Opinión

La gran farsa del Koba tropical

A contracorriente de la ruina en que se encuentra Venezuela, todo indica que el verdugo torpe y zafio de Miraflores será reelegido el domingo

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Mayo 17, 2018
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La gran farsa del Koba tropical
No hay un grano de conciencia que se le atraviese a la estafa electoral del domingo.

Desde cuando Salvador Allende triunfó en las elecciones presidenciales de 1970 en Chile, los herederos supérstites del estalinismo vieron en el sistema electoral de las democracias burguesas la oportunidad de montar su tinglado de dominación perpetua con farsas y sainetes, sin vigilancia internacional, inhabilitando o encarcelando a los líderes de la oposición y disolviendo sus partidos, es decir, utilizando el mecanismo que suministre, pero de manera extorsiva, una fachada de legalidad a sus constreñimientos totalitarios. Chávez y Maduro han sido los más aventajados cultores de esa desfachatez, con menos fortuna que Ortega en Nicaragua y Evo Morales en Bolivia, exentos hasta ahora de ser más depredadores que estadistas a pesar de sus incursiones represivas.

En medio de continuas violaciones a la Carta Democrática de la OEA, la Venezuela mal gobernada a lo largo de lo que va del siglo acabó con todo: las libertades, la economía, la propiedad privada, la igualdad ante la ley y las garantías políticas, gracias a los intereses que los demás países del hemisferio anteponen a la estabilidad del continente y a la continuidad del modelo que creímos haber fortalecido al caer la Cortina de Hierro. A contracorriente de la ruina en que se encuentra Venezuela, todo indica que el verdugo torpe y zafio de Miraflores será reelegido el domingo. Tiene todo listo para demostrar que el hambre y las muertes de una población que no come ni cura sus enfermedades, vota por su demacrada Revolución Bolivariana.

Tan refinada es su táctica, que convenció a un par o un trío de opositores pérfidos para que secundaran la gran farsa del 20 de mayo, golpe de gracia para la Mesa de Unidad Democrática, errática y descaecida teniendo el panorama ideal para repetir con la Presidencia el éxito de diciembre de 2015 con la Asamblea Nacional. ¡Qué diferencia con sus compatriotas de la generación del 28, consagrada por Fiebre, el testimonio de Miguel Otero Silva sobre el estallido de los jóvenes contra Juan Vicente Gómez! Otra prueba, por si alguna faltaba, de la crisis de los liderazgos en el mundo.

 

Tan refinada es su táctica,
que convenció a un par o un trío de opositores pérfidos
para que secundaran la gran farsa del 20 de mayo

 

La sumisión de los jueces y los militares, más el desconocimiento impune de la Asamblea Nacional, suplida por una constituyente de lacayos, completó el cuadro de absorciones que el adiposo Koba tropical necesitaba para afianzarse en el  mando. Otra diferencia humillante es la del ministro Vladimir Padrino con Hugo Trejo, aquel joven coronel que tuvo, en la lucha contra Pérez Jiménez, un concepto claro de lo que son las fuerzas regulares y de la prisa por conjurar los problemas sociales que angustiaban a su nación, sin interés político a la vista. De la conmiseración que suscitan la envilecida Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Electoral, y los prosternados magistrados del Tribunal Supremo, es mejor desentenderse, porque no los inspira una convicción; los fleta la dialéctica de los cohechos.

Inexplicable lo que sucede con el Bravo Pueblo. Al quedarse sin dirigentes, tomó la ruta del éxodo para liberarse de la miseria y las enfermedades, bajo calamitoso resplandor de los medios días en las fronteras. Perdió la fe en la militancia, quebrada en dos por los subsidios concedidos a los parásitos que vitorean al régimen con la bandera de capuchón en los sábados de carnaval. Dividieron y reinan al precio de una inflación desbocada, con una deuda externa impagable, con patíbulos invisibles en los pasadizos de los hospitales. Como quien dice, soplando las cenizas de Babilonia. Por eso, para ganar el domingo, Maduro el milagroso no necesitará convertir el Cartel de los Soles en vino.

Proféticas fueron las palabras del escritor Domingo Alberto Rangel cuando advirtió que “el petróleo no es intermitencia de lucecilla que alumbra a ratos un camino, sino incendio y faro en la sociedad venezolana desde el momento en que brotó sobre las llanuras de Mene Grande”. Pero aun así, Maduro recibirá el 20 un premio por haber despedazado la Oil Republic que concesionarios británicos, holandeses y norteamericanos le ayudaron a fraguar al soberano de La Mulera. 

No hay un grano de conciencia que se le atraviese a la estafa electoral del domingo.

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