El desalmado papá del actor Enrique Carriazo

Golpizas, insultos y hasta matarle a su perro fueron algunos de los abusos que sufrió la estrella de ‘La Gloria de Lucho’, el éxito de Caracol

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Febrero 15, 2019
El desalmado papá del actor Enrique Carriazo
Foto: Caracol

El cine era lo único que consolaba al niño Enrique Carriazo. Refugiado en un cine del barrio La Esmeralda de Bogotá veía todo lo que llegaba a mediados de la década del setenta: desde los westerns de Sam Peckinpah y los de Sergio Leone, pasando por el cine tardío de Emilio Fernández y los dramas de Bergman. Las imágenes en movimiento eran un único bálsamo para el maltrato que vivía en casa.

Las golpizas, los insultos y las pordebajeadas hicieron del pequeño Enrique un niño sumido en un mutismo infranqueable. La imagen de un Cristo gigante que tenía en su cuarto, más que darle fuerzas, lo hundía en la desesperación de la culpa. Un día, cuando tenía ocho años, pensó en suicidarse. Ya tenía todo listo, la soga, la carta, el sueño de un entierro en donde por fin veía a sus papás llorar por él. La tarde en la que lo iba a hacer ocurrió un milagro: se escuchaba el rasguñar de la puerta principal de la casa. La abrió y encontró una respuesta: un pastor alemán adulto al que le colgaba un collar con una placa metálica sin nombre. Lo subió al segundo piso y lo bautizó Labrador.

Lo amó como a nadie en esta vida. El perro le quitó las telarañas del alma a las que las películas no podían llegar. Labrador lo acompañó un año hasta que desapareció misteriosamente. Mordiéndose el miedo le preguntó a su papá por el perro pero le respondió con una cachetada. Enrique no se resignó, lo buscó durante días hasta que lo encontró en un potrero, ya sin ojos, descompuesto, gobernado por gusanos. Nunca dejó de llorarlo. Ni siquiera ahora, más de cuarenta años después, deja de quebrársele la voz. Alguna vez se atrevió a volverle a preguntarle a su papá y este le respondió con un dejo de superioridad que nunca abandonó en su trato. Labrador desapareció pero fue el perro el que le salvó la vida. Enrique ya no volvió a pensar jamás en suicidarse.

Nunca estudió actuación en un instituto. Era una pasión tan desbordada que no hacía otra cosa que pensar en ella. No necesitó de una universidad para vivir sumergido en ello. Entró muy joven a recibir clases en el teatro de la Candelaria, con maestros tan férreos como Patricia Ariza y Santiago García. Cuanto tenía 23 años su amigo Germán Escallón le dio su primera gran oportunidad en televisión: aparecer en el seriado de los sábados N.N. Desde ese momento ha tenido una relación de amor y odio con la televisión. Si bien ama la actuación, a los demonios no los mata en un set sino frente a un teclado. Cuando en el culmen de su fama, a finales del 2006 cuando terminaba su participación en Los Reyes, la exitosa serie que dirigió Mario Rivera, decidió retirarse a escribir.

Le pagaron tan bien que pudo cumplir con el sueño que otros actores legendarios como el gran John Cassavetes hicieron, poder crear sus propios guiones y financiar sus propias películas. En ese periodo Carriazo escribió tres guiones en donde catalizó toda la furia que tenía reprimida desde su infancia: Lejos de Harry, en donde aborda la lucha de un adolescente por tener una identidad, No soy un ratón, que es el capítulo de su vida cuando soñaba en salir, a como diera lugar, de esa casa infernal del barrio La Esmeralda y Poca cosa, en donde aborda sin tapujos lo pisoteada que quedó su autoestima en los años en que sus papás lo trataron como basura.

Son historias difíciles, personales, de autor, algo no precisamente optimista y ramplón que quisiera ver un colombiano promedio. Por eso aún no se han filmado, tal vez por eso regresó casi diez años después a protagonizar una novela, lo hizo de la mano de su amigo Sergio Cabrera. El Doctor Mata estuvo lejos de ser un éxito de rating pero recibió un jugoso sueldo por parte de RCN. Ahora, cinco años después, reaparece en la que parece será la tirana del rating de la noche, en La gloria de Lucho. Encarnando al polémico concejal embolador Carriazo tal vez de su canto de cisne en la televisión. Cerrará ese capítulo y abordará el que cree es su destino: ser un autor del cine, el creador capaz de reinventarse su infancia para aniquilar los viejos demonios que aún lo atormentan.

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