La crisis de los animales callejeros en Cali

Hambre, frío, indiferencia y muerte, la situación de los animales en condición de calle en la sucursal del cielo

Por: Javier Alexander Molina Correa
abril 17, 2017
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La crisis de los animales callejeros en Cali

Ver la sección de inicio de mi muro de Facebook se ha convertido en un contraste emocional con tendencia a la tristeza. Aunado a memes, noticias y fotografías, me encuentro a diario con anuncios de perros abandonados, extraviados, en solicitud de adopción y algunas veces fuertemente maltratados por sus dueños. Por ejemplo, es recurrente ver cómo los conductores de motos llevan del collar a su mascota a altas velocidades y durante largos trayectos hasta el punto de agotarlos para posteriormente arrastrarlos, causándoles así graves lesiones o incluso la muerte.

Recuerdo constantemente que para inicios del 2016 el Senado de la República, a través de la ley 1774, promovió penas de prisión de 12 a 36 meses para todo aquel que maltrate un animal. En este estado de cosas, cabe preguntarse a más de un año de construida la ley, ¿por qué todo sigue igual? La respuesta es sencilla, una realidad social no cambia porque un papel lo diga.

Para el año 2014, entre perros y gatos, Cali ya contaba con más de 11.000 animales en condición de calle, según datos del periódico El País. La única entidad pública encargada de su regulación es zoonosis, la cual opera bajo dos modalidades: sacrificar todo lo que se pueda o dar en adopción a uno que otro, aquel bendecido por el que un alma caritativa sienta interés.

Dejando de lado toda la carga ética y emocional que esta situación trae consigo, en la cual nos cuestionamos el trato que le damos a la vida —sino respetamos la de un semejante, menos lo haremos con un animal—, es perentorio saber que esta situación puede afectar la salud pública a través de mordeduras, pues los perros son portadores de sarna, rabia y parásitos, dadas sus precarias condiciones de subsistencia.

A pesar de que no hay que ser un genio para conocer lo que se afirma, la “sucursal del cielo” consolida a diario su seudónimo al estar llena de ángeles caninos que a diario mueren en sus calles, producto de nuestra indiferencia e irresponsabilidad. El Estado a través de la alcaldía es un actor casi decorativo a la hora de enfrentar esta situación, por eso es necesario que la sociedad civil en su conjunto conozca la problemática y trabaje en una solución. El altruismo de unos pocos dueños de albergues y fundaciones son loables esfuerzos que lamentablemente no erradican el problema de manera eficiente, pues son muchos animales para los pocos recursos con los que cuentan estas entidades.

¿Cómo logramos que la sociedad caleña cambie su trato hacia los animales, por lo menos con perros, gatos y caballos que son mayoría? Holanda logró la utopía de tener cero animales en condición de calle, censando y esterilizando de manera real, sensibilizando y penalizando sin consideraciones. Estas propuestas exigen que las instituciones públicas, las fundaciones, albergues animales e individuos trabajen de manera mancomunada para convivir en un contexto más amable con los seres sintientes no humanos. Más que leyes bellamente escritas, necesitamos acciones individuales que nos aterricen sobre nuestro rol como especie y que a su vez nos motiven a realizar exigencias al Estado.

Sería de gran ayuda que el gobierno municipal inyecte capital en las fundaciones que trabajan por los animales a través del cobro de multas por situaciones de maltrato. Además, se deben difundir números de teléfono y cuentas en redes sociales, en mayor medida, que permitan que los ciudadanos de manera efectiva denuncien y que se generen estímulos para la adopción, pues somos uno de los países de América Latina que menos lo hace. La paz no solo se construye con el prójimo, también es necesario reconciliarse con el entorno.

 

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