El fuerte cuestionamiento a la política exterior de EE. UU. abre el debate sobre el bloqueo histórico a Cuba y las tensiones diplomáticas en la región

 - La excusa de Marco Rubio para una posible invasión a Cuba mientras la isla no tiene comida, medicamentos ni gasolina
Texto escrito por: Hugo Paternina Spinoza

El señor Marco Rubio, secretario de Estado de los Estados Unidos, ha dicho hace pocos días atrás con gran dosis de cinismo y también contra toda evidencia histórica, que Cuba representa una amenaza para la Seguridad Nacional de su país. Es claro que este comentario se inscribe más en una suerte de dispositivo justificatorio de una posible intervención militar que el presidente Donald Trump estaría preparando contra el gobierno que representa el presidente Miguel Díaz-Canel, que en hechos geopolíticos amparados por la irreductible realidad.

Resulta un insulto a la inteligencia plantear tamaño despropósito cuando sabemos que en Cuba hoy falta lo básico: combustible, medicamentos y alimentos. Sin duda, en la ecuación política que existe entre uno y otro país desde el triunfo de la revolución —en 1959— hasta la actualidad, la única amenaza a la seguridad nacional que se puede certificar en el tiempo es la que ha representado el gobierno de los EE. UU. para Cuba, sobre todo al imponerle el coloso del norte a la isla de modo ininterrumpido un oprobioso bloqueo desde 1960.

Esta infamia, subrayó, nace de modo parcial con el presidente Dwight Eisenhower y se vuelve total en 1962 con John F. Kennedy. Desde entonces el bloqueo se mantiene y es responsable en buena medida de lo que ahora falta en ese país caribeño. El rabioso posicionamiento de Marco Rubio es una mentira burdamente elaborada para justificar la invasión de Cuba. Eso mismo se dijo y se ha dicho en su momento contra otros países que han sufrido los estragos de la visión y práctica hegemónica e imperial que ha caracterizado a USA desde su nacimiento hace apenas 250 años.

A lo largo y ancho de este periodo histórico son ya muchos los países invadidos, violentados, saqueados y destruidos por los EE. UU., quien en una clara e inocultable decadencia se ha tornado más abusivo, violento y destructor. Ya no apela al poder blando —soft power del que habló con mucha enjundia Joseph Nye— ni al ejercicio de hegemonía para imponer su querer y valores.

Recientemente contamos como desastrosas invasiones contra indefensos países las adelantadas por el complejo político, tecnomilitar y financiero de los EE. UU. a Afganistán, Siria, Yemen, Nigeria, Venezuela, Irak e Irán. Esto es apenas la punta del iceberg. Al respecto, ilustrativo y oportuno resulta releer el luminoso y bien documentado libro que nos legó Gregorio Selser acerca de la Cronología de las intervenciones extranjeras en América Latina (2001) y aquel que escribiera con Carlos Díaz Ritter sobre El Pentágono y la política exterior norteamericana.

En Venezuela se cometieron crímenes de guerra con el propósito de secuestrar al presidente Nicolás Maduro y convertir al país de Simón Rodríguez, Simón Bolívar, Rómulo Gallego, Uslar Pietri y Hugo Chávez en una suerte de neoprotectorado y disponer a su antojo de sus riquezas gasíferas y petroleras.

Debo recordar que a un país próspero como Siria lo arrasaron en nombre de la democracia y de los DD. HH. para, sin sonrojarse, colocar de presidente a un señor de la guerra como Ahmed al-Sharaa, quien se preciaba de asesinar a sus víctimas en vivo y en directo. Asco. Así, un yihadista redomado como Sharaa y aliado de Al Qaeda fue recibido de traje y corbata con todos los honores por Trump en la Casa Blanca en diciembre de 2025. Según Katrin Bennhold, del The New York Times (2025), quizá la principal fuente de credibilidad [que ofrezca el personaje de marras] sea que fue quien derrocó a Bashar al-Ásad. Esto explica por qué Sharaa es un apoyo a la guerra desatada por Trump y Benjamín Netanyahu contra Irán en la actualidad.

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Afganistán, afirmo, fue invadido por EE. UU. a principio de la década del 2000 con el pretexto de liberar a las mujeres del yugo de los talibanes; por cierto, una inédita y singular creación promovida como laboratorio de guerra contra la otrora Unión Soviética. Hoy los talibanes han vuelto de nuevo al poder y la misoginia crece en las mismas proporciones en que aumenta la violación de los derechos humanos de toda la población.

Después de varios años de violencia atroz, el país está sumido en el hambre generalizada y la desnutrición infantil adquiere niveles alarmantes. Según Pilar Requena, directora de Documentos TV de Radio Televisión Española Noticias (2025), 7.8 millones de menores de cinco años sufren desnutrición aguda (…) y 2.9 millones están en niveles de emergencia por hambre. A juzgar por lo que acontece, EE. UU. invadió a Afganistán y su presencia allá no implicó mejoría ninguna.

En cuanto a Irak, al país lo invadieron bajo la mentira universal de que Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva. Esas armas nunca existieron y solo aparecieron en la interesada e inédita imaginación de Tony Blair, George Bush II y José María Aznar, el bufón de esa criminal, retorcida y genocida corte. Ya sabemos que a Irak lo invadieron para deponer a Husein, antiguo aliado de los EE. UU. y hombre fuerte del imperio norteamericano en aquellos días en que se le consideró útil y necesario para golpear a la naciente revolución de los ayatolás en Irán.

Efectivamente, Husein fue depuesto y ahorcado. Sus estatuas fueron destruidas de plazas y avenidas. Recordemos que así como caían esas piezas de bronce, también caía el petróleo y el gas iraquí en manos de transnacionales norteamericanas. A la antigua Mesopotamia, propio es reseñar, el gobierno de George Bush hijo la inundó de empresas de seguridad privada, entre las que destacan DynCorp y Blackwater. Ante tantos crímenes y denuncias, esta última empresa decidió cambiar de nombre —Constellis— pero no su práctica criminal. Una y otra llevaron a curtidos mercenarios que arrasaron lo que encontraron a su paso, pues lo único que procuraron mantener en pie fue el complejo petrolero y gasífero de ese país al que convirtieron en un polvorín de enconados conflictos.

Una vez lograda la destrucción de Irak, la solución ortopédica fue contratar a Halliburton, la empresa líder de la construcción en los EE. UU., que con su filial KBR (Kellogg Brown & Root) terminó siendo la operadora de los contratos de reconstrucción y de todos los suministros y de la logística del ejército norteamericano en Irak.

En este país el ejército fue desmantelado por el todopoderoso gobernador Paul Bremer, quien reemplazó a Jay Garner. A Bremer lo nombra Bush en calidad de director de la Reconstrucción y Asistencia Humanitaria en Irak. Curioso nombre, indicamos, cuando después vimos los horrores de la violación de los derechos humanos representada en las torturas por parte del ejército norteamericano en la cárcel de Abu Ghraib en contra de indefensos prisioneros iraquíes. El drama de este parque temático del horror llevó al pintor colombiano Fernando Botero a dibujar esa indignación a través de su voluminoso y universal estilo. En Abu Ghraib murió el discurso de los derechos humanos que había promovido el Estado norteamericano desde finales de la década de 1970, momento en el que Jimmy Carter logró imponerlo como retórica en el marco de la Segunda Guerra Fría.

Bremer se posesiona el 11 de mayo de 2003 y mediante la Orden Número 2 decidió acabar con el ejército y la inteligencia del gobierno de Husein, hecho que lo hace amparado como representante de la Autoridad Provisional de la Coalición. Disuelto el ejército iraquí, oficiales y soldados al verse sin sus cargos y condecoraciones se convirtieron en señores de la guerra y se repartieron ellos y sus armas por todo el país y más allá de sus deshechas fronteras.

A Irak el invasor ejército de los EE. UU. no solo lo despojó del petróleo y del gas, también le robó su patrimonio histórico y arqueológico, pues el célebre Museo de Bagdad fue saqueado por aquella horda criminal invasora en abril de 2003. En Irak se cometieron crímenes de guerra, efectivamente, pero también de lesa cultura. En distintos medios se señala que desaparecieron de dicho museo cerca de 15.000 piezas de gran valor histórico y arqueológico, algunas de ellas de una reconocida antigüedad y pertenecientes a inéditas civilizaciones: sumeria, babilónica y asiria.

En Irán el decadente imperio norteamericano sucumbe hoy junto a Israel ante los descendientes de la civilización persa. El moderno Irán enseña al presidente Trump y al imperio de los EE. UU. que la dignidad no tiene precio. El mensaje es extensivo al criminal de guerra Netanyahu, que se esfuerza un día sí y otro también en emular el comportamiento genocida de los nazis a la hora de actuar contra el pueblo palestino de Gaza.

Finalmente, después de un bloqueo que pesa sobre Cuba de modo infame hace más de seis décadas, con trágicas consecuencias humanitarias, por supuesto, el gobierno de los EE. UU. busca el modo de acabar con la experiencia socialista de este país so pretexto de que es una amenaza para la Seguridad Nacional del imperio. Cuba no es una amenaza para los EE. UU. ni para ningún país del mundo. Este caimán tirado en el Caribe qué amenaza puede ser para EE. UU. cuando no hace otra cosa que llevar médicos para salvar vidas a todos aquellos sitios del mundo donde se les necesita. Cuba promueve la vida, no la necropolítica de la que nos habla con mucho énfasis el filósofo camerunés Achille Mbembe.

He visto médicos cubanos en el desierto del Sáhara y en distintos países del África negra. Nunca he visto, sin embargo, a un médico norteamericano en esos duros parajes. También he visto a los maestros cubanos alfabetizando a niños y adultos que no saben leer y escribir. Médicos y epidemiólogos cubanos fueron los que estuvieron en Sudáfrica, Guinea Ecuatorial, Togo, Santo Tomé y Príncipe y Angola, entre otros, para atender la extendida pandemia del covid-19.

Ya antes otros brigadistas estuvieron cuando algunos países africanos se vieron azotados por los brotes del ébola. Cuba, hay que remarcarlo, ha contribuido de modo especial con la formación en diferentes áreas del conocimiento de cientos de miembros del pueblo saharaui, cosa que nunca hizo ni la cooperación estadounidense con la extinta USAID y apenas algo de ello balbucea la cooperación española. La Cuba de Fidel y el Che exporta a cuidadores/as de la vida, no a ejércitos que convierten en cementerios a poblaciones enteras en nombre de la pretendida democracia norteamericana y de los derechos humanos que dice defender el imperio.

La amenaza de Cuba para los EE. UU. es que este pequeño jirón de América no sabe obedecer y fue y es un símbolo icónico e irreverente al pulverizar la doctrina del Destino Manifiesto que inculcó el imperio como obediencia ciega a las dóciles y vasallas élites de los países sometidos.

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