La ciudad de Colombia que detesta a Gustavo Petro

El presidente regresa al lugar en donde intentaron asesinarlo en el 2018. Para los cucuteños todo lo que haga está mal

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septiembre 26, 2022
La ciudad de Colombia que detesta a Gustavo Petro

En Cúcuta deberían estar de fiesta. Después de siete años se abrirá la frontera. Desde el 2015, cuando Nicolás Maduro, usando como excusa un supuesto plan de paramilitares para asesinarlo, decidió bloquear la frontera y romper relaciones con el entonces presidente Juan Manuel Santos, plagas de proporciones bíblicas se han cernido sobre Cúcuta: el flujo de migrantes que llegó a reportar en su peor momento hasta 40 mil personas cruzando el puente Simón Bolívar por día colapsó la ciudad. A esto se suma que más de la mitad de esta ciudad, olvidada por Dios y por el Estado, ya no pudo dedicarse al intercambio comercial con Venezuela, una opción que se cerraba en el azar del rebusque. Hoy Cúcuta debería estar de fiesta pero, en realidad, a muy pocos le importa que se caigan los muros.

“Eso lo del lunes va a ser guerrilla con guerrilla” dice un taxista molesto al enterarse que el presidente Petro visitaría la ciudad en el marco de la reapertura. “No necesitamos a esos venecos zarrapastrosos” dice una vendedores de tenis en San Andresito. “Los compinches terroristas se juntan” trina un universitario. En Cúcuta no quieren a Gustavo Petro. Ciudad uribista como pocas –tal vez superada por Medellín- el actual presidente sacó, en la segunda vuelta presidencial, poco más de 90 mil votos, siendo triplicado por su rival, el tristemente célebre Rodolfo Hernández. ¿Por qué lo odian tanto?

La razón no se limita al amor que sienten por su némesis, Álvaro Uribe, al que le perdonan todo, incluso el abandono en el que sumió la ciudad en sus ocho años de Seguridad Democrático y en los otros cuatro que gobernó usando el ancho cuerpo de Iván Duque. No, Petro, en su ambición de cambio, piensa atacar los motores sociales, económicos y morales que han transformado a esta capital en una sucursal del infierno. Uno de los nuevos males de esta ciudad es la sobrepoblación de estaciones de servicio. Están tumbando casa en barrios residenciales como el Popular, para poner bombas de gasolina. Este combustible es el principal insumo que tienen los laboratorios para crear cocaína. Para obtener un kilo se necesitan 27 galones. Esta es una de las razones por las que Petro quiere quitarle el subsidio de gasolina. Como me dijo el gran y valiente periodista John Jairo Jacome: “¿Sí es rentable un negocio con tanta competencia? Porque cuando existían 10 bombas y el cupo era de 10 millones de galones, pues cada bomba tenía un negocio redondo. Pero si el cupo sigue siendo el mismo y la competencia cada vez es mayor, ¿sigue siendo buen negocio montar una bomba?”.

Cúcuta representa todo lo que está mal en la vieja Colombia. Acá impera el arribismo, el caos, el descontrol. En la zona del barrio Caobos, por ejemplo, se empezaron a abrir restaurantes cuyo rangos de precios pueden ir entre los 75 mil y los 200 mil pesos por plato. En una ciudad con un 13.3% de desempleo y con la informalidad que supera el 50%, sin turistas, sin las murallas ni las playas de Cartagena ¿Cómo diablos se puede justificar este abuso? ¿Quiénes son los dueños de los restaurantes?

Los asesinatos, las vengazas cunden hasta en barrios de tanta tradición como en la Riviera. Es una cuestión de seguridad, económica y moral. El cucuteño no se adapta a los preceptos que acompaña esa máxima Franciamarquiana que es Vivir sabroso. Vivir sabroso no es tener plata par a ir a Miami, tomarse fotos en un velero, comprar un Lamorghini –Si, en este peladero de calles destartaladas hay chafalotes que tienen hasta dos Lamborghini- Vivir sabroso es aprender a disfrutar lo que hacemos, libres de deudas, sin estar pendiente de lo que hace el otro, sin aplastar a nuestro prójimo para salir adelante. Dejar la viveza de querer hacer todo torcido para tener una casa de 1.000 metros cuadrados y tres autos de alta gama, una esposa operada y una mueca de Scarface. Por eso los valores del nuevo gobierno chocan con el alma del cucuteño promedio. A ellos lo que les gusta es la mano dura, el látigo y la ostentación. Por eso fue acá, en este lugar, donde le querían pegar un pepazo. No creo que Petro pueda cambiar ese pensamiento. Creo que esta ciudad no tiene remedio.

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