¿ Y la ética en el periodismo investigativo?

Cuando los medios editan las versiones de sus entrevistados

Por: Dario Hernández Orjuela
octubre 06, 2014
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¿ Y la ética en el periodismo investigativo?
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Desde el origen del hombre, asumir un rol desde el trabajo, ha permitido crear una identificación personal a partir del aporte que su trabajo brinda a la sociedad a la que pertenece. Los artesanos, hombres que desarrollaban una actividad específica por medio del uso de habilidades específicas adquiridas por años de experiencia y tradición, le brindaban una posición respetable y un valor a su trabajo más allá de la ganancia económica. Este tipo de valor del trabajo se mantuvo por siglos hasta la llegada de la revolución industrial. La maquina desplazo a los hombres como musculo y energía del trabajo, y los convirtió en parte de sí misma. Evolucionamos en un piñón más del andamiaje de la fábrica en beneficio de la propia humanidad y su capacidad de aprovechar su tiempo de ocio. Todo lo anterior resulto en contra de ese ideal de compromiso social hacia la comunidad desde el trabajo. Bauman contemplaba que era imperativo reevaluar el valor del trabajo actual y reconsiderar la importancia de recuperar el sentido de dignidad que brindaba el trabajo como elemento primordial en la construcción de una sociedad que se se daba en la antigüedad.

Los medios de comunicación, desde los Praecones romanos hasta la llegada de la radio y el cinematógrafo, han buscado cumplir con la difícil tarea de informar los hechos que competen a las comunidades a las cuales están dirigidos. Los hechos y la forma en que son expresados se determinan desde el contexto donde se dan. El manejo de la información y la manera en que la misma es usada y difundida, así como el efecto que produce en la vida y la cotidianidad de las personas es lo que conforma lo que llamaríamos, la opinión pública. Desde estos orígenes el valor de la información ha sido el detonante de la mayoría de los grandes acontecimientos de la historia humana.

Colombia no ha sido la excepción. Un país que desde su concepción ha explotado los medios de información en su mayoría para beneficios particulares, donde su historia está plagada de mensajes mal entendidos, informaciones tergiversadas o simples ocultamientos, todos ellos detonantes de situaciones en muchos casos trágicas e irreparables. El trabajo de reconstruir la memoria histórica en los últimos 10 años ha sido primordial para entender este fenómeno.
Pero en la actualidad ¿Cómo se manejan estos medios?, ¿Qué mensajes transmitimos y de qué manera llegan a los colombianos?, ¿qué nivel de ética y responsabilidad social tienen aquellos que son dueños de la información?

Podemos remitirnos ya al tema que nos atañe en este articulo propiamente: La televisión como industria explota precisamente dos elementos primordiales: La información y el entretenimiento. La materia prima de esta fábrica llega a sus manos simple y cruda. Honesta y sin matices. El moldearla, manipularla y brindarle un valor económico se reduce al nivel de honestidad con el cual esta se forja para venderse y aprovecharse al máximo.

Una imagen dice más que mil palabras, muchas pueden contar una historia. Si estas imágenes están acompañadas por personas que dan testimonios, la imagen se blinda y se vuelve irrefutable. Pero esa historia tiene matices, es manipulable y termina siendo un arma de opinión falsa y amarillista que explota los peores sentimientos de la comunidad, con la falsa idea de la justicia y la retribución. A diferencia de las multiplicaciones matemáticas, el orden de los factores si alteran y determina el producto. Los programas de periodismo de investigación, de altos niveles de rating en la televisión, emplean las técnicas más elaboradas de montaje y periodismo de choque, buscando explorar los hechos desde su fondo, falsamente buscando la verdad y haciendo de ella un arma para intimidar, generar miedo o indignación, o simplemente para destruir a alguien. Aquellos que vivimos y respiramos este aire de soberbia del periodismo de investigación somos testigos de los peores actos de inhumanidad por parte de los “respetados” periodistas, al referirse a sus entrevistados. Seamos anecdóticos por un instante:

En los pasillos de un canal privado, cuyo nombre no quiero acordarme, vi con indignación a una pequeña periodista saltar de emoción con papeles en la mano y material grabado en discos, raudamente galopaba hacia la sala de edición feliz, porque el caso de una pequeña niña de 12 años desaparecida hace varias semanas había aparecido muerta. Ella sonreía, simplemente porque tenía la nota de la madre antes de que se supiera el trágico desenlace. Al decir “apareció muerta la peladita, tenemos la nota “. A esto aparece el “mago de Oz” o jefe y director, emplea todo su encanto de periodista profesional y solicita que esta nota debe “hacer llorar a todas las madres de Colombia”. Esta misma escena se repite cada semana en los canales privados de todos los países que aun piensan que la buena televisión no se funda en la verdad, sino en lo que pueda llegar a vender. Todos aquellos que participamos en la producción de este tipo de productos miserables, estamos obligados a ser cómplices de la barbarie. Y ninguno de nosotros puede decir NO, sin temor a represalias de orden laboral. Miremos el caso más reciente. Nuestra primera dama de la Tv Vicky Hernández accedió a una entrevista, después tuvo que hacer ella misma un vídeo para desmentir la miserable forma en que se editó y se emitió esa misma entrevista que con nobleza ella accedió a dar. Sin palabras al respecto.

Así como sacrificamos nuestro tiempo, nuestro talento y nuestro conocimiento, las empresas de medios nos obligan a sacrificar nuestra dignidad, nuestra ética y nuestra salud mental. No creo que los periodistas y realizadores tengan el mismo código de ética de un médico que no puede expresar humanidad por sus pacientes abiertamente. Los médicos comprometen un diagnostico, mientras que el periodista disfraza de imparcialidad su inhumana manera de hacer de uno de los oficios más importantes para la sociedad, un arma cargada y apuntada hacia todos aquellos que vivimos presos del miedo y de la indignación pasajera, de la desmemoria y la inmediatez. Colombia enferma de noticias de guerra y farándula. Es imprescindible evaluar los contenidos de la televisión. La libertad de expresión existe si es acompañada por la transparencia y la verdad. No hay esperanza para un pueblo que cree en los pasquines anónimos que ponen en las puertas, por eso terminamos matándonos unos a otros. Es hora de que los entes reguladores de los medios de comunicación y el ministerio se hagan presentes y determinen un estudio de los contenidos, libres de influencias políticas, económicas, religiosas y regionales. Y los trabajadores de la televisión No debemos venderle el alma al diablo por tener un trabajo. Es hora de hacer una televisión para todos con la ética que la mayoría de los profesionales aun conservan. Por la dignidad de los trabajadores de la televisión en Colombia, seguimos en la búsqueda de crear una mejor televisión para todos.

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