¿Por qué la gente firma contra la paz?

'Solo los inadaptados, intolerantes e irrespetuosos con la vida defienden la guerra'

Por: Christopher Valmont
junio 28, 2016
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¿Por qué la gente firma contra la paz?
Foto: caracol.com.co

Vivir en paz es una necesidad, es un derecho y, por encima de cualquier cosa, debe ser el máximo ideal de vida de cualquier habitante del mundo. Solo los inadaptados, los intolerantes, los irrespetuosos con la vida y quienes se lucran con la muerte, defienden la guerra.

Por eso, el hecho de recolectar firmas a favor de la guerra, tratando de desprestigiar un paso histórico para Colombia, como la firma y posterior refrendación de los Acuerdos de Paz de La Habana, no solo constituye un retroceso en términos políticos, deseando la perpetuación del conflicto hasta que el pueblo colombiano se acostumbre a la violencia o muera bajo el ensordecedor sonido de las balas. Firmar contra los Acuerdos también es una afrenta moral, pues legitima la venganza y el odio por encima de la reconciliación y el perdón, sentimientos estos últimos que deben primar en cualquier Proceso de Paz.

El mundo de la guerra es sangriento, costoso en términos humanos y económicos y, tal vez lo más importante, es un mundo en el que no hay ningún vencedor: todos pierden con la guerra. Engañarse considerando que ver a un grupo de personas arrodilladas en frente de otros, pidiendo misericordia y clemencia es justicia, no es más que el intento taimado de darle valor a un discurso carente de sentido.

El uribismo sabe muy bien cómo funciona el mundo de la guerra, pero no lo ha vivido en carne propia. Álvaro Uribe Vélez es la representación de la intolerancia y demuestra cada día más, lo peligroso que puede ser un megalómano con el ego herido; sus seguidores prefieren ser sordos al significado profundo de la Paz, porque tampoco la entienden. Él busca venganza, la revancha que tantos triunfos bastante dudosos para la democracia colombiana le dieron a él y los suyos durante la Seguridad Democrática. Por eso no quiere que haya una salida dialogal; no pretende reconciliación, sino un proceso de juicio y señalamiento expedito, donde los militares colombianos queden como los héroes romanos de antaño, sosteniendo la cabeza de sus enemigos muertos. Lo que ignora el uribismo es que los héroes también son humanos y por lo tanto también mueren.

Tan en vano como murió el padre de Uribe, murieron los líderes de la Unión Patriótica y las víctimas de ambos bandos en el Palacio de Justicia ¿Y aún así Álvaro Uribe Vélez se atreve a recoger firmas para perpetuar la guerra? No es justo que la vendetta de uno, se convierta en la bandera política que le quite la vida a otra generación de colombianos que no entienden por qué están peleando, pero que se disponen a defender la libertad con balas antes que con palabras, como lo hicieran padres, abuelos, hermanos, madres y amigos durante más de medio siglo.

Álvaro Uribe y sus seguidores son la más grande amenaza que existe para una paz verdadera, duradera y legítima. Por eso pretende que todo un país, cansado de querellas, conflictos, tomas a poblaciones, explosiones y odios se le una en un nuevo capítulo de esta carnicería escrita con sangre, a la que le llaman conflicto. El pueblo colombiano debe aprender de sus errores y dejar de derramar sangre inocente, pero también debe aprender a dejar descansar a los muertos, no queriendo vengar sus muertes, sino anhelando mantener vivas sus memorias.

Concluyo con lo siguiente: los firmantes de las iniciativas del Centro Democrático y, por extensión, Álvaro Uribe Vélez son personas temerosas del cambio, que al desconocer la paz le temen, porque han vivido bajo la comodidad de ver el conflicto como entretenimiento en un segmento noticioso por la noche. Los que firman para evitar la llegada de la Paz, tienen una tragedia tan vil como el conflicto mismo: haber vivido bajo el yugo de una guerra que no les pertenece, pero que están dispuestos a defender, aunque no peleando en ella, no poniendo en riesgo su vida, sino haciendo eco de un discurso tan ajeno como la guerra que, pase lo que pase, debería terminar.

 

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