Opinión

Me gustaría morir como Santrich

Recostado en la convicción equivocada de no tener ninguna culpa. Lástima, no puedo… tengo conciencia de vivir en una sociedad plural, donde la democracia es imperfecta, pero mejor que la más sublime dictadura

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Mayo 18, 2018
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Me gustaría morir como Santrich
Me gustaría morir como Santrich, apertrechado en el autobombo, martirizado por el propio ego, en búsqueda de la legitimación.

Me gustaría morir como Santrich sin que me incomodara un ápice el remordimiento, como si no hubiera vivido los horrores de la guerra, ni manchado mis manos con acciones criminales.

Me gustaría morir como Santrich, sin que esos ojos apagados hubieran tenido que presenciar el sufrimiento de otros, la rabia de una batalla, o la desolación de un secuestrado.

Me gustaría morir como Santrich, apertrechado en el autobombo, martirizado por el propio ego, en búsqueda de la legitimación.

Me gustaría morir como Santrich, sin recordar nada oscuro del pasado, de esa convivencia con el delito y con ese tráfico que inunda de porquería monetaria la economía de la ilegalidad.

Me gustaría morir como Santrich, convencida que estoy en lo correcto, sin lugar a dudas incomodas, convencida que soy el sucesor de Bolívar o del Ché.

Me gustaría morir como Santrich, usando pinceles en mis callosas manos para reemplazar en los fusiles que acaricié por tantos años, para que las balas ya no resuenen más en mis oídos, en cambio me acune la novena sinfonía con los sublimes versos de Schiller.

Me gustaría morir como Santrich asegurando que la paz la hicieron trizas otros, que fui fiel a los principios firmados en La Habana y recordándoles al presidente que casi siempre lo “barato, sale caro”.

Me gustaría morir como Santrich, echándole la culpa del conflicto a una sociedad indolente, recostada en el amor a la riqueza hecha de la explotación del que no tiene nada.

Me gustaría morir como Santrich, agradeciendo a los amigos que me suplican no morirme. Reclamarles porque ellos no entienden mi acto de grandeza, ni mi fuga hacia la libertad.

Me gustaría morir como Santrich, rodeado de gente que reza por mi alma, escribiendo cartas emotivas, llenas de retórica fantasiosa y creando un nuevo conflicto que me tendrá a mi como protagonista.

Me gustaría morir como Santrich, citando a Hawking y al Papa en una misma línea, en una fusión de sabores y éticas como quien adoba un sancocho con yerbas muy distintas.

En fin, me gustaría morir como Santrich, recostado en la convicción equivocada de no tener ninguna culpa, de haber actuado siempre siguiendo mis principios como ejemplo de integridad.

Lástima que no puedo morir como Santrich… mis creencias no me dejan y muchas veces he visto con otros ojos lo que él no ve o no quiere ver, que la guerra ha servido para todo, menos para acabar la inequidad y la pobreza.

Lástima que no puedo morir como Santrich… tengo conciencia de vivir en una sociedad plural, donde la democracia es imperfecta, pero es mejor que la más sublime dictadura.

Lástima que no puedo morir como Santrich… me duele que muera él o cualquier otro, me duelen los crímenes del narcotráfico, me duelen los secuestros y las negociaciones de cadáveres como la que pretende el tal Guacho con mis colegas periodistas.

Lástima que no pueda morir como Santrich… no me gusta engañarme, sentir que soy un héroe cuando apenas he sido un combatiente creado por la fuerza de un tatuco.

Lástima que no pueda morir como Santrich… reconozco que los esfuerzos son de todos lados, que construir la paz después de tantos años de conflicto es tarea en la se debe perseverar, sin caer en nuevas tentaciones.

Entonces ojalá que Santrich no se deje morir y le dé tiempo a su vida para descubrir sus propios errores y ayudar a corregir los errores ajenos.

[email protected]

http://blogs.elespectador.com/sisifus

 

 

 

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