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La democracia de Viviane Morales

“Morales tiene razón al decir que está tomando el camino recto a la presidencia, el problema es que ese camino no es el más recto para Colombia”

Por: Iván Javier Mojica Rozo
Julio 15, 2017
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La democracia de Viviane Morales
Foto: Colprensa

Al momento de escribir estas líneas, ha pasado poco tiempo desde que se dio a conocer un breve video en el que Viviane Morales anuncia su candidatura presidencial. Quisiera enfatizar en dos ideas que presenta para tratar de demostrar que, aunque como dice Morales, su propuesta es “el camino recto a la presidencia”, ese camino no es el camino recto para Colombia.

La apuesta de Morales se centra en una democracia para las mayorías, que defienda los valores y propuestas que ella misma ha impulsado en su carrera reciente. El problema es que la concepción de democracia de Morales no se ajusta con lo que podemos concebir como una democracia moderna, más bien se parece mucho a una democracia del tipo de las que critica Aristóteles en su obra política. Aristóteles concibe la democracia como una desviación de un régimen correcto, politeia, desviación en la cual se gobierna en beneficio de los pobres (1279b 4-8). Aunque Aristóteles centra la definición en cuestiones socioeconómicas, la idea de fondo se puede reformular para establecer la democracia como un régimen en el cual se gobierna en beneficio de las mayorías, tal como sostiene Morales. El problema es que, por más mayoría que sean, un Estado no está compuesto únicamente por el grupo mayoritario, hay muchos otros grupos que también son ciudadanos y también deben estar cobijados por el Estado. Un régimen adecuado se caracteriza, según Aristóteles, por garantizarle una buena vida a todos los ciudadanos[1] (1280b 29-40), razón por la cual sitúa a la democracia dentro de los regímenes desviados, pues su objetivo no es garantizar la buena vida a todos sino a la mayoría, excluyendo a cualquier minoría que pueda encontrarse en el Estado.

Aquellos que conciben la democracia como la concibe Morales; esto es, como el gobierno de las mayorías, fallan en capturar adecuadamente el concepto de justicia y equidad que debe estar presente en un Estado (1301a 25-40). Estas personas consideran que, como ellos tienen algo en común, y son una mayoría, beneficiar ese factor en común implica beneficiar a toda la ciudadanía, sin importarles que existan personas que no comparten ese factor que los convierte en mayoría. Así pues, un gobierno democrático como el planteado por Morales se reduce a un gobierno por y para los miembros de su mayoría, que en este caso se define en términos religiosos. Morales no está mintiendo al decir que su gobierno será democrático, está fallando al asumir que su concepto de democracia es igual al concepto de una democracia moderna.

Las democracias modernas se asemejan más a la politeia aristotélica, de la cual la democracia tipo Morales es una desviación. La politeia se define como una mezcla bien equilibrada entre democracia y oligarquía (1097a 5-10). De nuevo, aunque Aristóteles plantea las divisiones en un Estado en términos socioeconómicos, la idea de fondo es que la democracia propende por el bienestar de mayorías y la oligarquía propende por el bienestar de minorías. Una politeia en la que esas dos visiones estén bien mezcladas propenderá por el bienestar tanto de las mayorías como de las minorías, logrando así el objetivo de un Estado bien constituido: el bienestar común.

La propuesta de Morales, en resumidas cuentas, busca instaurar una democracia del tipo descrito por Aristóteles, gobierno bajo el cual la mayoría a la que ella pertenece, religiosa y de una denominación específica, obtendrá todos los beneficios, mientras que las minorías, cualquiera que no pertenezca a la denominación religiosa específica que representa la mayoría, serán ignoradas, en el mejor de los casos, o incluso oprimidas y maltratadas, en el peor. Morales no es la única que cae en este juego retórico de hablar de ese tipo de democracia como si estuvieran hablando de un régimen deseable, muchos de los candidatos que tenemos en la baraja actual en Colombia usan el mismo juego; en el caso de Morales tal vez es más sencillo de ver, pero en general ese es el tipo de democracia que se nos ofrece a menudo. Si uno hace parte de la mayoría, estas propuestas le parecerán estupendas, pero deténgase a pensar un momento en aquellas personas que no hacen parte de esas mayorías, probablemente amigos o familiares, que terminarán viéndose afectados por políticas que les serán impuestas apelando a la mal manejada idea de “la voz del pueblo es la voz de dios”.

El hecho de concebir la democracia como el gobierno de la mayoría claramente presenta un escenario propicio para alcanzar la presidencia: si la mayoría es lo suficientemente grande y alguien logra convencerla, bajo el sistema electoral que tenemos fácilmente logrará la presidencia. Morales tiene razón al decir que está tomando el camino recto a la presidencia, el problema es que ese camino no es el más recto para Colombia, un Estado moderno con una sociedad conformada por muchos sectores que, aunque minoritarios, no necesariamente comparten la visión de esa mayoría que quiere representar Morales. Una democracia moderna debería dar cabida a la diferencia, tomarla en cuenta en sus políticas y propender por el bienestar de todos sus ciudadanos. Una democracia como la que propone Morales implica un retroceso social, retroceso que nos puede costar mucho a futuro y del cual, si llega a ser lo suficientemente fuerte, tal vez nos cueste mucho recuperarnos.

Bibliografía

Aristóteles. (1998). Politics. (C. D. C. Reeve, Ed.). Indianapolis: Hackett Publishing Company.

[1] Aristóteles tiene una definición arcaica de ciudadano, la cual excluye a mujeres, niños y esclavos. La reestructuración de la teoría para poder ser aplicada a una sociedad moderna implica adoptar un concepto de ciudadanía moderno, en el cual cabemos todos sin distinción de oficios, razas, sexo, creencias, etc.

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