La Habana, un nuevo impulso para el Eln

Luego de que Lenín Moreno anunciara que su país dejaba de servir como sede de las negociaciones, Cuba se ofreció para ser el lugar donde se retomen los diálogos de paz

Por: ALEJANDRO LONDOÑO RAMÍREZ
Mayo 17, 2018
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La Habana, un nuevo impulso para el Eln
Foto: AFP

El reinicio del V ciclo de conversaciones entre el gobierno nacional y la guerrilla del Eln en la ciudad de La Habana es el motivo que me impulsa a escribir el presente artículo. Ahora, que este concuerde o no con las revisiones hechas tanto por grupos opositores como por defensores del proceso es un hecho que no puedo garantizar. Sin embargo, y salvando la precisión anterior, quisiera destacar la coherencia diplomática del gobierno cubano, el cual ha apostado de manera significativa por la resolución pacífica del conflicto armado en Colombia; primero, sirviendo como sede y país garante a los diálogos sostenidos con la extinta guerrilla de las Farc-Ep y el gobierno nacional, y ahora, abriendo sus puertas al V ciclo de negociaciones entre este último y el Eln, en una sus etapas con mayor carga de incertidumbre, retrasos y dilaciones.

Así entonces, y teniendo de presente la delgada línea que sostienen los diálogos entre las partes (no un diálogo que garantiza la paz, sino la reducción del conflicto y la apropiación de soberanía), considero como un acierto del equipo encabezado por Gustavo Bell el traslado de estos a la isla de Cuba; pues el jefe negociador del equipo nacional no solo conoce el territorio, sino la diplomacia del gobierno cubano, debido al cargo de embajador desplegado por este de manera coincidente durante los diálogos de paz entre las Farc y el gobierno de Juan Manuel Santos. De la misma manera, considero importante la actitud asumida por quienes representan el ideario insurgente del Eln; pues no resulta fácil cohesionar una estructura armada, que si bien jerarquizada, tiene en sí misma un componente de autonomía federativa, lo cual dificulta la centralización de las decisiones, máxime cuando la capacidad operativa, de expansión y de control tiende hacerse mayor en el escenario territorial colombiano.

Aunado a ello, la consideración de muchos de los lectores puede ser que el actual proceso con la guerrilla del Eln se encuentra plagado de desaciertos e incoherencias, motivo por el cual lo mejor sería darlo por terminado una vez más, tal y como se hiciera en los gobiernos de Álvaro Uribe, Andrés Pastrana y Belisario Betancourt, en su momento. Es más, la pertinencia indicaría entre otras que la agenda itinerante de este diálogo imposibilita la unidad de criterios y el avance efectivo en cada uno de los puntos; de igual manera, el no cumplimiento efectivo de lo pactado en La Habana por parte del gobierno nacional, es otro de los factores que deprecian el valor de una salida alternativa y con disenso al conflicto, al cual, tristemente, nos hemos acostumbrado como sociedad civil.

Pese a tales desencuentros, considero importante para el país seguir dando pasos en la consecución de una salida negociada al conflicto armado con una de las guerrillas de más largo aliento en la historia colombiana. Así mismo, concuerdo en el hecho de que la inserción del Eln como estructura político-militar a la institucional estatal puede contribuir a la disminución de los registros asociados al conflicto, los cuales pasaron de ser el 71% de un aproximado de 17.459 víctimas, o sea alrededor de 12.552 personas en el 2010, entre las que se encuentran policías, soldados, campesinos y sociedad civil en general; a un 4% de las 10.870 víctimas que se presentaron, según estadísticas del Registro Único de Víctimas en el año de 2017, y que sirvieron de insumo para un artículo publicado por Latinamerican Post el 1° de abril del 2018.

Para finalizar, y de manera complementaria a lo anterior, quisiera destacar en torno a este proceso eventos como el cese fuego bilateral, el cual, más allá de los 100 días con los niveles más bajos de confrontación, representa un “nuevo paradigma”, toda vez que fuera este el primero en la historia de las negociaciones con este grupo insurgente; aunque se espera mayor precisión del lenguaje entre las partes al momento de concretar una nueva tregua. De manera simultánea, doy crédito al gobierno nacional por su intención de mantenerse en los diálogos de paz, aunque la coyuntura política me haga dudar de ello, pues el sostener una mesa de negociaciones para un periodo muy corto, genera mayores réditos políticos, que el darle fin a la misma, por razones de incapacidad resolutiva.

Posdata: ojalá la concreción del V ciclo de negociaciones, ya sea con este o con el próximo gobierno, logre desarrollar la partición política de la sociedad por medio de un diálogo nacional, que tanta falta nos hace en este momento.

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