Entre las vitrinas de la Biblioteca Nacional que resguardan amarillentos documentos de hace siglos, descansa la Biblia del Oso. Un libro que se ganó su nombre por la fachada que le tocó usar para esquivar las hogueras de la Inquisición. Se trata de un oso erguido que intenta alcanzar un panal de miel colgado de un árbol. Esta marca tipográfica del impresor que la produjo en Basilea en 1569 le dio identidad a esta importante y revolucionaria obra.

Detrás de este libro está Casiodoro de Reina, un monje que abandonó el catolicismo en medio de las tensiones de la Reforma protestante. En ese entonces, pleno siglo XVI, estaba prohibido traducir la Biblia, pues la palabra sagrada debía permanecer en latín bajo un estricto control institucional.

Reina, sin embargo, insistió. Durante doce años trabajó en una traducción directa desde el hebreo y el griego, algo inédito en español en ese entonces. Su propósito era que cualquier persona pudiera leer las Escrituras sin intermediarios. El resultado fue monumental: la Biblia del Oso se convirtió en la primera traducción al castellano basada en los textos originales.
Aun así, Reina no se atrevió a firmar su obra, que desafiaba una estructura de poder. La Biblia fue impresa lejos de España y empezó a circular clandestinamente por Europa. Muchos ejemplares fueron detectados por los censores de la Inquisición, mientras que otros llegaron bajo el brazo de las comunidades religiosas que pisaban América por primera vez.

Así se fueron esparciendo por todo el mundo los ejemplares de la Biblia del Oso. A medida de que Napoleón recorría Europa aboliendo la Inquisición, la Biblia iba ocupando tranquilamente las estanterías de bibliófilos e importantes personajes que la reconocían como una joya de literatura universal. Así fueron pasando los pocos ejemplares de mano en mano hasta que uno de estos llegó a manos de Rufino José Cuervo.
El lingüista llegó a un pequeño cuarto en París con su hermano, luego de que vendieran la cervecería que tenían en Bogotá. Allí se dedicó a trabajar durante catorce años en su sueño más ambicioso: hacer su propio diccionario. En esos años, Cuervo acumuló una biblioteca envidiable con miles de tomos que eran una verdadera joya.
Rufino José Cuervo no soportó la temprana muerte de su hermano. Deambuló durante algunos años hasta que se murió de tristeza con la esperanza de volverse a encontrar con su querido compañero. Su diccionario quedó inconcluso. Lo último que escribió fue un testamento en el que pedía que sus libros fueran llevados a la Biblioteca Nacional de Colombia.
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Los deseos del lingüista más importante de Colombia se hicieron realidad. En la Biblioteca Nacional aterrizaron los tesoros de Rufino José Cuervo. Cuando los funcionarios de la biblioteca escarbaban la biblioteca de Rufino Cuervo, se encontraron un ejemplar de la Biblia del Oso, hasta entonces nunca vista en Colombia.
La emblemática Biblia del Oso que conforma la colección de Rufino José Cuervo tiene como fecha de impresión el año 1622 y en su portada aparece un Pegaso, caballo de la mitología griega, hijo de Poseidón y Medusa, con el fin de esquivar los controles de la Inquisición cuando el oso ya había sido identificado por los censores. Aunque se desconoce cómo llegó a las manos de Cuervo, el emblemático ejemplar de la primera Biblia traducida al español se encuentra exhibido en la Biblioteca Nacional para que cualquier persona pueda ir a visitarla y enterarse de esta joya.
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