni un evento fortuito dentro de la marcha del primero de mayo.

Pero las versiones de los agentes que se vieron involucrados eran más fuertes. El 10 de mayo de 2005, el capitán Julio César Torrijos Devia llamó a los agentes del Esmad que estaban bajo su mando en las marchas del 1 de mayo. En el segundo piso de la sede del Escuadrón Antidisturbios los sentó y cuadró la versión que le darían a los investigadores, a los jueces, a los abogados y a todos los que preguntaran por el caso: Nicolás se había tropezado mientras corría por la Séptima y había muerto al golpearse con un bolardo.

Sin embargo, la duda siempre quedó cuando Medicina Legal confirmó que Nicolás había fallecido por un contundente golpe en la cabeza. Una herida de 26 centímetros, más los golpes con que le rompieron las costillas, el omoplato y un riñón, demostraban que no había sido un simple accidente.

La insistencia de Yuri Neira y Pedro Mahecha se había convertido en un estorbo para el Esmad, que no iba a permitir que la versión que manejaban fuera desmontada con tanta facilidad. Las amenazas y las intimidaciones contra Yuri se volvieron cada vez más recurrentes, las llamadas y los panfletos aparecían todos los días en su casa. Yuri ya perdió la cuenta de cuántas veces allanaron su casa, pero aún recuerda las torturas que sufrió cuando fue detenido por la Policía. Sin embargo, tomó la decisión de salir del país cuando vio directo a los ojos a los sicarios que pretendían silenciarlo definitivamente. Hasta la puerta de su casa llegaron unos hombres preguntando por Yuri pensando que iban a matar a una mujer. Les dijo que sí la conocía, pero que había salido desde temprano y no sabía cuándo regresaría.

En abril de 2011 Yuri encontró un primer consuelo cuando el Juzgado 37 Administrativo de Bogotá condenó a la Nación —Ministerio de Defensa, Policía y Esmad— a pagarle $ 160 millones como indemnización por la muerte de su hijo. Aunque Yuri no aceptó el dinero, sabía que había dado un primer paso para hacerle justicia a la memoria de Nicolás.

Sin embargo, el caso tomó un nuevo rumbo cuando el capitán Torrijos, quien había sido ascendido a mayor y dirigía la Dijin en el Caquetá, fue capturado en 2017 por tráfico de drogas. Fue encontrado con 103 kilogramos de cocaína, y para buscar una reducción en su pena, decidió contar la verdad sobre el otro proceso que ya llevaba en sus espaldas: la muerte de Nicolás Neira. Torrijos señaló al agente Néstor Julio Rodríguez Rúa como el hombre que disparó contra el joven de 15 años. Nunca se cayó, nunca fue empujado por un grupo de manifestantes, el agente Rodríguez Rúa había disparado un gas lacrimógeno directo hacia su cabeza. La herida de 26 centímetros no se la causó un bolardo, sino una recalzada, cápsula de gas reutilizada que habría estado rellena de canicas o balines, pues el humo del gas nunca salió, como lo confirmaron varios testigos.

Torrijos, quien además confesó haber torcido la versión de los hechos presionando a los demás agentes que tenía bajo su mando en 2005, aseguró que la orden se la había dado el capitán Fabián Mauricio Infante Pinzón que lideró el operativo ese primero de mayo. La versión fue confirmada por el oficial Héctor Cubides, quien también fue uno de los agentes del Esmad presentes en la marcha y vio cuando murió Nicolás. En una entrevista con Noticias Uno, Cubides aseguró que Rodríguez Rúa tenía su arma cargada con una recalzada, la misma que acabó con la vida de Nicolás, y vio el momento justo cuando su compañero disparó.

El caso se había estancado hasta que en mayo de este año se anunció que Néstor Julio Rodríguez Rúa había llegado a un preacuerdo con la Fiscalía con el que aceptaba haber disparado contra Nicolás, pero sin intención de matarlo. Ese preacuerdo se habría pactado en secreto, sin que Yuri fuera informado con anticipación, a pesar de que se habría estado cocinando por más de un año. Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia lo tumbó recordando que la Fiscalía no podía acordar una rebaja de pena y un cambio de los cargos que se le imputaron a Rodríguez Rúa porque la víctima era menor de edad. Yuri Neira, que se había exiliado en España, regresó a Colombia solo para escuchar a Rodríguez Rúa pedir perdón, algo que nunca sucedió.

Hoy el juicio en contra de Rodríguez Rúa arrancó nuevamente, pero comenzó desde el inicio, presentando la ruta de investigación y las pruebas que se van a practicar, a pesar de que Nicolás murió hace 15 años. Yuri lo único que quiere es justicia, por eso decidió llevar el caso de su hijo hasta la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para demostrar que las acciones del Esmad no son aisladas sino sistemáticas como sucedió con Dilan Cruz, que murió después de que un agente del escuadrón le disparara en la cabeza durante las protestas del Paro Nacional, tal como fue asesinado Nicolás Neira.

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