La crisis ha desnudado completamente al sistema capitalista

Nunca antes, ni siquiera en 1929, se había tenido una comprensión tan rotunda del capitalismo y, sobre todo, de su versión más corrupta, el neoliberalismo

Por: Carlos Roberto Támara Gómez
mayo 21, 2020
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La crisis ha desnudado completamente al sistema capitalista
Foto: PxHere

La crisis, sin ninguna discusión, ha exponenciado el ámbito de lo social. La financiación de la crisis de las empresas más grandes y gigantes del capitalismo norteamericano, y en todo el mundo capitalista y mucho más en el no capitalista, es solo una muestra de lo que ocurrirá en Europa. Una nueva definición del capitalismo se hace urgente.

El capitalismo es un sistema social y político que subsidia a los ricos la mayor parte del tiempo y socializa sus pérdidas en periodo de crisis. El capitalismo no socializa la tasa media de ganancia, pero si esta disminuye el capitalismo desaparece en la crisis mientras socializa sus pérdidas.

Esta peste del coronavirus ha demostrado que lo que caracteriza al capitalismo es la enajenación social. Si no hay cuota media de ganancia alta, especialmente en condiciones de bajos controles, no hay capitalismo. Entonces surge de bulto que para el capitalismo lo social existe solo y en tanto su cuota media de ganancia puede realizarse y validarse socialmente mediante los regímenes legales impuestos y socializados y en constituciones políticas viciadas de poder. Incluso la crisis del ébola ha revelado que ni siquiera con financiación subsidiada el capitalismo, llámese empresa privada, fue capaz de resolver el problema de la vacuna. Si hay relajamiento, quizás vuelva a repetirse tal comportamiento con el COVID-19, muy a pesar de regalarse las financiaciones.

Por lo tanto, la cuota media de ganancia solo puede darse en un contexto de una enajenación social potencial, especialmente larvada, cuidadosamente mantenida en una cuarentena de baja intensidad, que se descarga súbitamente y se hace real y expansiva en las épocas de crisis. Todas las actividades sociales que antes realizábamos deben leerse nuevamente: eran aislamientos calculados y ponderados que muchas veces iban al psiquiatra. Durante los periodos de no crisis el capitalismo acumula una enajenación social larvada. Es decir, subsiste una pandemia social generalizada bajo control que luego se sale de madre; deviene —o se propicia— la crisis; se socializan las pérdidas y se realiza la enajenación acumulada por la vía de la socialización de las pérdidas. Y luego se vuelve a las andadas como si nada hubiera pasado.

Se puede hacer un acercamiento mucho más intuitivo de este fenómeno. Tomemos el caso de las vacas gordas y las vacas flacas. Durante el invierno el ganado crece y engorda a costas de la madre naturaleza (minería de extracción neta de nutrientes), y a expensas de unas rentas derivadas de la riqueza natural mediante algún grado de productividad de cualquier renta tecnológica. En el caso del ganado pueden existir rentas tecnológicas por inserción de pasto de corte, fertilización de suelos, genética del ganado, estabulación permanente, prediación, etc. Pero ese ganado entra al verano y se enflaquece. ¿Para dónde?, ¿qué dirección toman las ganancias de peso extraviadas? La masa, grasa animal acumulada, se convierte en energía calórica, se supone. ¿Cómo se socializan tales pérdidas? El ganado enflaquece y luego engorda, enflaquece y engorda, y así sucesivamente, hasta que en un esfuerzo final heroico se configura la ceba.

Nadie parece darse cuenta que el ganado no tendría que enflaquecer nunca. Si enflaquece es la sociedad la que por vía precios socializa las pérdidas de peso; por ejemplo, un animal que ha debido salir al mercado a determinada edad lo hace más tarde. Ahora sabemos que la diferencia es la crisis: se paga con aislamiento larvado que luego explota en pandemia. Podría decirse que por esta vía, la crisis es un procedimiento cuántico de acumulación y fisión nuclear.

En la cría de peces el fenómeno se hace tremendamente más ostensible y evidente. Pez que deja de comer se bura, se vuelve cabezón y ya no se puede esperar que se recupere jamás, ni en peso ni en tamaño, por más alimentación u hormonas que reciba luego. En el cultivo del maíz si se anclan periodos de sequía cuando el maíz llega a los 30 días o, peor, cuando el llenado del grano, se producen perdidas insalvables.

En alguna época, si no estoy mal, Salomón Kalmanovitz debatió que el capitalismo nuestro es un capitalismo abortivo, que nunca se desarrolló con buena ingesta de capital. Recuerdo una tesis sobre desarrollo desigual capitalista. Nació burado. O algo parecido.

Ahora con la globalización, la crisis globalizada socializa las pérdidas a partir de la devaluación de los estados nación. Italia y España podrían valer ahora menos, tras la crisis, que Alemania y Francia. Italia y España, han aislado sus poblaciones, ahora se aislarán, se enajenarán más como Estados. Estados Unidos mismo ha quedado desguarnecido como imperio. Como dice mi vecina: ya no pea (peda) como antes peaba (pedaba). Contrario sensu, China cuyo sistema social todavía privilegia lo público está saliendo mejor librado, lo cual quiere decir que su socialización de las pérdidas no ha pasado como utilidades al capital.

Entonces es imperativo volver a lo público, pero no a la socialización de las pérdidas capitalistas. Lo social debe demostrarse que es lo más rentable. Socializa sus ganancias y utilidades inmediatamente. No potencia ninguna crisis. Lo social no larva, no cumula pérdidas. No es cierto que lo privado sea más rentable si al final debemos socializar las pérdidas.

Entonces la máquina de lo social debe pulirse. Es nuestra mejor empresa.

Ahora bien, debe irse más allá en esta denuncia. La socialización de las pérdidas es una socialización del atraco del capital: el capital socializa sus pérdidas; es decir, obtiene cuotas de ganancia media más altas pues gana sin trabajar, sin ir al mercado.

En el caso de las empresas que producen vacunas se le ofrecen financiaciones sin intereses en cuantías poco menos que infinitas: todo el capital que necesiten. Como estas empresas son transnacionales, lo que realmente se hace es una socialización de las pérdidas de los estados nación que ha quedado devaluados. Y luego, cuando aparezca la vacuna, ésta se vende como si fuera producto de una inversión del capital, es decir, con una tasa de ganancia media mucho más alta; en un mercado supremamente rentable, sin control alguno.

Nadie se opondrá si nos salvan. Pero no nos salvan, solo se preparan para el próximo atraco.

Entonces debemos prepararnos para la reinsurgencia de lo público. Aquí en Colombia el modelo de las Empresas Públicas de Medellín que durante años fue un dechado de transparencia y mejor trabajo puede dar la talla. Y en Bogotá existen experiencias que se hicieron notorias cuando el gobierno de Antanas Mockus y hubiera sido de exportación cuando lo de Petro, pero le cortaron rápidamente las alas.

Grandes centros de pensamiento en Europa y los Estados Unidos podrían aclararnos el camino. Mientras tanto en Colombia sería imposible por ahora. La férula de uribismo, gavirismo, vargas llerismo, santismo, samperismo, neoliberalismo con alquitrán y energías fósiles no dejará hacer mayor cosa.

Pero el tamaño de la crisis ahora impondrá la insurgencia de lo público. No hay presupuesto en el futuro inmediato y mediato de Colombia, ni de ningún país, que no deba pasar por lo social en lo sucesivo. Quien mejor lo haga será más virtuoso. Ganará más futuro. Incluso las empresas necesitarán pasar por la preeminencia de lo público.

Hay algo que le impedirá al neoliberalismo seguir haciendo de las suyas: no tiene forma de inventarse una cuota media de ganancia del capital, sin demanda, sin oferta; sin deteriorar lo público y sobre todo lo social.

Y entonces el estallido podrá ser mayor.

Nota. No he encontrado en Google el significado de burarse, ni siquiera como neologismo. Sin embargo, la expresión quiere decir: detener el crecimiento natural de algo para luego seguir pero no con el mismo ímpetu. En nuestro medio, se ha visto en la crisis por hambre en África y en poblaciones indígenas en nuestro medio: niños alimentados con Coca-Cola, que ya nunca tendrán la talla que estaban destinados a tener. Cuando el maíz llega a los 30 días ya está preñado y de allí en adelante en ese estado un estrés por sequía es fatal.

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