La Feria del Libro de Bogotá: llueva, truene o relampaguee

No obstante el azote invernal, el público ha respondido copiosamente al encuentro de los libros y la cultura editorial, que irá hasta el 2 de mayo

Por: Ricardo Rondón Chamorro-Eduardo Yáñez Canal
abril 28, 2022
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La Feria del Libro de Bogotá: llueva, truene o relampaguee
Fotos: Ricardo Rondón Ch / La ola invernal no ha sido impedimento para acudir a la Feria del Libro de Bogotá.

Ni el inclemente invierno que ha azotado a Colombia, particularmente a la capital, ha sido obstáculo para que el público lector, armado de paraguas y chubasqueros, y abrigado hasta el cuello, se lance sin agüeros a visitar la Feria del Libro de Bogotá, en el recinto de Corferias.

El chaparrón abrileño no ha sido disculpa para acudir a la cita, después de dos años de pausa obligada por la amenaza letal del bicho coronado. Entre semana, a primera mañana, se observa un gran flujo de colegiales que corretean por los distintos pabellones -el de Corea, país invitado, el más frecuentado-, ya en plan de curiosear, de quemar adrenalina, o de asistir a las jornadas educativas programadas.

Después de las dos de la tarde, se nota la afluencia de un público, entre joven y mayor, agendado con los lanzamientos y firmas de autores, las charlas con los mismos, y el peregrinaje por editoriales de marca mayor, independientes y universitarias, en busca de las novedades y promociones de feria, o de esos libros raros, de anticuario, a recaudo de bibliólogos y coleccionistas.

¿Alguien preguntó en dónde está el libro más pequeño de la feria?

Pues no es Flores de las cuatro estaciones, de 0,75 milímetros de dimensión, de la editorial Toppan Printing, de Japón, registrado por el libro de los Guinness Récords, pero sí un curioso ejemplar -que cabe en el cuenco de la mano-, de la máxima obra de don Miguel de Cervantes Saavedra.

Don Quijote en un palmo. La edición en miniatura, resumen de los capítulos más relevantes del clásico de Cervantes, 2 tomos, 435 páginas cada uno, papel bond, cosido a mano, pasta dura. Se encuentra en Ediciones Gaviota, Pabellón 6, stand 102. Y, con el Quijote, ediciones de igual formato de clásicos como La metamorfosis, de Frank Kafka; 900 maneras de decir te quiero, Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, y Pinocho, de Carlo Collodi, entre otros.

El libro en miniatura de 'Don Quijote', la obra cumbre de Cervantes.

“Volver para que volvamos”

La Cámara Colombiana del Libro y Corferias, organizadores de la FilBo  2022, aspiran batir este año el récord de 600.000 visitantes, al cierre del acontecimiento editorial que incluye 1.500 eventos, y que culmina el 2 de mayo, cifra que se podría superar, si se tiene en cuenta que el pasado fin de semana, con fuerte aguacero, comparecieron 200.000 personas en promedio. Como quien dice, a la Feria del Libro de Bogotá, se va llueva, truene o relampaguee. “Volver para que volvamos”, es el eslogan que promociona este año el certamen más concurrido del calendario: el de los libros.

El domingo, hacia la una y treinta de la tarde, cayó tremendo chubasco, y ya el complejo ferial estaba lleno de visitantes. Apenas amainó la lluvia, el gentío que estaba resguardado en los pabellones abrió sombrillas y continuó su recorrido. En la zona de comidas, no había una silla vacía. Enormes filas para acceder a un pedido. Los ventorrillos de café atestados para calmar el frío. Algunos fueron más precavidos al llevar fiambre y refrescos en morrales y mochilas.

Pasillos de los pabellones repletos de público de todas las edades, como el niño a hombro que no quiere perderse detalle.

Pero los platos fuertes de la feria estaban en las salas, en los grandes auditorios y en las carpas, estas últimas dispuestas para las firmas de autores. En el auditorio José Asunción Silva, la paciente espera de largas filas de jóvenes y adultos para acceder al encuentro con el escritor Mario Mendoza. A la vuelta del auditorio, en una monumental carpa, un nutrido grupo de seguidores de la escritora caleña Pilar Quintana, novelas a la mano, guardaban turno para las firmas. Otra fila alterna para lograr la rúbrica del multiventas español J.J. Benítez. Y así por el estilo.

En el Gran Salón de Ecopetrol, costado occidental, una aglomeración expectante a las presentaciones de novedades, charlas y homenajes. Por esos lares, conectamos con la estupenda conversación del escritor Juan Esteban Constaín y el editor Gabriel Iriarte, a propósito de su nueva novela Cartas abiertas. En una sala contigua, el tributo al maestro de la reportería en Colombia, Germán Castro Caycedo, y en otro espacio, la firma del libro 30 hechos que marcaron la historia de Colombia, del ex ministro Rafael Pardo.

Conversación del escritor Juan Esteban Constaín y el editor Gabriel Iriarte alrededor de la novela 'Cartas abiertas'.

Personajes del libro

Por pasillos, salas y en la Plazoleta de Banderas nos topamos con narradores de distintas estirpes y de varias generaciones, como los poetas José Luis Díaz-Granados y Juan Manuel Roca, ambos bordeando los ochenta años, pero con el ánimo y la lucidez a toda prueba. En ese mismo recorrido, el fortuito encuentro con impresores y editores de amplia trayectoria como el varias veces premiado Benjamín Villegas, acompañado de su bella hija, Laura, destacada escenógrafa y directora ejecutiva de Villegas Editores.

Gente del libro como el editor Benjamín Villegas y su hija Laura Villegas.

Autores, gente del libro, impresores, distribuidores, ilustradores, caricaturistas, libreros de antaño, y apreciados colegas como Carlos Castro Arias, periodista cultural de Caracol Radio, y Víctor Ogliastri, al frente de la emisora del Instituto Caro y Cuervo, quienes llevan tres décadas cubriendo, año tras año, la Feria del Libro de Bogotá.

Es una niña de ocho años, pero su desparpajo impacta. Sin temores, saluda a Chucky, el muñeco diabólico que, armado de un cuchillo largo y filudo, está de pie en la plaza central de Corferias. El personaje de terror le da la mano a la criatura que vuelve feliz donde la espera su madre sonriente. Atrás queda Chucky, al lado de otros personajes de fantasía y aventuras, una muestra más del poder de la creación humana.

El de la Carpa Cultural es un espacio donde se entona un himno permanente a la vida y a la capacidad del ser humano para romper esquemas, ofrecer sorpresas  y dar paso al asombro y la alegría. Aquí nos deleitamos con los acordes festivos de la sonada cumbia Ay cosita linda, mamá, que al ritmo de Pacho Galán muestra un encanto sinigual. No importa que un joven y su madre se inclinen de espaldas ante la cámara del celular que plasma su paseo por la feria. O que varios jóvenes se dediquen a mirar sus celulares y chatear a distancia, alejados de lo que sucede a su alrededor.

Como en botica

El mismo escenario donde reinan los contrastes. Así, mientras un representante del Bibliomóvil lee a un grupo de estudiantes la historia de la ola azul que se encuentra con un caballo, una mujer y un niño, y termina de regreso al mar, unos metros más allá, la empleada de servicios generales del recinto ferial se acomoda su cofia en la cabeza, mientras con mirada melancólica ve a los comensales disfrutar en la zona gastronómica.

Allí observa a un joven con acento argentino que ostenta sobre una franela negra el anuncio que dice que él ama las papas. El mismo lugar donde un aviso lanza un grito festivo: ¡Riiico! Pa’picar. O ve a la pareja de veteranos disfrutar de vasos de jugo matizados con el aroma de empanadas picantes. A pocos metros, un hombre con pinta de profesor universitario, gafas incluidas, se solaza con el sabor de una pizza. Todos hacen un alto en el camino para recuperar fuerzas y volver a disfrutar del encanto de los libros y sus ofertas permanentes.

Una programación que no da espera. En promedio, cada día, se realizan entre 100 y 150 eventos que superan la resistencia del más docto. Como en botica, hay para todos los gustos. Está la pregunta de siempre: ¿Qué leen los jóvenes?, que discuten en un panel sobre la trillada idea de que los muchachos no leen. O los libros que transforman las maneras de pensar como el caso de la escritora Valeria Gallo con su obra En sus zapatos, quien explora la relación entre un niño y su papá que conversan sobre la literatura como transformadora de estructuras de pensamientos limitantes.

Entretenimiento para toda la familia a lo largo y ancho del complejo ferial.

Viejos libreros

Luego de dos horas de recorrido por la Filbo, los periodistas hacen un alto en el camino y consiguen una mesa en la cafetería del pabellón 6 donde se encuentran con José Fernando Cortés y Ramón Caro, libreros independientes con trayectoria de más de veinte años en la Feria del Libro de Bogotá, oportunidad única para desgranar anécdotas que hacen del libro un escenario inagotable. Al inquirirles por el éxito de este medio de conocimiento, creación y cultura, Cortés no se hace de rogar y responde enfático con varias preguntas y una respuesta que no deja lugar a dudas sobre el valor del libro:

“¿Por qué creen ustedes que un youtuber con toda la fama y el dinero del mundo siempre piensa en escribir su libro? ¿O cualquier músico, bailarín o cantante? ¿Y la artista, actriz o deportista que, al final, escribe una autobiografía, sus reflexiones de vida o alguna obra de ficción?”

“Porque el libro es el que está más alto en el proceso de desarrollo intelectual y emocional del ser humano. Nunca pasará de moda, pues responde a todas nuestras inquietudes, aparte del placer inmenso de disfrutar la lectura, acariciar el lomo, hacer anotaciones al margen, dejar preguntas abiertas y responderlas hoy o mañana”.

Obliga una pausa en la entretenida y provechosa tertulia con los viejos bibliólogos, porque nos llega un mensaje de Diana Pachón, la simpática y cordial jefe de prensa de la FilBo 2022, quien nos ilustra que en su oficina está a la disposición de los periodistas el traductor coreano de la obra de Gabriel García Márquez y de otros narradores latinoamericanos como Mario Vargas Llosa.

En ese trayecto nos encontramos en una carpa con la actividad Libros que se comen, una sugestiva puesta en escena que combina entre fogones literatura y gastronomía. Entre samovares y sartenes crepitantes de guisos y especias, observamos a la escritora chocoana Amalia Lu Posso Figueroa, autora del libro Vean, ve, mis nanas negras. Hacemos un alto para dejarnos envolver por los aromas exquisitos y la carta de expertos a manteles.

 

El maitre de servicio nos ilustra que se cuecen, en sus máximos hervores, los ingredientes de un arroz con longaniza, el plato representativo de la tradicional cocina chocoana, y que no nos movamos de la carpa porque en contados minutos nos participarán de su degustación. Una esbelta joven negra con un enterizo fucsia ceñido al talle, que porta en una bandeja pequeñas copas de cerámica nos invita a probar del contenido.

-¡¿Qué es, señorita?!-, pregunta alarmado Yáñez Canal.

-Viche-, responde sonriente la beldad.

-¿Con v pequeña o con b de burro?-, reclama el periodista.

-Con v chiquita-, riposta agraciada la mulata. Es la bebida espirituosa que identifica al Pacífico. Un exquisito aperitivo. Pruébenlo.

En ese instante se desgrana el segundo chaparrón de la tarde, y las gruesas gotas en la techumbre de lona repican como el maíz pira en la caldereta. No tenemos otra alternativa que esperar. Ya nos las arreglaremos para abordar al traductor Guho Cho, el ilustrado que más sabe en Corea del Sur de la obra de Gabo, y que siente tan arraigado a este país, que da por seguro que en una vida anterior fue colombiano.

*No sobran recomendaciones como la de estar atento con los niños, llevarlos siempre de la mano, y ser cautelosos y guardar distancias con los codiciosos de lo ajeno, que aprovechan el tumulto para esculcar bolsillos, morrales y carteras. En caso de advertir alguna situación sospechosa, reportarla inmediatamente a los funcionarios de Corferias que se distinguen por sus chaquetas rojas.

 

 

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