La deslegitimación de las causas justas

No es solo la validez del argumento lo que cuenta, sino la forma en que se presenta. Nadie toma en serio lo que se muestra como un chiste, aunque sea lo más legítimo

Por: Fernando Sánchez
enero 21, 2021
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La deslegitimación de las causas justas
Foto: Pixabay
Todo en la vida debe tomarse con una pizca de humor, menos la injusticia. No hay cabida para las risas cuando se trata de defender lo que es correcto. La sátira, la ironía, el humor negro, las puestas en escena… todo eso hay que dejarlo para las reuniones entre amigos o los shows de comedia; y hasta ahí. Fuera del escenario, lo único que consiguen es deslegitimar cualquier intento de reivindicación.
Nadie con dos gramos de sentido común estaría en contra de la igualdad de género o la libertad de expresión; pero las feministas modernas insistieron tanto en ridiculizar el movimiento con su estereotipo del patriarcado, el “falocentrismo”, sus bailes y arengas, que se convirtieron en un chiste. Movimiento deslegitimado. Nadie con dos gramos de sentido común se opondría a respetar y dignificar los gustos y las identidades diferentes de otras personas, pero el movimiento LGTBIQZYASDG+ insistió en salir a marchar por su orgullo mientras lo mancillaban con actos bochornosos dignos de una porno gore. Colectivo deslegitimado.
Hay una masacre diaria en el país, y la indignación cae a cántaros sobre las redes sociales… durante toda la primera semana. La segunda se llena de memes sobre el “presidente” mientras se pasa la página para enfocarse en cómo su ineptitud no le permite ni desatar un nudo. Todos estallan de risa. Indignación deslegitimada. Muere una persona a manos de la policía y la indignación se desvanece conforme se da prioridad a las comparaciones con casos extranjeros y videomemes con episodios de Los Simpson con doblajes alterados (que nunca pueden faltar).
Y es que nos falta entender que las causas serias se afrontan con seriedad; no con chistes, no con memes, no con sátira, no con cantos o bailes, no con arengas pegajosas, no con cacerolazos o filtros de Facebook, no con hashtags y no con artículos como este, definitivamente. Con cambios reales, empezando con los propios; y sobre todo, dándole a lo folclórico, lo jocoso y lo humorístico el lugar que le corresponde. No es solo la validez del argumento, sino la forma en que se presenta lo que cuenta; nadie toma en serio la causa presentada como un chiste, aunque sea lo más justo del mundo.
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