Maluma estaba frente a las cámaras, con los abdominales marcados que exigían las campañas publicitarias y que idolatraban miles de hombres y mujeres alrededor del mundo, mientras por dentro libraba una batalla que no sabía cómo nombrar.
La imagen del artista colombiano, que proyectaba seguridad y sensualidad, escondía una relación obsesiva con la comida y una presión que terminó afectando su salud mental.
¿Quién lo creyera? Un símbolo sexual con un problema de mortales comunes y corrientes: desórdenes alimenticios. El cantante reconoció que sufría con la comida y que todavía enfrenta episodios de ansiedad.
Sin miedo a la verdad. Allí, Juan Luis Londoño Arias, conocido mundialmente como Maluma, habló de las exigencias que enfrentó para mantener una apariencia física determinada, especialmente antes de posar para campañas de moda como las de Calvin Klein.
«Yo antes tenía una obsesión con la comida, tenía un desorden alimenticio y no lo sabía», admitió el cantante, al recordar una etapa en la que su cuerpo se convirtió en una preocupación constante.

Uffff. La presión tenía una fecha límite: debía conseguir los abdominales marcados en apenas 15 días.
La alimentación se reducía a agua, pollo y lechuga, según su relato. El objetivo era modificar su físico en dos semanas para cumplir con la imagen que debía mostrar ante los seguidores.
La procesión iba por dentro. «Se viene una campaña, hay que estar con los cuadritos», recordó sobre aquellas exigencias.
Detrás de esa apariencia que el público deseaba como una utopía, el cantante vivía un infierno: «Yo estaba rayado, pero rayado de la cabeza».
El trastorno no desapareció con el paso de los años ni con el éxito internacional. «Es que yo todavía siento mucha ansiedad», dijo durante el encuentro en Miami.

Al que no quiere caldo se le dan dos tazas. También recordó los dolores de cabeza constantes que experimentó durante una etapa de estrés intenso producida .
A esa carga se sumaron los cambios que vivió al convertirse en padre. La llegada de su primera hija, París, representó una transformación profunda que, según explicó, pudo comprender mejor con la ayuda de terapeutas y otros profesionales.
Ahora asegura que incorpora alguna forma de terapia a su rutina y que el libro Hábitos atómicos, de James Clear, le ha servido para modificar comportamientos.
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El peso de ser ‘Pretty Boy’: la belleza como cárcel
Desde sus primeros éxitos, Maluma construyó una identidad artística en la que la música, la sensualidad y la apariencia formaron parte de una imagen anhelada por las multitudes.
El apodo Pretty Boy, que acompañó una de las etapas más reconocibles de su carrera, no era solamente una manera de presentarse ante el público: también conectaba con el personaje que proyectaba en videoclips, escenarios y campañas comerciales. Guapo, ganador, glamuroso.
Con canciones como Borró cassette y Felices los 4, el colombiano consolidó su presencia en la música urbana internacional. Su imagen se convirtió en un activo para la industria del entretenimiento y la moda, donde el físico de los artistas son incluso más importantes que el talento.
Las campañas publicitarias de Calvin Klein llevaron esa exposición a otro terreno. Los abdominales, el torso descubierto y la apariencia definida pasaron a integrar la imagen que el público asociaba con el cantante. Sin embargo, según su testimonio, mantener ese aspecto tuvo un costo personal que no se veía en las fotografías.
Después de más de una década de fama internacional, el artista colombiano desnudó antes su gente una dimensión de su vida que no aparece en los escenarios ni en las fotografías cuidadosamente producidas: la obsesión por una imagen física que no corresponde con la realidad que se esta viviendo.
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